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El año de la presencialidad: ¿qué es el burnout pospandemia y cómo enfrentarlo?
En 2021, el 26,2% de los argentinos presentó niveles de agotamiento crónico, y las proyecciones de 2022 indican que irá en aumento: cuáles son las causas y cómo podemos resolverlo
Vivian Urfeig
“Cuando todos cancelaban servicios nosotros logramos sostener los contratos. Fue un esfuerzo enorme y las fichas me cayeron tiempo después, quedé con estrés postraumático. A veces siento que no me voy a recuperar del todo. Ya quiero que termine el año”, cuenta Gabriel Cartuccia, de 36 años, un ingeniero en informática al frente de Coorva, una empresa de servicios de desarrollo de software que sobrevivió a la pandemia. Gabriel padeció los síntomas de la tensión mientras sostenía a flote la empresa durante el contexto pandémico.
Y meses más tarde decidió viajar a la Patagonia para cambiar de aire, una estrategia que lo ayudó a afrontar la falta de ganas, la irritabilidad, el cansancio, el insomnio y la falta de concentración. “Estaba quemado, menos productivo y muy peleador”, determina. Ahora, revela, está aprendiendo a convivir con el acelere que aún lleva en la mochila, aunque una estrategia consensuada con su equipo lo ayudó a poner en caja las huellas, ya carbonizadas, de su bienestar emocional. “Entre todos decidimos un formato híbrido, pero al revés, ahora vamos solo los martes a trabajar, una manera de organizarnos que mejoró la motivación y optimizó los intercambios”, admite el ingeniero.
El caso de Gabriel está lejos de ser el único asediado por el agotamiento extremo. Estresados, ansiosos, insomnes. “Quemados” y con fatiga. La salud mental de los argentinos está en jaque y cada vez son más los que reconocen al burnout como la nueva pandemia que arrasa con el bienestar emocional en este año en el que la mayoría regresó al trabajo presencial. “En Argentina los niveles de burnout crecen cada año. El porcentaje de trabajadores que presenta niveles de agotamiento crónico fue de 24,4% en 2020 y llegó a 26,2% durante 2021. Estamos realizando las mediciones de 2022, pero la proyección indica que los niveles seguirán subiendo”, anticipa Leandro Medrano, vicerrector de Innovación, Investigación y Posgrado de Universidad Siglo 21.
El 41% de los argentinos percibe síntomas de ansiedad, el 37% problemas para dormir y el 29% manifestó sentirse más agobiado a partir de la pandemia, como consecuencia de una circunstancia laboral.
Los números son elocuentes. Avalan la catalogación de la Organización Mundial de la Salud que en enero de 2020 encuadró al burnout como una de las enfermedades laborales en aumento.
Actualmente, la vuelta a la oficina se da en un 64% entre los trabajadores en relación de dependencia, según un sondeo de la consultora Trendsity. “Mientras que para estos casos prevalece el formato presencial, casi la mitad de los independientes trabaja de forma híbrida o exclusivamente virtual”, apunta Mariela Mociulsky, especialista en análisis de tendencias y CEO de Trendsity. Con 9 de cada 10 argentinos preocupados por la situación actual del país, según un sondeo de la consultora, cada vez son más los que sienten que están “a media máquina”.
El estudio también indagó sobre la atención psicológica que reciben los trabajadores en distintas empresas, un beneficio destacado que trepa al primer lugar junto con los espacios de descanso, especialmente para los “híbridos” de entre 26 y 39 años. “Mientras las mujeres presentan los mayores niveles de ansiedad, angustia y aislamiento, los más jóvenes protagonizan el desarrollo de ataques de pánico y los adultos mayores el inicio de tratamientos para dormir o mejorar el ánimo”, señala Mociulsky.
La salud mental de los argentinos está en jaque y cada vez son más los que reconocen al burnout como la nueva pandemia que arrasa con el bienestar emocional en este año en el que la mayoría regresó al trabajo presencial
La consultora realizó en julio de este año un estudio que arrojó que el 41% de los argentinos percibe síntomas de ansiedad, el 37% problemas para dormir y el 29% manifestó sentirse más agobiado a partir de la pandemia, como consecuencia de una circunstancia laboral.
Juliana A., también ingeniera, tiene 46 años, está separada y trabaja en una empresa constructora full time. Hace un tiempo comenzó a sentir los efectos del overworking, el término en inglés que define al exceso de trabajo: “Empecé a cometer errores y la paciencia se me iba agotando. Maltraté a varios colaboradores, perdí la diplomacia. Esta explosión emocional también la llevé a casa cuando volví a la oficina. Estuve insoportable según mis hijos. Con tratamiento psicológico y, sobre todo, reconocimiento del origen del problema, pude bajar un par de cambios”, dice la ingeniera que se anotó para tomar clases de yoga y participar en talleres de cerámica, una actividad artesanal y creativa que le sirve para desconectar.
“Volver a reacomodarse genera mucha resistencia y malestar, asociado a una sensación de desgaste, agobio y frustración. La gente está harta. El mapa cambió otra vez”, define Sabrina Landesman, consultora y coach organizacional. Entre las empresas que coordina identifica una necesidad concreta: la de volver a recuperar la calidad de los intercambios. “El desafío es desarrollar narrativas claras sobre el porqué de la vuelta. A los líderes que acompaño les sugiero que sumen sentido y valor a la experiencia de estar en la oficina, sin replicar formatos remotos. Hay que diseñar dinámicas para optimizar el tiempo”, apunta Landesman.
Peligro de incendio
Pero, ¿qué implica estar quemados? ¿Cuál es la explicación del malestar que arrasa con el estado de ánimo y que se aceleró después de la pandemia? Para Leandro Medrano, de Universidad Siglo 21, se trata de un estado mental que surge producto del estrés crónico: “Cuando afrontamos desafíos realizamos un esfuerzo extra. Si nos recuperamos, estamos en una situación de estrés saludable. El problema ocurre cuando, de forma crónica, nos enfrentamos con estresores y no disponemos de los períodos de recuperación correspondientes. A medida que esta situación se extiende en el tiempo, comienzan a aparecer síntomas de agotamiento o cansancio generalizado, que provoca que debamos invertir más esfuerzo para hacer el mismo trabajo. Aún cuando la demanda se mantiene constante, el problema es que tenemos menos energía para afrontarlas. El burnout es un círculo vicioso”, advierte Medrano.
“No se necesita tecnología de punta ni sistemas sofisticados, sino líderes atentos”, plantea Alejandro Melamed en su último libro El futuro del trabajo ya llegó, y el trabajo del futuro también (Ediciones Paidós). Enfocado en los nuevos contextos laborales, Melamed apunta: “La próxima pandemia mundial estará relacionada con la salud mental. La ira, el estrés, la preocupación y la tristeza han ido en aumento a nivel mundial. ¿Qué pasa si la ansiedad y la depresión pandémica cambian la cultura de la humanidad más que el Covid?”.
¿Volvimos a la oficina de la prepandemia? ¿Qué aprendimos durante el confinamientoEntre los estudios citados, el autor se refiere al reporte de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas de Estados Unidos que analizó con las universidades de Harvard y Nueva York a 3,1 millones de personas de más de 21.000 compañías. A partir de la implementación del trabajo remoto las jornadas laborales se incrementaron en 48,5 minutos adicionales. “El número de reuniones aumentó un 13%. Enviamos y recibimos muchos más mensajes por los diferentes canales. La productividad creció, pero el tiempo personal sería el principal factor que lo estaría subsidiando”, subraya.
En este sentido, Mariela Mociulsky habla de un “nudo” de temas que promueven el agotamiento en contextos laborales. “Las exigencias las sufren todos. Los líderes porque tienen que cumplir metas nuevas y los colaboradores, porque temen que los esfuerzos no alcancen o por la falta de talentos capacitados. Los niveles de ansiedad están en alza”, dispara.
¿Volvimos a la oficina de la prepandemia? ¿Qué aprendimos durante el confinamiento? Comunicarnos, oxigenarnos y compartir el almuerzo son razones válidas para el regreso presencial, pero según la coach organizacional Sabrina Landesman, la clave es delinear los próximos pasos y los nuevos dispositivos: “Es necesario y urgente gestionar la dimensión humana aún bajo el impacto de un contexto que no concluye. El cambio es constante, es la permanencia de este tiempo. Y el desafío es diario”, reflexiona sobre esta etapa de incertidumbre y cabezas quemadas.
Los síntomas según la OMSFalta de energía o agotamiento. Sentirse cansado constantemente, incluso al iniciar el día.
Aumento de la distancia mental con respecto al trabajo o sentimientos negativos en relación con el mismo.
Disminución del compromiso con las propias actividades y con las de las demás personas.
Sensación de ineficacia y falta de realización.
Jaquecas, gastritis, aumento de la presión arterial, taquicardia, tics nerviosos, menstruación irregular, presión de dientes y mandíbula (bruxismo), tensión muscular, insomnio.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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