Milei, en una carrera contra el desgaste
El mercado celebra el arrojo del Presidente para tomar decisiones y, después de mucho tiempo, no descarta la viabilidad de un programa consistente; pero hay puntos débiles en la administración
Francisco Olivera
El gobierno de Milei parece estar marchando a dos velocidades distintas según la ocasión y el tema. La más rápida, el modo en que el Presidente inició el ajuste, le permitió hasta el momento dar un golpe de efecto principalmente en el mercado, que celebra el arrojo del líder libertario para tomar decisiones y, después de mucho tiempo, no descarta la viabilidad de un programa consistente en la Argentina. No es poco. Hay muchos empresarios entusiasmados con el rumbo del Gobierno. El Banco Santander, por ejemplo, traerá el 4 y el 5 del mes próximo a representantes de holdings como Allianz, Gramercy, Wamco, T Rowe Price y Pharo, muy interesados en reunirse con autoridades, inversores y legisladores locales, y algo parecido prepara el VR Capital Group.
Pero hay otra marcha, menos visible, que emerge hasta ahora como el punto débil de la administración, y es aquella que transcurre en rincones del Estado que funcionan todavía lejos de la mirada de Milei. Es una deficiencia que se entiende desde la génesis de un gobierno sin estructura, que llegó llenando listas con operadores del peronismo y que ganó las elecciones gracias al apoyo de Pro, pero que resulta también lo más incierto del proyecto Milei y lleva a los inversores a preguntarse si realmente el plan podrá tener éxito.
El contraste empezó a verse esta semana, mientras bajaba el riesgo país a niveles de abril de 2022 y despuntaban, al mismo tiempo, conflictos gremiales con los trabajadores ferroviarios, la salud y docentes. A veces parece que Casa Rosada y el sector sindical o de las organizaciones sociales hablan idiomas distintos, razonan según lógicas completamente opuestas y, peor, ni siquiera llegan uno a entender el objetivo del otro.
Son dos Argentinas que caminan en sentidos y ritmos diferentes. Hay que oír los argumentos de unos y otros. Gerardo Martínez, líder de la Uocra, alcanzó a planteárselo el jueves a Gita Gopinath, enviada del FMI, con una metáfora que obligó al traductor a esmerarse. “Nosotros necesitamos diálogo con el Gobierno, no que nos lleve a los chancletazos”, le dijo. Y eso que Martínez es todavía uno de los más propensos a conversar. En diciembre, no bien asumió Milei, tuvo una buena charla con Guillermo Francos sobre la reforma laboral que sería incluida en el decreto que finalmente frenó la Justicia. Llegaron incluso a acordar la parte de las multas, pero ese borrador inicial no prosperó, y el propio ministro del Interior lo admitió ante los sindicalistas días después: “Se impuso la postura de Sturzenegger”, les dijo. Difícil conciliar algo. La naturaleza y la velocidad de las decisiones han conformado hasta ahora el método Milei. Y aquel desencuentro con la CGT, que fue el primero, desencadenó tensiones que terminaron en el paro más temprano que la central le hizo a un presidente.
Todavía llama la atención el modo en que funcionarios y dirigentes gremiales interpretan aquella primera protesta: los sindicalistas están convencidos de que les sumó adhesiones e incluso los fortaleció, y el Gobierno, de que fue el mejor modo de mostrar rápidamente por qué fracasa la Argentina. Interpretaciones parecidas a las que se hicieron después de la caída de la ley ómnibus o cada vez que Luis D’elía recorre, al son de “Se viene el estallido”, de La Bersuit, las calles de San Justo.
Como si todavía hubiera que dirimir quién es el responsable de la tragedia argentina. Volvió a pasar el miércoles con el paro de trenes. Omar Maturano, líder de La Fraternidad, se venía quejando internamente de que la Secretaría de Transporte no le prestaba atención con los salarios, y anunció la medida con una anticipación infrecuente, esperando que se dictara la conciliación obligatoria. Pero en la Secretaría de Transporte se rehusaron. “Quisieron hacernos pisar el palito”, razonaron después en la Secretaría de Trabajo, que conduce Omar Yassin, donde suponían que no debían gastar ese recurso porque, seguramente, en marzo, en situaciones más complicadas y temporada escolar, Maturano insistirá con otra protesta.
El problema es que no son discusiones teóricas. Incluyen, además de criterios corporativos propios, un sinfín de dificultades que afectan directamente a todos, incluso a quienes votaron a Milei. El sector ferroviario, por ejemplo, inquieta no solo por la crisis que atraviesa, sino por la cantidad de pasajeros que afecta: 400 millones de personas por año. Es decir, casi diez Argentinas a las que la interrupción de un recorrido puede arruinarles el día.
La incógnita es si el Gobierno está en condiciones de resolverlo. No hay solución sin tarifa: los trenes argentinos tienen por primera vez en muchos años el boleto mucho más barato que el del colectivo en el área metropolitana, y no alcanzaría ni triplicando el valor. Para no necesitar subsidio, el pasaje debería estar entre 1000 y 1200 pesos, diez veces más caro que hoy. El usuario tiene ya en la cabeza desde los tiempos de Duhalde que viajar no cuesta casi nada, y acepta entonces condiciones de servicio proporcionales a ese precio. Así sale todo. La línea San Martín, la más deteriorada, tiene hoy disponibles solo 14 de 24 formaciones. De ahí a saltar el molinete hay un paso.
Los trenes han dejado además de ser un negocio atractivo desde el corazón de su actividad, que es transportar pasajeros. Proliferan, en cambio, intereses periféricos a la cuestión, como las ferias comerciales en los andenes. Ya hay varios empresarios esperando unas 280 licitaciones que quedaron pendientes del año pasado. ¿O pretende Milei devolverle interés al núcleo del servicio, por ejemplo, privatizándolo? ¿Habrá interesados? ¿A qué tarifa? Dependerá en parte del éxito macroeconómico. Hasta ahora, pese al cambio de administración, el Gobierno ha decidido continuar casi con el mismo directorio, la mayoría de los cuales se identifica o viene de las filas del Frente Renovador. El ferroviario sigue siendo el mundo de Massa. Luis Adrián Luque, exconcejal por el partido 1País en San Miguel, logró un buen vínculo con Santiago Caputo y finalmente quedó como presidente de la compañía. Lo apuntalan varios que estaban el año pasado, aunque no siempre con cargo en el organigrama. José María Paesani, por ejemplo, cercano a Massa desde los tiempos de la Anses y la Jefatura de Gabinete, que fue además secretario de Servicios Públicos en Tigre. Otro cercano a ese universo, Diego Damián Rymar, quedó como jefe de Gabinete de la compañía. Es entendible que tanta continuidad envalentone también a emprendedores de buenos vínculos que, desde hace tiempo, miran con ansiedad la comercialización de locales adyacentes. Un elenco en el que sobresale Fabián Carballo, concesionario del Mercado Concentrador de José C. Paz y excandidato a intendente de ese distrito, que suele entrar y salir de las oficinas de la empresa, en Retiro, casi como si tuviera despacho.
Estas afinidades con Massa se replican en otras empresas estatales, como AYSA, y provocan un silencioso malestar en uno de los principales aliados de Milei, Mauricio Macri. “¿Cómo puede ser?”, lo oyeron varias veces al expresidente quejarse desde Villa La Angostura, durante el verano. Justo en momentos en que el Gobierno y Pro intentan confeccionar una alianza legislativa que permita continuar con la otra parte del programa, la de las reformas de largo plazo. ¿Quién duda, por ejemplo, de que para resolver la crisis previsional será necesario ampliar la base de aportantes al sistema? ¿Puede conseguirse eso, se preguntan en La Libertad Avanza, sin la legislación laboral que frenó la Justicia? ¿Tiene el Gobierno los votos para reflotarla en el Congreso o deberá antes recomponer la relación con diputados que quedaron molestos luego de la caída de la ley? En el macrismo miran al bloque que conduce Pichetto, donde hay quienes admiten estar de acuerdo con proyectos que, de todos modos, rechazarán porque quedaron resentidos. La casta está ofendida. La estrategia de Milei, que repite en el Congreso Santiago Caputo, será volver a exponer a quienes frenen la transformación.
Será una discusión válida siempre y cuando existan posibilidades de que los proyectos sean aprobados. Y para eso no hay tanto tiempo. La oposición, principalmente los movimientos sociales y el kirchnerismo, esperan el momento en que el hartazgo social debilite al Presidente. Es una puja por el desgaste. “El primer paro de clases te quejás de Baradel, pero al quinto día te enojás con el Gobierno”, dice un dirigente peronista. Milei corre esa carrera contra el tiempo. Su apuro es antes que nada una necesidad.
El gobierno de Milei parece estar marchando a dos velocidades distintas según la ocasión y el tema. La más rápida, el modo en que el Presidente inició el ajuste, le permitió hasta el momento dar un golpe de efecto principalmente en el mercado, que celebra el arrojo del líder libertario para tomar decisiones y, después de mucho tiempo, no descarta la viabilidad de un programa consistente en la Argentina. No es poco. Hay muchos empresarios entusiasmados con el rumbo del Gobierno. El Banco Santander, por ejemplo, traerá el 4 y el 5 del mes próximo a representantes de holdings como Allianz, Gramercy, Wamco, T Rowe Price y Pharo, muy interesados en reunirse con autoridades, inversores y legisladores locales, y algo parecido prepara el VR Capital Group.
Pero hay otra marcha, menos visible, que emerge hasta ahora como el punto débil de la administración, y es aquella que transcurre en rincones del Estado que funcionan todavía lejos de la mirada de Milei. Es una deficiencia que se entiende desde la génesis de un gobierno sin estructura, que llegó llenando listas con operadores del peronismo y que ganó las elecciones gracias al apoyo de Pro, pero que resulta también lo más incierto del proyecto Milei y lleva a los inversores a preguntarse si realmente el plan podrá tener éxito.
El contraste empezó a verse esta semana, mientras bajaba el riesgo país a niveles de abril de 2022 y despuntaban, al mismo tiempo, conflictos gremiales con los trabajadores ferroviarios, la salud y docentes. A veces parece que Casa Rosada y el sector sindical o de las organizaciones sociales hablan idiomas distintos, razonan según lógicas completamente opuestas y, peor, ni siquiera llegan uno a entender el objetivo del otro.
Son dos Argentinas que caminan en sentidos y ritmos diferentes. Hay que oír los argumentos de unos y otros. Gerardo Martínez, líder de la Uocra, alcanzó a planteárselo el jueves a Gita Gopinath, enviada del FMI, con una metáfora que obligó al traductor a esmerarse. “Nosotros necesitamos diálogo con el Gobierno, no que nos lleve a los chancletazos”, le dijo. Y eso que Martínez es todavía uno de los más propensos a conversar. En diciembre, no bien asumió Milei, tuvo una buena charla con Guillermo Francos sobre la reforma laboral que sería incluida en el decreto que finalmente frenó la Justicia. Llegaron incluso a acordar la parte de las multas, pero ese borrador inicial no prosperó, y el propio ministro del Interior lo admitió ante los sindicalistas días después: “Se impuso la postura de Sturzenegger”, les dijo. Difícil conciliar algo. La naturaleza y la velocidad de las decisiones han conformado hasta ahora el método Milei. Y aquel desencuentro con la CGT, que fue el primero, desencadenó tensiones que terminaron en el paro más temprano que la central le hizo a un presidente.
Todavía llama la atención el modo en que funcionarios y dirigentes gremiales interpretan aquella primera protesta: los sindicalistas están convencidos de que les sumó adhesiones e incluso los fortaleció, y el Gobierno, de que fue el mejor modo de mostrar rápidamente por qué fracasa la Argentina. Interpretaciones parecidas a las que se hicieron después de la caída de la ley ómnibus o cada vez que Luis D’elía recorre, al son de “Se viene el estallido”, de La Bersuit, las calles de San Justo.
Como si todavía hubiera que dirimir quién es el responsable de la tragedia argentina. Volvió a pasar el miércoles con el paro de trenes. Omar Maturano, líder de La Fraternidad, se venía quejando internamente de que la Secretaría de Transporte no le prestaba atención con los salarios, y anunció la medida con una anticipación infrecuente, esperando que se dictara la conciliación obligatoria. Pero en la Secretaría de Transporte se rehusaron. “Quisieron hacernos pisar el palito”, razonaron después en la Secretaría de Trabajo, que conduce Omar Yassin, donde suponían que no debían gastar ese recurso porque, seguramente, en marzo, en situaciones más complicadas y temporada escolar, Maturano insistirá con otra protesta.
El problema es que no son discusiones teóricas. Incluyen, además de criterios corporativos propios, un sinfín de dificultades que afectan directamente a todos, incluso a quienes votaron a Milei. El sector ferroviario, por ejemplo, inquieta no solo por la crisis que atraviesa, sino por la cantidad de pasajeros que afecta: 400 millones de personas por año. Es decir, casi diez Argentinas a las que la interrupción de un recorrido puede arruinarles el día.
La incógnita es si el Gobierno está en condiciones de resolverlo. No hay solución sin tarifa: los trenes argentinos tienen por primera vez en muchos años el boleto mucho más barato que el del colectivo en el área metropolitana, y no alcanzaría ni triplicando el valor. Para no necesitar subsidio, el pasaje debería estar entre 1000 y 1200 pesos, diez veces más caro que hoy. El usuario tiene ya en la cabeza desde los tiempos de Duhalde que viajar no cuesta casi nada, y acepta entonces condiciones de servicio proporcionales a ese precio. Así sale todo. La línea San Martín, la más deteriorada, tiene hoy disponibles solo 14 de 24 formaciones. De ahí a saltar el molinete hay un paso.
Los trenes han dejado además de ser un negocio atractivo desde el corazón de su actividad, que es transportar pasajeros. Proliferan, en cambio, intereses periféricos a la cuestión, como las ferias comerciales en los andenes. Ya hay varios empresarios esperando unas 280 licitaciones que quedaron pendientes del año pasado. ¿O pretende Milei devolverle interés al núcleo del servicio, por ejemplo, privatizándolo? ¿Habrá interesados? ¿A qué tarifa? Dependerá en parte del éxito macroeconómico. Hasta ahora, pese al cambio de administración, el Gobierno ha decidido continuar casi con el mismo directorio, la mayoría de los cuales se identifica o viene de las filas del Frente Renovador. El ferroviario sigue siendo el mundo de Massa. Luis Adrián Luque, exconcejal por el partido 1País en San Miguel, logró un buen vínculo con Santiago Caputo y finalmente quedó como presidente de la compañía. Lo apuntalan varios que estaban el año pasado, aunque no siempre con cargo en el organigrama. José María Paesani, por ejemplo, cercano a Massa desde los tiempos de la Anses y la Jefatura de Gabinete, que fue además secretario de Servicios Públicos en Tigre. Otro cercano a ese universo, Diego Damián Rymar, quedó como jefe de Gabinete de la compañía. Es entendible que tanta continuidad envalentone también a emprendedores de buenos vínculos que, desde hace tiempo, miran con ansiedad la comercialización de locales adyacentes. Un elenco en el que sobresale Fabián Carballo, concesionario del Mercado Concentrador de José C. Paz y excandidato a intendente de ese distrito, que suele entrar y salir de las oficinas de la empresa, en Retiro, casi como si tuviera despacho.
Estas afinidades con Massa se replican en otras empresas estatales, como AYSA, y provocan un silencioso malestar en uno de los principales aliados de Milei, Mauricio Macri. “¿Cómo puede ser?”, lo oyeron varias veces al expresidente quejarse desde Villa La Angostura, durante el verano. Justo en momentos en que el Gobierno y Pro intentan confeccionar una alianza legislativa que permita continuar con la otra parte del programa, la de las reformas de largo plazo. ¿Quién duda, por ejemplo, de que para resolver la crisis previsional será necesario ampliar la base de aportantes al sistema? ¿Puede conseguirse eso, se preguntan en La Libertad Avanza, sin la legislación laboral que frenó la Justicia? ¿Tiene el Gobierno los votos para reflotarla en el Congreso o deberá antes recomponer la relación con diputados que quedaron molestos luego de la caída de la ley? En el macrismo miran al bloque que conduce Pichetto, donde hay quienes admiten estar de acuerdo con proyectos que, de todos modos, rechazarán porque quedaron resentidos. La casta está ofendida. La estrategia de Milei, que repite en el Congreso Santiago Caputo, será volver a exponer a quienes frenen la transformación.
Será una discusión válida siempre y cuando existan posibilidades de que los proyectos sean aprobados. Y para eso no hay tanto tiempo. La oposición, principalmente los movimientos sociales y el kirchnerismo, esperan el momento en que el hartazgo social debilite al Presidente. Es una puja por el desgaste. “El primer paro de clases te quejás de Baradel, pero al quinto día te enojás con el Gobierno”, dice un dirigente peronista. Milei corre esa carrera contra el tiempo. Su apuro es antes que nada una necesidad.
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El robo de vehículos alimenta la violencia en el conurbano
Jóvenes “soldaditos” del narcotráfico se convirtieron en una peligrosa mano de obra para la sustracción de automóviles y camionetasGustavo Carabajal
Nadie puede frenar la sucesión de homicidios ocurridos en el conurbano. Todavía febrero no terminó y se registraron 34 asesinatos. Se trata únicamente de los casos que trascendieron públicamente por la conmoción que causaron dichos crímenes, pero, según el promedio de tres asesinatos por día marcado en la última década por la estadística oficial, la cantidad es mayor que la cifra de hechos que se conocieron.
Según el relevamiento realizado por la nacion, esos homicidios se distribuyeron geográficamente en Loma Hermosa, Florencio Varela, Quilmes, General Pacheco, Alejandro Korn, San Martín, Ciudadela, Tigre, Lomas de Zamora, Llavallol, Guernica, Caseros, San Miguel, José C. Paz, Lanús, Moreno, San Justo, San Fernando e Ituzaingó.
Una parte importante de esas muertes ocurrieron cuando los ladrones quisieron robar los vehículos de las víctimas. El robo de automóviles y camionetas con armas de fuego fue el delito que más aumentó en territorio bonaerense: 32,3%, en un año.
El segundo jefe de la Guardia Urbana del municipio de La Matanza, Roberto Mac Donald, fue asesinado el martes pasado por uno de los dos delincuentes que descendió de una moto para robarle la camioneta en San Justo. Según fuentes judiciales, los presuntos autores del asesinato serían dos menores. Uno de ellos, de 17 años, fue detenido en las últimas horas.
También son menores los integrantes de una banda que se formó para cometer entraderas y robarles a los choferes de aplicaciones de viajes en Morón, Tres de Febrero y La Matanza. Usan ametralladoras y pistolas para doblegar la resistencia de las víctimas. Tres de los cinco adolescentes que integraban la banda fueron detenidos por efectivos de la policía bonaerense durante una serie de allanamientos realizados en el Nudo 12 de Fuerte Apache.
El poder de fuego de la banda quedó en evidencia durante los operativos que concluyeron con las detenciones de tres menores. En los distintos objetivos allanados, los policías hallaron una pistola calibre 45, otra calibre 9 mm, una réplica de una Glock y un conjunto de accesorios para convertir una pistola en un subfusil, con un cargador con capacidad de almacenamiento para 50 proyectiles.
Según fuentes policiales, el incremento en los robos de vehículos a mano armada obedeció a que la crisis económica elevó notablemente los valores de los repuestos, por lo que los vehículos robados multiplican las ganancias cuando se venden desarmados.
El otro elemento asociado al aumento de la violencia en los robos de vehículos surgió a partir de la rentabilidad que obtiene un “cañero” o un “gatillero” cada vez que “levanta” un automóvil. En el caso de las unidades de alta gama, un ladrón cobra $600.000 por cada vehículo que le entrega al reducidor. Este incremento provocó que muchos menores que hasta hace un año se desempeñaban como soldaditos narco se reconvirtieran en ladrones de vehículos de alta gama.
Otra de las características que quedaron al descubierto al revisar esos 34 homicidios fue el aumento de muertes en enfrentamientos entre policías y asaltantes.
Esta circunstancia quedó en evidencia en tres casos ocurridos en Quilmes. Se trató de asaltantes que fueron abatidos en enfrentamientos con efectivos de la policía bonaerense. Florencio Varela fue escenario de otros tres asesinatos. Dos de las víctimas de esos homicidios fueron madre e hijo, asesinados en el contexto de violencia de género, y el tercer fallecido fue un ladrón baleado por un efectivo de la Policía de la Ciudad al que intentó robarle la moto.
José C. Paz y Loma Hermosa fueron escenarios de dos homicidios en cada localidad. En la primera, las víctimas fueron el empleado de una estación de servicio, que fue asesinado en el contexto del robo de la moto, y el segundo fallecido fue uno de los ladrones que quisieron robarle el automóvil al conductor de un vehículo que hacía traslados de pasajeros y era policía. Mientras que en Loma Hermosa las dos víctimas eran asaltantes, uno de ellos menor, que fueron abatidos cuando quisieron robarle el vehículo a un policía que estaba de franco.
Al revisar las móviles de esos 34 homicidios hubo un denominador común en nueve casos: los fallecide dos fueron ladrones que cayeron en enfrentamientos con efectivos de las policías de la Ciudad, Federal y bonaerense.
A excepción de un episodio, en el que un oficial de la fuerza de seguridad provincial mató a uno de los asaltantes cuando intentó impedir una entradera, en Ciudadela, los ocho sospechosos restantes fueron abatidos cuando asaltaron al conductor de una moto o al chofer del automóvil de una aplicación de viajes y que abordaron como pasajeros para después robarle.
En ninguno de los hechos, antes tomar la decisión de concretar los asaltos, los ladrones advirtieron que las potenciales víctimas eran integrantes de fuerzas de seguridad que estaban de civil porque venían de prestar servicio o, como ocurrió en José C. Paz, Loma Hermosa y Quilmes, esos policías se dedicaban a conducir sus automóviles para distintas aplicaciones de traslados de pasajeros, fuera de los horarios de trabajo.
De los nueve ladrones que fueron abatidos en enfrentamientos por víctimas que, en el momento de los robos, se dieron a conocer como efectivos de fuerzas de seguridad, al menos cinco homicidios ocurrieron en las últimas 96 horas. Además de los nueve asaltantes fallecidos en enfrentamientos con policías, cuatro de ellos fueron abatidos en la zona sur del Gran Buenos Aires: tres en Quilmes y el restante en Florencio Varela.
La cantidad de homicidios ocurridos en enfrentamientos que tuvieron como móviles los robos de los automóviles o motos y la sucesión de vecinos que fueron asesinados cuando les robaron sus vehículos pusieron al descubierto otro factor que confirmó la causa del aumento de la violencia en esos delitos.
Debido a la modificación de los sistemas de encendido de los automóviles, los asaltantes necesitan de la denominada llave presencial para poder llevarse el rodado y la única forma de obtenerla es mediante la amenaza con un arma de fuego al propietario del vehículo. Así ocurrió en Aldo Bonzi, en La Matanza, cuando motopirañas hicieron arrodillarse y levantar los brazos a un niño durante el robo de la camioneta de su padre.
Por el contrario, a partir de la proliferación de esos dispositivos disminuyeron los hurtos de automóviles estacionados en la vía pública, en los que los ladrones que se dedicaban a esta modalidad, también conocidos como “yugueros”, usaban una ganzúa confeccionada con una percha de alambre para levantar el seguro del vehículo. Luego mediante un “puente” ponían en marcha el automóvil y se lo llevaban. Pero con la instalación masiva de sistemas de alarma y llaves presenciales los delincuentes recurren cada vez más a las armas.
Ese aumento en la violencia en los robos de automóviles quedó expuesto en las estadísticas realizadas por el Ministerio Público Fiscal bonaerense, que indicaron que durante 2022 se iniciaron 26.529 investigaciones por “hurto agravado de autos dejados en la vía pública”.
Dicha cifra representó un crecimiento de 32,3% con respecto al año anterior, cuando se denunciaron 20.052 robos de automóviles con esa modalidad.
Según las estadísticas de la Superintendencia de Seguros de la Nación, en todo el país se robaron el año pasado 78.128 vehículos. Al menos 43.290 correspondieron a automóviles y 30.617 a motos; el resto, a camiones, camionetas, taxis, remises y máquinas viales. El mismo relevamiento realizado por el organismo que agrupa a las aseguradoras reveló que 51.111 de esos vehículos fueron sustraídos en territorio bonaerense.
Disparos mortales
En el contexto de los robos de vehículos mataron este año a Uma Aguilera, de 9 de años, en Lomas de Zamora, que fue asesinada por una banda de delincuentes que intentó sustraer el Ford Ka de su padre cuando salía de su casa para llevar a la niña al médico; a María Lucrecia Arias, de 50 años, en Castelar, asesinada cuando se le trabó el cinturón de seguridad de su Volkswagen Amarok en el momento en que dos delincuentes le apuntaban con armas para que entregara el automóvil.
Eugenio Sipatov, de 40 años, en Lanús; Leonardo Quinteros, de 50, en Merlo; Sebastián ochoa, de 26, en José C. Paz; Maximiliano Rojas, de 27, en Lanús; Agustín Atamaniuk, un contador de 59 años, al que mataron en Ituzaingó para robarle la moto, fueron las otras víctimas de homicidios ocurridos en lo que va del año, cuando les robaron sus vehículos.
La participación de los menores asaltantes en los robos violentos de vehículos quedó en evidencia hace dos semanas con la detención de Martincito, un precoz delincuente que antes de cumplir 16 años, cuando por su edad era inimputable, cometió cuatro homicidios, en la zona de Lomas de Zamora. Martincito, que actualmente tiene 17 años, pero que nunca será condenado por ninguno de los cuatro homicidios que le adjudican porque era no punible para la ley penal, fue apresado hace diez días cuando un vecino alertó al número de emergencias 911 de que le habían robado la moto en Villa Barceló, partido de Lanús.
Se conocieron en febrero 34 homicidios dolosos en Buenos Aires, pero el promedio de los últimos años que marcan estadísticas oficiales revela que la cifra es superior a la que trascendió públicamente a partir del registro de las cámaras de seguridad que grabaron los casos
Nueve ladrones fueron abatidos cuando quisieron asaltar a policías
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