Quo vadis, Twitter
Podcasts, edición de tweets y círculos íntimos; ¿ayuda esto a salir de la crisis que atraviesa la compañía?
Contra las cuerdas, enredado en un juicio muy desagradable con Elon Musk, la red políticamente mas relevante parece estar un poco extraviada respecto de cuál es su verdadero norte; incluso cuando todos sabemos hacia dónde debe dirigirse
Ariel Torres
De todas las cosas raras que nos ha dado internet, Twitter es por mucho la más rara de todas. Es tan, pero tan extravagante que si mañana bajan la cortina en 1355 Market Street, San Francisco, Estados Unidos, el efecto sería devastador más para la política y las celebridades que para las personas de a pie; que es exactamente la idea opuesta a la que le dio vida a la red de los trinos.
Se parece a lo que está pasando con las criptomonedas. Miles de millones de dólares de inversiones de hardware más una industria entera, la de los procesadores de gráficos, podrían colapsar si se completa la migración de las criptomonedas del modelo de prueba criptográfica de trabajo (que consume toneladas de electricidad) al de prueba de participación. Se supone que en los próximos días la red Ethereum va a poner en marcha tal transición. Así que –salvo en la Argentina, donde los precios de la tecnología siguen subiendo–, ya se habla de un cambio de era: de la escasez de placas gráficas (y por lo tanto precios exorbitantes) a una de exceso de oferta (y precios bajos).
Placas de video de la serie RTX, de Nvidia¿Qué pasaría si Twitter desapareciera de la Red? Tranquilos. No va a pasar. O, parafraseando, no este jueves. Pero al (supuestamente) enorme peso político de la red de los trinos se le contrapone una fragilidad corporativa que mete miedo. No venía bien, con su número de usuarios y su valor de mercado estancados, y encima le apareció un Elon Musk, que primero quiso comprarla, luego desistió, pero le dijeron que la salida no era por ahí, y ahora todo termina en un juicio bastante desagradable en el que, aparte del daño que por sí le hace a la reputación de la empresa, llevan gastados millones de dólares. Claro que, para el resto de nosotros, Twitter no es una empresa. Twitter es Twitter.
Ojalá fuera tan simple. Como todo en internet, aunque no nos demos cuenta y aunque no paguemos un centavo, mantener funcionando un sitio es muy costoso. Por desgracia, a Twitter no solo le está dando trabajo recrear el modelo publicitario de Facebook (que hoy también está en entredicho, por la inesperada aparición de TikTok), sino que su base de usuarios no crece. Las razones son múltiples, pero la principal, al parecer, es que su actual ecosistema, hostil y endogámico, tiende a expulsar, no a convocar. Esto no solo lo vuelve insufrible para las personas que ya tienen problemas (o sea, la mayoría de nosotros), sino que ofrece un terreno fértil para trolls y operaciones mediáticas. La celebridad, por su lado, con honrosas excepciones, no lee Twitter. Solo tuitea. No es lo mismo tuitear que interactuar.
En todo caso, y como publiqué en su momento, el mundo es mejor si podemos decir lo que se nos da la gana en Twitter que si no podemos hacerlo. Los poderosos aman Twitter porque les permite (o eso creen, al menos) hacer lo mismo que si controlaran los medios independientes. En todo caso, las decisiones corporativas de la empresa que cotiza en Nasdaq con el símbolo TWTR nos afectan a todos. El problema es que Twitter parece estar contra las cuerdas, grogui y tirando manotazos sin ton ni son.
La mesa chica, más chica
En estos días se supo, por ejemplo, que el usuario de la red de los trinos podrá tuitear para un círculo reducido de 150 de sus seguidores. Una decisión entre cómica y disparatada, porque Twitter ya es un círculo pequeño, por definición. El que en las noticias salga lo que un presidente tuitea no significa que a la mayoría de las personas les importa lo que pasa en Twitter. Es al revés. Alguna vez fue un mucho más popular y, sobre todo, fue más útil. Hoy a nadie le importa lo que pasa en Twitter, salvo a un puñado de personas.
Así que achicar un círculo ya de por sí pequeño suena absurdo. Le daremos un tiempo a ver si acaso prospera, pero tengo mis serias dudas. Además, antes de Twitter ya podíamos (y hoy seguimos pudiendo, vía WhatsApp) comunicar nuestras opiniones nuestro círculo íntimo. Se llama reunión de amigos, mesa familiar, y así.
No hace falta Twitter para hablar con nuestra mesa chicaLa compañía ha dicho que la respuesta fue muy positiva por parte de sus usuarios. Sí, bueno, lógico. Con el nivel de agresión que puede experimentar una persona que de buena fe dice algo en esta red, es comprensible. La cuestión no es que tenga una buena recepción de parte de los que ya están en Twitter, sino que atraiga nuevos tuiteros. La función choca con un problema adicional: aunque es difícil saberlo, algo así como la mitad de los usuarios de Twitter no llegan a 150 seguidores. ¿Cuántos tuiteros tienen algo más que un círculo íntimo, realmente?
Escuchame una cosita
También añadieron podcasts a Spaces. Lo podcasts de por sí son un formato escurridizo que en los últimos años (y por una razón obvia: llevamos la computadora en el bolsillo) se convirtieron en un medio de peso. Personalmente, me encantan, pero el punto es que el podcast como formato va en la dirección opuesta a la que debería apostar Twitter para salir de su crisis. Y creo que, aparte el incidente Musk, Twitter es la red de la primera oleada social que tiene más chances de evitar la obsolescencia. Aunque, hay que decirlo, está desplomándose en las preferencias de los adolescentes; lo que queda por ver es si se desploma por las mismas razones que Facebook o Reddit.
Un HyperX Quadcast S, un micrófono popular entre los que hacen podcastsPero para superar la obsolescencia tiene que volver a nivelar la cancha. Los hilos fueron una mala idea. Los podcasts repiten ese modelo: uno o dos hablan y el resto escucha, y a lo sumo comenta. Lo que hizo grande a Twitter fue la dinámica opuesta: que todos tuviéramos el mismo volumen de voz, y que solo importara el tener algo interesante para decir.
Lo dicho, dicho está (o más o menos)
La función más nueva que están probando es la de editar un tweet, y lo supimos por la propia Twitter, anteayer. Por ahora es experimental, llegará primero a los tuiteros que abonan el servicio y los tweets podrán editarse hasta una hora después de publicados. Sobra tiempo, dada la dinámica explosiva de esta red y, sobre todo, de las operaciones que se realizan en la línea de tiempo.
La de editar es una función que Musk venía pidiendo hace rato y que había prometido implementar tan pronto se quedara con la compañía; plan frustrado, como anticipé en su momento. Es cierto, uno, de apurado, en el fragor del debate, puede tipear mal una palabra, y, si nació perfeccionista, borra el tweet y vuelve escribirlo. Pero no es la idea detrás de esta nueva función. Es, de nuevo, algo hecho para el que siempre tuvo poder sobre el discurso y, como ya nos hemos cansado de ver, se desdecía de lo que había dicho, editaba, corregía, suavizaba, replanteaba, etcétera. Dato: los periodistas estamos formados en la cultura de que no podemos corregir. Una vez que se imprimió el diario, ya no hay vuelta atrás. Twitter les daba a todas las persona el poder de propagar sus opiniones, y eso es lo mejor que ofrece, pero eso venía, como corresponde, con un costo: nada de editar. Borrar no es lo mismo. Borrar es peor.
Esto de editar tweets no está pensada para corregir una palabra mal escrita, sino para reescribir la historia. O sea, no ayuda a nivelar la cancha, todo lo contrario.
El tiempo dirá. Los números muestran un cambio generacional fuerte en torno a las redes sociales, cosa por otro lado previsible. Twitter, sin embargo, es la más intemporal, por su naturaleza espontánea (editar tweets cancela eso), dinámica (los hilos enredan eso) y atada a la actualidad (una actualidad editada, ahora). Pero también es cierto que es la que peor desempeño ha tenido, dejando de lado Snapchat, que acaba de dejar en la calle a una quinta parte de su personal, unos 1200 empleados, tras sufrir el embate de Facebook. La pregunta del título, por ahora, persiste: no sabemos exactamente adónde está yendo Twitter.
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