Hector Peña
Judios mentes brillantes


Serhan O. Kocaman
La Belleza de Turquía
Izak Karasu, El Padre de Yogur
Isaac Carasso (Salónica, 1874 - 19 de abril de 1939) industrial español de origen griego judío. Fundador de la empresa Danone, fue el primero en comercializar el yogur.
Nació en la ciudad griega, entonces bajo soberanía turca otomana, de Salónica, como tantos otros judíos sefardíes, y en sus viajes a Turquía conoció el valor nutritivo del yogur.
Al comienzo de la Gran Guerra se estableció en Barcelona junto a su mujer y sus tres hijos. Al finalizar la guerra comenzó a fabricar artesanalmente el yogur y a venderlo.
Denominó Danone a su yogur en honor de uno de sus hijos, Daniel, nacido en 1904. La comercialización no fue fácil en un principio, aunque le favoreció el hecho de que los médicos comenzasen a recomendarlo a los pacientes, conocedores de sus propiedades saludables descubiertas por el premio Nobel de Medicina (1908), Iliá Méchnikov.
Ese es el motivo de que los primeros danones se vendiesen en farmacias. Luego comenzaron a distribuirse en lecherías, granjas, colmados y pastelerías.
Danone ganó un premio internacional en la Feria de Milán. La Casa Real española comenzó a utilizarlo, lo que ayudó a su popularización.
En 1927 Carasso inauguró una fábrica en Madrid y a continuación en toda España. La guerra civil truncó temporalmente el ascenso de la empresa.
Carasso murió al poco de finalizar la contienda y la empresa continuó su andadura en manos de sus hijos y nietos.
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Daniel Carasso, presidente de honor del grupo Danone , ha muerto el día 17 de mayo 2009 en París a la edad de 103 años.
Carasso era además consejero y miembro de la comisión delegada del consejo de administración de Danone, y administrador de Aguas de Font Vella y Lanjarón. Estaba en posesión de la Orden del Mérito Civil.
Hijo de Isaac Carasso, fundador de Danone en España (en 1919), y creador a su vez de Danone Francia (1929), Daniel Carasso nació en Salónica (entonces Turquía) en 1905, aunque mantuvo la nacionalidad española. Daniel Carasso, de cuyo nombre procede el de Danone (en su casa le llamaban de pequeño Danón y su padre quiso poner ese nombre a su empresa), realizó estudios de comercio en Marsella y, atraído por el mundo científico, estudió en el Instituto Pasteur, en París. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1941, se vio obligado a abandonar Europa, dejando la empresa española en manos de Luis Portabella, y la francesa en las de Norbert Lafont, y viajó a Estados Unidos, donde de nuevo creó una empresa de fabricación de yogur con el nombre de Dannon.
De vuelta a Europa, al finalizar la contienda, recuperó ambas empresas gracias a la conducta impecable de los dos hombres en los que había confiado. Hizo de Luis Portabella su más fiel socio, compañero y amigo en España, y aprovechó la tradición del queso fresco francés y su sistema de distribución para desarrollar Danone con Lafont, a quien nombró presidente de la entidad gala después de la guerra.
En 1973, y como consecuencia de su amistad y trabajo con Antoine Riboud, dueño de BSN, grupo de empresas francés dedicado a la fabricación de vidrio para envasado y cervezas, se produjo la fusión de ambos grupos, dando origen al Grupo Danone, que realizó en pocos años una rápida expansión internacional. Actualmente, Danone está presente en 120 países y da trabajo a más de 75. 000 empleados en cinco continentes.
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El Olivo Que No Ardió en Salónica: Historia de İzak Karasu
La historia épica de la saga de sefardíes españoles que sobrevivió a seis guerras y construyó el imperio Danone.
Comienza el siglo de las guerras infinitas. Turquía contra Italia. Las naciones balcánicas contra el Imperio Otomano. Dos guerras mundiales. La Guerra Civil española. En medio de la desolación, un judío español de Salónica busca el elixir de la vida: el yogur.
Lo encuentra en una lejana región de Anatolia. Con su secreto bien guardado y las maletas llenas de miedo, Isaac Carasso y su familia emprenden un titánico viaje desde la «Jerusalén sefardí» hasta el barrio del Raval, en Barcelona, donde logran fabricar un yogur de propiedades medicinales. Proseguirán su gesta en París y Madrid, y más tarde, perseguidos por los nazis, en el exilio de Cuba y Nueva York, hasta levantar uno de los más grandes imperios empresariales de nuestro tiempo.
Épica, apasionada y honesta, con un matiz de cautivadora melancolía, El olivo que no ardió en Salónica es un deslumbrante relato sobre la infinita capacidad de soñar y de sufrir del ser humano. Apoyándose en una vastísima base documental, Manuel Mira Candel desciende al infierno de la Europa en llamas de la primera mitad del siglo xx para alumbrar los enigmáticos orígenes de la familia Carasso, sus huellas en España y Francia, y abordar temas que trascienden su propia historia: la tragedia nacionalista en el viejo continente, la palpitante nostalgia en el corazón de la memoria y el anhelo por una tierra que sigue sin reparar el daño causado a los españoles sin patria.
«De una manera magistral, Manuel Mira nos va introduciendo en el espacio místico de una forma diferente de concebir la vida, el saber, el trabajo, la familia, la ética y hasta la revolución y la muerte. Un modelo de cultura que nos sorprende y nos subyuga. No resulta sencillo, es cierto, liberarse de esa especie de mala conciencia universal que intentó apaciguarse tras la segunda gran guerra con la creación forzada del estado de Israel; y menos aún cuando nos damos cuenta de que se trata de individuos que conservan su lengua, que es la nuestra, que buscan sus ancestros entre los nuestros y que sienten Sefarad como la otra tierra prometida.
La presencia del mundo sefardí tiene una fuerza tan arraigada en el desarrollo de la novela y abarca tantos matices y sugerencias (sobre la lengua, sobre la necesidad de fijar los orígenes y la tierra de procedencia, sobre costumbres y ritos) que el lector acaba por comprender y compadecer el sentido de orfandad y vacío del pueblo sefardí y sentimos un escalofrío de culpable complicidad cuando escuchamos a Daniel decir, en el momento supremo de su muerte: “Hay maletas llenas de miedo y maletas llenas de dolor. Han sido mi equipaje en la vida... Tuve suerte de tener siempre a alguien que me ayudara a cargar con ellas”.
Mira Candel es esencialmente un creador de personajes narrativos… Cuando leemos sus novelas siempre tenemos la sensación de que sabe de sus personajes muchas más cosas de las que finalmente nos cuenta. La construcción de los personajes y sus ambientes y espacios biográficos es para Manuel Mira un minucioso trabajo de taracea, que siempre te sorprende. No se trata solo de investigar acontecimientos históricos que podamos rastrear en cualquier manual, Mira Candel recorre y transita los espacios que describe, indaga, pregunta, recopila información, hasta constituir un entramado tal que le permite asegurar la verosimilitud de lo narrado, como base de su credibilidad literaria».
Manuel Palomar, rector de la Universidad de Alicante
«Si tuviera que redactar un blurb para la contraportada del libro, es decir un breve comentario resumen, diría lo siguiente:
Una investigación histórica convertida en una soberbia pieza literaria de ficción.
Esto es este libro, una ficción anclada en la realidad de las azarosas vidas de los miembros de una familia sefardí nostálgica y emprendedora, cuyas vicisitudes Manuel Mira ha desentrañado con perseverancia de sabueso.
Manuel Mira se esfuerza con éxito en pormenorizar detalles que dan verosimilitud al relato y trasladan al lector al escenario de la narración, excitando su imaginación y haciéndole partícipe del ambiente recreado».
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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