Dilemas de hoy. “¿Qué vas a estudiar?” La pregunta que puede abrir conflictos en casa y la respuesta más temida
Los adultos trasladan sus expectativas y se decepcionan cuando los adolescentes no tienen una definición vocacional
Muchos jóvenes necesitan una transición entre el secundario y la elección de una carrera; cómo juega la ansiedad de los padres y cómo pueden ayudar a despertar el interés de sus hijos
Mariana Israel
Las épocas cambian y nuestras preocupaciones también. En esta serie, acerca la opinión de expertos reconocidos en sus áreas de trabajo para sumar sus aportes a viejos y nuevos dilemas. La idea es contribuir a debates actuales con la perspectiva de prestigiosos profesionales que ayudan a ordenar ideas en tiempos convulsionados.
“¿Qué vas a estudiar?”, puede ser una pregunta incómoda para muchos jóvenes recién salidos del secundario, que aún no tienen definida su vocación. ¿Cuál es el momento indicado para tomar una decisión? ¿Es posible despertar el interés de los hijos? ¿Cómo juega la ansiedad de los padres?
Cuando la respuesta de los chicos es que no van a estudiar, suele estallar el conflicto en casa. Pero dejarles espacio y tiempo para vivir su proceso de elección es un camino posible, de acuerdo con el especialista en niñez y adolescencia Ricardo Rodulfo. El experto brinda algunas pautas para que los adultos contengan sus expectativas, pero también para que puedan detectar señales de alarma ante la apatía, cuando están frente a hijos “ni-ni”.

RICARDO RODULFO
Doctor en Psicología y psicoanalista especializado en niñez y adolescencia
Director del Programa en Especialización de la Niñez en la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto a su esposa, Marisa Rodulfo
Extitular de Cátedra de Clínica de Niños y Adolescentes de la carrera de Psicología de la UBA
Exdirector de la Fundación Estudios Clínicos en Psicoanálisis
Autor 14 libros, entre ellos Padres e hijos en tiempos de la retirada de las oposiciones
Diploma Konex (2016) y premio UBA a la trayectoria (2017)
- ¿Cuáles son algunas posibles razones detrás de la falta de interés de un joven en estudiar?
- Los chicos ansían ser grandes pero, cuando llega el momento, eso les genera miedo, temen quedar desamparados o les parece una tarea demasiado grande. Empiezan a patear afuera. De golpe, fracasan en el secundario, dejan materias y por eso no terminan. Hacen cosas como para demorar el momento de “ser grande”.
Tuve un paciente de 17 años, muy inteligente, a punto de terminar el secundario. Pero no estaba entusiasmado, porque sentía que el futuro era una lista de obligaciones que cumplir. Elegir una carrera, graduarse, casarse, tener hijos… El camino le resultaba poco atractivo. Esto también pasa: los jóvenes no están acostumbrados a elegir por sí mismos, porque siempre lo hicieron por ellos, y cuando llega el momento de elegir, no saben qué hacer.
Puede haber razones históricas, extrapersonales, por ejemplo, que sus padres o sus abuelos nunca hayan tenido trabajo porque recibían subsidios. ¿Qué valor se le da al trabajo en esa familia?
- ¿Cuánto puede influir la actual crisis económica?
- Lamentablemente, influye mucho un país que nunca arranca, donde casi todo el mundo está muy mal. No es el mejor terreno para el chico crezca. Muchos jóvenes no tienen la esperanza puesta en el estudio. Ven que estudiar a veces no sirve o que no da dinero. Se les presenta ese planteo en casa, cuando apenas sugieren que les gustaría estudiar cierta carrera y la respuesta de los padres es: “¿Se puede vivir de eso? ¿Da plata?”. Los padres, quieran o no, les transmiten a sus hijos su escepticismo con respecto al país.
Para muchas familias, si no se sigue una carrera universitaria, no sirve. Es un prejuicio anacrónico”.
- ¿Y si no quiere estudiar, pero sí trabajar?
- Hay personas que aprenden mucho “en la calle” y les va muy bien. No tienen vocación de estudiar y no tienen por qué tenerla. Aquí hay que recordar ciertos mitos de la clase media argentina porteña. Para muchas familias, si no se sigue una carrera universitaria, no sirve. Es un prejuicio anacrónico; antes, alguien que era doctor tenía el futuro asegurado, hoy está lleno de profesionales que no consiguen trabajo o que tienen empleos muy malos.
- ¿Cuál debería de ser el papel de los padres para fomentar el interés por el estudio?
-Primero, meterse las ideas en el bolsillo y darle tiempo a su hijo para que haga un proceso de elección vocacional en serio, que implica que se puede equivocar. Muchas veces, el problema son las expectativas de los padres. Les cuesta dejar lugar para que sea el chico quien resuelva. Cuando terminan el secundario, los jóvenes están habitualmente muy desorientados, lo veo sobre todo en los varones, y los padres empiezan a ponerse ansiosos. “Metete en un curso de ingreso”, “no podés perder el año”, les dicen. Quieren que el chico empiece cualquier cosa aunque no le guste, incluso cuando eso seguramente signifique perder el año, porque no le sirve. Se generan choques y desencuentros.
Quizás el chico necesite una pausa. Un viaje puede ser muy positivo a esa edad, tener una experiencia laboral en otro país y “abrir la cabeza”. Y, si está muy indeciso, que empiece por trabajar. Eso puede ayudarlo a encontrar luego qué estudiar, qué le gusta. La vida no se termina cuando se acaba el secundario; no existe ese apuro por definir. La inseguridad de los padres trabaja en contra de que los hijos puedan elegir bien y, sobre todo, que puedan elegir ellos.
La inseguridad de los padres trabaja en contra de que los hijos puedan elegir bien”.
- ¿Qué otras acciones pueden motivar a los jóvenes?
- Hay jóvenes que saben qué van a estudiar desde chicos y otros que necesitan hacer una larga exploración para descubrirlo. En esa travesía, sobreabunda la información y hay muchas carreras nuevas que pueden confundir, porque el espectro ya no es tan reducido como antes. Por eso, es importante que los secundarios sean visitados por profesionales de distintas áreas que puedan darles a los alumnos un panorama.
Otros jóvenes encuentran salidas más sociales a estas situaciones, a través de voluntariados o de actividades de protección del medioambiente. Estas opciones son muy útiles para encontrarse a uno mismo y adquirir una dimensión de futuro. Sienten que pueden hacer algo para tener un futuro mejor.
También, los amigos que estudian o trabajan pueden alentar a los jóvenes a hacerlo, y mucho mejor que los familiares, que suelen ponerse ansiosos.
- ¿En qué situaciones o ante qué signos deberían preocuparse los padres?
- En principio, si vemos que un hijo no tiene ninguna iniciativa y parece incapaz de encontrar algo que le guste hacer. Si no lo vemos feliz, ni satisfecho consigo mismo, si nunca se ilusiona con nada más allá de diversiones frívolas, entonces necesita ayuda.
En otros casos, la psicoterapia también puede ayudar a los jóvenes a aprender a estudiar, disciplinarse, calmar las inseguridades y arriesgarse a elegir.
En el caso de los “ni-ni” hace falta una actitud más enérgica. No puede dejarse a elección del chico”.
- ¿Cómo abordar la charla para no encontrar rechazo del otro lado?
Lo primero es evitar que la pregunta “¿Qué vas a estudiar” sea el único tema de conversación. Es importante estar abierto al diálogo, buscar el momento oportuno para hablar y elegir cuidadosamente el tono, para que no sea de reproche o culpabilización. Sirve ofrecer recursos y herramientas: a veces, los primeros trabajos surgen por contactos de los padres. Esto puede ofrecer una salida transitoria que ayuda mucho.
- ¿Y si tampoco quiere trabajar? Es decir, no quiere ni estudiar, ni trabajar.
- En el caso de los “ni-ni” hace falta una actitud más enérgica. No puede dejarse a elección del chico. Tiene que tener en claro que, mientras viva en casa, debe estudiar o trabajar. Hay que ser contundente. Si no entra en la facultad, que busque un trabajo. Además, buscando trabajo puede descubrir finalmente lo que le gusta hacer.
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