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Un truco genial para escenarios insólitos
Nuestros datos viajan siempre por cables; en la imagen, una ilustración 3D de como son los cables submarinos que constituyen la columna vertebral de la Red
Nos guste o no, y salvo casos especiales, los cables que nos conectan con la Red terminan siempre expuestos a los elementos, bajo tierra e incluso reposando en el lecho marino; en esta historia de misterio y suspenso, cómo hacer para descubrir el recorrido de un tubo enterrado siete años atrás
Ariel Torres
¿Qué tan difícil puede ser conectarse con Internet? Ah, no, perdón. No hablo de qué plan elegir (hoy eso es relativamente sencillo), cuál router comprar (preferible uno de buena marca que el que entrega el proveedor) o cómo mejorar el alcance Wi-Fi (sin invertir en Mesh). Me refiero a la conexión física.
Lo que, a modo de preámbulo, me lleva a la conectividad argentina. Pese a que Internet hoy es un servicio tan indispensable como la luz o el gas (no diría como el agua; esa es otra historia, más grave), la falta de federalismo digital en nuestro país es tan indignante como sintomático. Constituye, al parecer, una rara forma de federalismo verbal. O sea, se habla de transformación digital pero cuando me tocó dar clases remotas durante la pandemia, había alumnos que por vivir en ciudades apartadas tenían que arreglarse con 3 megabits por segundo (Mbps). Puedo entender que en zonas muy despobladas sea menos viable ofrecer 100 Mbps. ¿Pero 3? ¿En serio?
Tres megabits por segundo es 100 veces menos de lo que acabo de contratar con uno de los proveedores más conocidos; pero, eso sí, este ISP que no llegaba a nuestra zona cuando nos mudamos, siete años atrás, por lo que originalmente debimos contratar un servicio por microondas. A 35 kilómetros de la General Paz, la velocidad de Internet en ese momento era de (adivinen) de 3 Mbps. Luego de unos años la subieron a 6. Y hoy es de 9. Con algunos trucos de veterano puedo dar incluso clases remotas sin mayores sobresaltos.
Por supuesto, y ad referendum de cómo resulte la calidad de la conexión (por ejemplo, los microcortes son letales para Zoom), estos 300 Mbps que acabo de contratar me dejarían despeinado, si hubiera algo para despeinar. Solo para darle perspectiva al asunto, mis primeras conexiones digitales fueron, mucho tiempo atrás, de 1800 bits por segundo. Redondeando a favor del cliente, acabo de contratar una conexión 170.000 veces más rápida que la que tenía treinta y pico de años atrás.
Aterrizamos
Un auténtico sueño, excepto porque hay un punto en que el reluciente cromado virtual termina chocando con la dura realidad. Construir una casa no es simple. Se los digo por experiencia. Hice esta casa entre 2016 y 2017, y el número de detalles que debí atender fue exorbitante. Entre muchos otros, hubo que decidir dónde colocar la entrada para un eventual cable de TV e Internet. No había ningún servicio cableado en la zona por entonces, y con otras 26 millones de pelotitas en el aire y pocas cosas más o menos estandardizadas en ese aspecto, la dichosa entrada (un caño de corrugado, para decirlo simple) quedó en alguna parte del frente de la casa. Con el tiempo, se me olvidó por completo dónde.
Así que cuando vino el técnico a conectarnos con Internet no tenía ni la más mínima idea de dónde había quedado esa entrada. Buscamos donde era razonable que estuviera pero solo encontramos tierra, algún cascote y varios bichos sorprendidos. Mala mía. El técnico se fue sin instalar nada. Me tocaba hacer lo que en la jerga se llama sondeado.
Una vez que el cable de Internet llega al router, es todo muy simple; ¿pero de dónde viene ese cable?No sirve llorar sobre la leche derramada, así que me puse a pensar dónde podría haber ido a parar la salida de ese tubo. Pensé durante dos semanas. Llamé al constructor, que me indicó vagamente dónde “podía llegar a encontrarla”. No sé si captan la complejidad detrás de esa frase verbal. Para ponerlo más claro, luego de siete años, salvo que tuviera un banderín colorado, encontrar un caño de un centímetro y medio de diámetro soterrado en el frente de una casa grande era entre totalmente imposible y completamente imposible.
Cuando descarté una máquina de radiografías gigante (por varios motivos, no solo el costo) y tras comprobar que ninguna de las fotos que saqué durante la obra mostraba la localización de ese cable (gracias de nuevo, Murph), decidí que había que llamar a un experto.
Entra en escena mi amigo Jorge Sagle, que es electricista y músico. Se preguntarán qué tiene que ver una cosa con la otra. Mucho, ya van a ver.
Le expliqué por teléfono el problema: en el cuarto de servicio hay una caja concentradora donde llega el caño para el cable de Internet. Ese cable está perfectamente identificado, pero no sé dónde sale. No parece estar cerca del pilar de luz, así que hay muchos metros donde buscar. Me dijo que no me preocupara, que lo íbamos a resolver. Me pasé los siguientes tres días haciendo dos cosas. Por un lado, refrescando mis conocimientos sobre el Roland XP-50, porque Jorge acaba de comprarse uno, y ese instrumento viene de una época en la que las interfaces podían ser bastante abrumadoras. Así que me pidió una mano con eso. Por fortuna, descubrí que su interfaz es idéntica a la de mi JV-1080. Por el otro, me la pasé rumiando sobre cuál sería el secreto para dar con un cable enterrado. Digo, fuera de cavar una zanja en todo el frente de la casa. ¿O habría que volar toda la rampa para autos con dinamita? Estaba preocupado, en serio.
Parte de la interfaz de mi JV-1080; al principio, manejar una de estas máquinas puede ser algo un poco abrumadorSí, ya sé, no me lo digan. Lo lógico habría sido sacar originalmente ese caño al lado del pilar. Pero, créanme, no siempre en la construcción de una casa se toman decisiones racionales. Por supuesto, mandé una cinta pasacables por el dichoso tubo, y advertí que llegaba muy lejos antes de frenarse. Pero claro, andá a preguntarle a un pasacables qué camino tomó.
A 300 metros por segundo
De modo que cuando Jorge llegó a casa ya no me importaba ni la conexión con Internet ni el ancho de banda ni la cobertura Wi-Fi ni la nueva serie de Netflix. Quería saber cómo iba a hacer para revelar la posición de un caño enterrado siete años atrás. Eso, les digo la verdad, me quemaba la cabeza. Y sin embargo, tenía la respuesta delante de las narices. ¿Algún truco de electricista, no? No, un truco de músico.
Después de unas cuantas pruebas elementales, a Jorge le quedó claro que se encontraba con un problema mucho más serio de lo que había anticipado. No obstante, y para cuando mi sensación era la de que íbamos a tener que apelar a la magia negra, volvió a tranquilizarme. “No te preocupes, lo vamos a encontrar”, sentenció, con una certeza que me costó comprender. Entonces, agotados los métodos convencionales, sacó de su valija un tubo de goma, lo insertó en el caño corrugado en la caja concentradora del cuarto de servicio, y me dijo que iba a hacer efecto trompeta; que cerrara la puerta y tratara de oír por dónde salía el sonido.
Caramba. Eso no me lo esperaba. Era una buena idea. Qué digo. Era una idea genial. Un caño vacío es un excepcional transmisor del sonido, así que se puso a hacer un poco de jazz experimental a puertas cerradas, y mientras su ayudante trataba de ubicar el sonido del lado izquierdo de la casa, advertí casi de inmediato que provenía del lado opuesto. Caminé unos veinte metros, busqué el origen del sonido y ahí estaba el maldito cable. Desde las profundidades (exagero, eran tres centímetros de tierra) se oía el trompeteo de Jorge, que llegaba fuerte y claro desde el cuarto de servicio. Fue una visión exótica, como mínimo. Pero eso, más un poco de trabajo adicional que haremos estos días, dejarán lista la casa para recibir una conexión que hace 30 años era impensable y que ahora, por poco, casi resulta impracticable.
La del estribo: pronto harán 30 años que estoy lidiando con cables de Internet y las muchas adversidades que deben enfrentar, incluida la de que un perrito aburrido se ponga a masticarlos en la terraza. Pero por lejos este truco está en el Top Five de los más ingeniosos y útiles que he visto. Habrán oído eso de que siempre se puede aprender algo nuevo. Este es definitivamente el caso.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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