lunes, 5 de septiembre de 2022

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE INTENTOS DE MAGNICIDIO


Magnicidios fracasados: disparos contra el carruaje de Sarmiento y otros atentados fallidos de la historia argentina
Armas de fuego, piedrazos y bombas en un recorrido que se remonta a 150 años de intentos de matar al presidente
Omar López Mato
Documento fotográfico de la reconstrucción del atentado contra el presidente Hipólito Yrigoyen, 1929. Archivo General de la Nación
A Justo José de Urquiza lo asesinaron en su palacio de Entre Ríos el 11 de abril de 1870, años después de haber dejado la presidencia (1854-1860). Fue el último expresidente argentino del siglo XIX muerto en un acto premeditado y violento.
Domingo Faustino Sarmiento sufrió un atentado un sábado a la noche de 1873 mientras viajaba en su galera a ver a Aurelia Vélez Sársfield. El sanjuanino estaba tan sordo que no escuchó los disparos y se enteró del atentado muy risueño a través del jefe de policía Enrique O´Gorman cuando llegó a la casa de la escritora, con quien vivía un amor clandestino. Si bien fueron capturados los autores, Francisco Güerri, Pedro Güerri y Luis Casimir, nunca se pudo establecer la causa de por qué estos marineros italianos quisieron perpetrar el magnicidio, pues el instigador, un tal Aquiles Segabrugo, otro italiano conocido como “el austríaco”, fue muerto “en defensa propia” por Carlos María Querencio, representante de López Jordán en Montevideo. Recordemos que entonces se vivían las guerras jordanistas que convulsionaban a la Mesopotamia.
La tapa de LA NACION en la que se informa la tentativa de asesinato de Domingo Faustino Sarmiento
Como un comisario argentino llegó a decomisar los documentos que Segabrugo había dejado en un hotel de Montevideo, el barco que lo conducía a Buenos Aires fue capturado por una nave jordanista y los papeles comprometedores, sustraídos por los rebeldes.
Se ve a al presidente Roca con la frente vendada en el óleo pintado por Juan Manuel Blanes que registra la escena del inicio de las sesiones legislativas de 1886
Dos veces contra Roca
Julio Argentino Roca fue atacado de un piedrazo mientras se dirigía al Congreso en el inicio de sesiones de 1886 por un tal Ignacio Monjes que llegó a herir en la cabeza al presidente. Este fue prontamente atendido por su amigo el doctor Eduardo Wilde, quien a la sazón era ministro de Justicia y Culto, mientras que el agresor fue capturado por Carlos Pellegrini –un gigante de casi dos metros–, que lo asió de los cabellos. Monjes, a pesar de su epilepsia, no fue declarado insano y pasó 10 años en prisión.
No fue este el único atentado contra Roca ya que en 1891, cuando era ministro del Interior de Pellegrini, un menor de apellido Sambrice disparó contra el coche en el que se trasladaba. La bala se incrustó en la pared del vehículo que aún se conserva.
El agresor de Quintana y el de Figueroa Alcorta escaparon juntos de la cárcel
En 1905 le tocó el turno a Manuel Quintana, atacado en Av. Santa Fe y Maipú por un agresor que disparó no una sino dos veces contra el presidente (1904-1906) a escasos metros de distancia. Quintana siguió su camino casi sin inmutarse, mientras perseguían a quien había efectuado los disparos, un tal Salvador E. José Planas y Virella, un catalán de inclinaciones anarquistas. Una vez capturado confesó sus intenciones. Fue encarcelado, pero en 1911 logró huir de prisión y jamás fue hallado.
El atentado contra José Figueroa Alcorta tuvo ribetes cómicos ya que, en febrero de 1908, cuando el presidente acababa de bajar de su vehículo a las puertas de su casa, le arrojaron una bomba que atinó a patear mientras reducían al agresor, Francisco Solano Regis, un salteño que se había documentado sobre la fabricación de explosivos con un libro redactado por un militar español. Lo condenaron a 20 años “con diez días de reclusión solitaria en los aniversarios del atentado”. Fue encerrado en la Penitenciaria Nacional donde también estaba Planas y Virella, y desde allí ambos pudieron escaparse. De esta forma fue como dos fracasados magnicidas terminaron evadiéndose de la Justicia. No solo compartieron la intención delictiva sino una libertad inmerecida.
El presidente Quintana fue atacado en 1905
A Victorino de la Plaza un individuo le disparó durante el desfile del 9 de Julio de 1916. La bala dio en una moldura del balcón de la Casa Rosada. El segundo disparo falló y el autor fue detenido mientras gritaba “Viva la Anarquía”. Se trataba de un tal Juan Mandrini, porteño, de 24 años. El presidente se limitó a decir: “Este loco merece que lo condenen… por mal tirador”.
Hipólito Yrigoyen fue agredido el 24 de diciembre de 1929 mientras se dirigía en el auto presidencial a su hogar en la calle Brasil. Un hombre dio tres disparos contra su vehículo. Dos policías fueron heridos pero el agresor, Gualterio Marinelli, italiano, murió. Persistió la duda de si, efectivamente, se trataba del atacante o era una víctima fortuita del atentado.


Los ataques contra Alfonsín: un explosivo desactivado a tiempo y un héroe inesperado
En 1986, el primer presidente desde el regreso de la democracia fue blanco de un atentado en Córdoba
Paula Soler y Juan Trenado
El 19 de mayo de 1986, Raúl Alfonsín estaba en su tercer año de presidencia cuando se supo que era blanco de un atentado que se concretaría en su visita al Tercer Cuerpo del Ejército, en Córdoba. Pocos meses atrás, gracias a un decreto derogado por él, se había condenado y destituido a diferentes exponentes militares.
Minutos antes de que el mandatario llegara al lugar, el oficial Carlos Primo, miembro del Comando Radioeléctrico cordobés, vio que cerca del lugar donde el presidente se iba a ubicar para ser parte del acto había un cable negro sospechoso que se asomaba cerca de una alcantarilla.
Junto al cabo Hugo Velázquez, siguieron el rastro del cable y dieron con un artefacto explosivo compuesto por una bala de mortero calibre 120 mm con 2,5 kilos de TNT adosada a dos panes de trotyl de 450 gramos cada uno.
Inmediatamente se dio aviso al Comando de Explosivos y se logró desactivar exitosamente el artefacto. Por su rango de explosión, podría haber acabado con la vida de Alfonsín. Nunca se pudo identificar a los autores del intento de asesinato, pero se pasó a retiro al máximo responsable de la seguridad presidencial, el jefe del escuadrón, el general Aníbal Verdura. En 2014 fue condenado a prisión perpetua en el juicio por el circuito represivo de Monte Peloni, en el partido de Olavarría.
El segundo ataque
El 23 de febrero de 1991, Alfonsín sufrió un segundo intento de asesinato cuando un ex miembro de la Gendarmería Nacional de 29 años, Ismael Abdala, gatilló varias veces contra él. Las balas no salieron.
Alfonsín, expresidente y entonces activo líder político, hablaba ante 5000 personas, en un acto organizado por la Unión Cívica Radical en San Nicolás. Abdala se le acercó y apretó el gatillo del revólver calibre 32 largo, pero el mecanismo del arma se atascó y no logró disparar ninguna bala.
Ante la agresión, el oficial de la Policía Federal Daniel Tardivo, custodio de Alfonsín, lo cubrió inmediatamente con su cuerpo. Pero el que llegó a detener a Abdala fue un héroe inesperado, un hombre de 70 años, Vicente Massisi, asistente al meeting, que se lanzó encima del agresor. Massisi logró sacarle el arma. Otros militantes radicales golpearon al tirador mientras la custodia intentaba retenerlo. Luego, lograron entregarlo a la policía.
Entonces Alfonsín pidió calma a los asistentes y continuó su discurso subrayando la importancia de defender las instituciones democráticas para garantizar la libertad y la justicia.
Más adelante Abdala fue juzgado por intento de homicidio, declarado inocente por insania mental e internado en un hospital psiquiátrico. Cuando fue dado de alta, con el diagnóstico de que no era peligroso para sí mismo ni para los demás, llamó por teléfono a Marcela Alfonsín, hija del político, para pedirle disculpas. En ese momento ella hizo la denuncia correspondiente y el hombre fue internado nuevamente en un psiquiátrico. En 1994 volvió a salir y a los pocos días se suicidó.

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