La carta inesperada que sorprendió al peronismo
— por Cecilia Devanna
El apacible anochecer del martes era primaveral en pleno otoño. En la sede del club Ferrocarril Oeste se cruzaban los chicos que jugaban al fútbol, con los padres que los iban a retirar, y los casi 500 miembros del Partido Justicialista (PJ), que habían participado de su Congreso. Una postal que había empezado varias horas antes porque la cita partidaria era a las 14, pero que recién más de tres horas después comenzó a tener acción. Primero, cuando se le dio la firma para negociar la constitución de alianzas al eterno gobernador formoseño, Gildo Insfrán. La “vaca sagrada del peronismo”, como lo definió sin sonrojarse un funcionario kirchnerista.
En la sede del club, sobre la avenida Avellaneda, en el barrio porteño de Caballito, había gobernadores, funcionarios, ministros y dirigentes sindicales. Pero la presencia más fuerte fue la de la vicepresidenta Cristina Kirchner, que en esa jornada de sol estaba a más de siete kilómetros de allí.
“Viva Cristina carajo”, gritaron los congresales antes de que empezara el encuentro. “Presidenta, Cristina presidenta”, le cantaron sobre el final cuando también la aplaudieron con fuerza. Incluso algunos “albertistas”. Todo dentro de un microestadio con sillas de plástico en el que se ubicaron los asistentes, algo así como 400 menos de lo esperado, y en la que quedó vacía la que estaba reservada al presidente Alberto Fernández. Pero todo eso sería recuerdo apenas un puñado de minutos después.
El tercer y último acto de esa larga jornada sí estuvo protagonizado directamente por la vicepresidenta. Y fue el central, cuando la acción definitivamente comenzó, con la carta que publicó en sus redes sociales y en la que ratificó que no será candidata en las próximas elecciones. Algo que terminó partiendo en dos la jornada al causar una sorpresa total entre los asistentes, que se enteraron apenas minutos después de terminado el Congreso y cuando empezaban a caminar, entre pelotazos de niños que daban contra los alambrados de las canchas, rumbo a la salida.
La carta se difundió y casi instantáneamente se cayó del sistema. A los pocos minutos fue repuesta. En medio del apuro y la adrenalina que imponía para los trabajadores de prensa una nueva misiva de la vicepresidenta, se sumó la urgencia de comunicársela a buena parte de los asistentes. La mayoría salía del estadio hablando con sus compañeros. Los periodistas, que en principio los esperaban para reconstruir lo que había pasado adentro, terminaron sintetizándoles el contenido para tener sus opiniones.
Titulada “A los compañeros y compañeras” y con más de diez mil caracteres, la carta resultó brutal para ese peronismo que acababa de vivarla y aplaudirla ante la arenga del intendente de licencia Gustavo Menéndez, que instantes antes había llamado a la movilización del próximo 25 de mayo. El clima parecía de shock, pese a que la postura de la vicepresidenta no era nueva.
“¿Qué? ¿Que Cristina tuiteó? ¿Qué dijo?”, se sorprendió una funcionaria oficialista de espaldas a una cancha en pleno partido. “Bueno, veremos qué pasa el 25, pero sí, claro que es un golpe fuerte”, admitió tras el breve resumen. “¿Habló Cristina?”, repreguntó un exgobernador ante la consulta de una periodista que buscaba saber qué opinaba y terminó leyéndole parte de la misiva. Con la vista fija en un punto de la puerta del buffet escuchó: “Ya lo dije el 6 de diciembre de 2022. No voy a ser mascota del poder por ninguna candidatura. He dado muestras, como nadie, de privilegiar el proyecto colectivo sobre la ubicación personal. No voy a entrar en el juego perverso que nos imponen con fachada democrática para que esos mismos jueces, encaramados hoy en la Corte, dicten un fallo inhabilitándome o directamente sacándome cualquier candidatura que pueda ostentar, para dejar al peronismo en absoluta fragilidad y debilidad frente a la contienda electoral. Los hechos recientes me han dado la razón”.
Los rezagados en salir del microestadio en medio de rosca, charlas y delicias dulces, la leyeron lejos de las miradas del cordón de periodistas y reporteros gráficos que los esperaban. Todos comentaban en voz baja, o no tanto, los párrafos más altisonantes. Las primeras líneas del PJ salieron por un costado lejos de la prensa. Otros apuraban el paso y preferían evitar definiciones. En el fin de una jornada en la que el PJ había logrado una decisión por unanimidad y reinaba un clima festivo, Cristina Kirchner había vuelto a patear el tablero. Con ese movimiento, el Congreso del PJ pasó de protagonista a telón de fondo y, como resumió un experimentado dirigente que se referenció en las instalaciones del histórico club para utilizar una metáfora futbolera: “Cristina, otra vez, se llevó la marca”. El anochecer seguía teniendo una temperatura agradable. La política ya no tanto
La última carta de Cristina Kirchner sorprendió al peronismo en pleno desarrollo de su congreso partidario. Entre las sillas vacías y el texto inesperado, todo resultó raro
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