| | | | | | | elhistoriador.com.ar | FEBRERO 2022 |
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| | | | Los amores de Belgrano Por Felipe Pigna Sus enemigos lanzaron y lograron instalar la versión que lo «acusaba» de homosexual. Pero la verdad histórica es diferente. Manuel Belgrano sigue despertando, a casi dos siglos de su muerte, la admiración de los que lo conocen y el desprecio de quienes siguen viendo en él a un denunciante de las injusticias, las inequidades y el atraso nacional provocados por los que él llamaba “partidarios de sí mismos”. Estos lanzaron y lograron instalar la versión que “acusaba” a Belgrano de ser homosexual. En sus machistas mentes aquel hecho lograba descalificar su obra. Afortunadamente vivimos tiempos más racionales y menos hipócritas. De todas maneras podemos afirmar, por apego a la verdad histórica, que Belgrano era heterosexual y que tuvo dos amores. Uno de ellos fue con María Josefa Ezcurra, hermana de Encarnación Ezcurra, la futura esposa de Juan Manuel de Rosas. María Josefa acompañaba a su padre, Ignacio de Ezcurra, al Consulado dirigido por Belgrano y allí se enamoraron en 1802, cuando Manuel tenía 32 años y Josefa, 17. Al año siguiente la muchacha contrajo matrimonio, según la voluntad de sus padres, que no era la suya, con un primo venido de Pamplona llamado Juan E. Ezcurra. Alérgico a las revoluciones, tras el triunfo de la de Mayo volvió a la Península. María Josefa se sentía libre y cuando Belgrano se hizo cargo del Ejército del Norte, decidió acompañarlo. En marzo de 1812 tomó la “mensajería de Tucumán”, una diligencia que tardaba 30 días en llegar a la ciudad norteña. Cuando llegó a San Miguel de Tucumán, el general estaba en Jujuy y hacia allí fue la joven porteña. A fines de abril llegó a San Salvador, donde pudo reencontrarse con su amado Manuel y acompañarlo en el frente de batalla, donde siempre quedaba un ratito para el amor. El 30 de julio de 1813 nació, en Santa Fe, Juan, que fue adoptado por los recién casados Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra y creció con el nombre de Pedro Rosas y Belgrano. En 1837, don Juan Manuel cumplió con su promesa de contarle a aquel hombre de 24 años, que ya era un estanciero y acababa de ser nombrado juez de paz de Azul, su verdadero origen familiar. Pedro se casó en 1851 en la iglesia de Azul con Juana Rodríguez. La madrina de la boda fue su madre, María Josefa Ezcurra. El otro amor de Belgrano fue la tucumana María Dolores Helguera, con quien vivió un romance marcado por la guerra. Los padres obligaron a María Dolores a casarse con otro hombre, al que ella no amaba, que al poco tiempo la abandonó. Belgrano y su amada volvieron a verse, pero no pudieron casarse porque, a los efectos legales, Dolores seguía casada con su ex marido. |
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| | | | | | Cartas de enamorados Por Felipe Pigna En el día de los enamorados, una celebración de origen anglosajón que con el tiempo se fue imponiendo en estas regiones, recordamos algunas cartas de amor que hicieron historia. María Guadalupe Cuenca y Mariano Moreno Empezamos con las famosas cartas –aquellas que nunca llegaron a destino- que María Guadalupe Cuenca enviara a su amado Mariano Moreno. Se habían conocido en Chuquisaca donde él estudiaba la carrera de Leyes y se casaron en 1804 tras un breve noviazgo. Menos de un año más tarde nacía Marianito, el único hijo que tuvieron, y pronto la familia se instalaría en Buenos Aires. La invasión napoleónica a España y un resentimiento hacia los españoles que había surgido entre los criollos a finales del siglo XVIII al calor de las reformas borbónicas, agitaron las aguas en el Río de la Plata. Pronto los criollos comenzaron a imaginar nuevas formas de gobierno. La caída de la Junta Central de Sevilla, último bastión del poder español, precipitó los acontecimientos y Mariano Moreno no tardó en convertirse en primerísima figura, al ser designado secretario de la Primera Junta de Gobierno tras los acontecimientos del 25 de mayo de 1810.
Así, Moreno se convertía en el alma mater del nuevo gobierno, lo que le trajo no pocos enemigos. Pronto se produciría una profunda división en el interior de las filas patriotas, que se cristalizó en el enfrentamiento entre saavedristas (el grupo más moderado) y morenistas (el grupo más radical).
En diciembre de 1810, la pulseada se inclinó a favor de los saavedristas, y los partidarios de Moreno fueron desplazados uno por uno. El propio Moreno fue enviado en misión diplomática a Gran Bretaña. Partió el 24 de enero de 1811, pero nunca llegaría a destino. Murió en altamar el 4 de marzo siguiente.
Mientras tanto en Buenos Aires, María Guadalupe siguió durante meses enviando cartas de amor y desesperación que Moreno nunca recibió. A continuación transcribimos fragmentos de algunas de ellas:
Fuente: Enrique Williams Álzaga, Cartas que nunca llegaron.
María Guadalupe Cuenca y la muerte de Mariano Moreno, Buenos Aires, Emecé Editores, 1967, págs. 70-71 y 80. Carta de María Guadalupe Cuenca a Mariano Moreno del 20 de abril de 1811. «Mi amado Moreno de mi corazón: me alegraré que lo pases bien en compañía de Manuel. Nosotras quedamos buenas y nuestro Marianito un poco mejorado, gracias a Dios. Te escribí con fecha de 10 o 11 de éste, pero con todo vuelvo a escribirte porque no tengo día más bien empleado que el día que paso escribiéndote y quisiera tener talento y expresiones para poderte decir cuánto siente mi corazón, ay, Moreno de mi vida, qué trabajo me cuesta vivir sin vos, todo lo que hago me parece mal hecho, hasta ahora mis pocas salidas se reducen a lo de tu madre; no he pagado visita ninguna, las gentes, la casa, todo me parece triste, no tengo gusto para nada. Van a hacer tres meses de que te fuiste pero ya me parecen tres años; estas cosas que acaban de suceder con los vocales, me es un puñal en el corazón, porque veo que cada día se asegura más Saavedra en el mando, y tu partido se tira a cortar de raíz, pero te queda el de Dios, pues obrando por la razón y con la virtud no puede desampararnos Dios; no ceso de encomendarte para que te conserve en su Gracia y nos vuelva a unir cuanto antes porque ya vos me conoces que no soy gente sino estando a tu lado; sólo Dios sabe la impresión y pesadumbre tan grande que me ha causado tu separación porque aun cuando me prevenías que pudiera ofrecérsete algún viaje, me parecía que nunca había de llegar este caso; al principio me pareció sueño y ahora me parece la misma muerte y la hubiera sufrido gustosa con tal de que no te vayas. (…)” |
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| | | | | EL LIBRO DE ENTREVISTAS DE FELIPE
En estas apasionantes entrevistas Felipe investiga y reflexiona sobre los momentos clave de la historia argentina entre 1955 y 1983. Fruto de 10 años de trabajo LO PASADO PENSADO nos convoca a conocer la historia de primera mano a través de la voz directa de sus protagonistas o testigos privilegiados. | |
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| | | | La Historia Argentina contada para nuestros pequeños grandes lectores! | |
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| | | | Los cuentos de Don Manuel Felipe Pigna vuelve a imaginar, como ya lo hizo en Los Cuentos del Abuelo José, qué hubiera escrito Manuel Belgrano si hubiese querido contarles su vida a los chicos y las chicas de las generaciones futuras. Y así aparece este libro en el que don Manuel cuenta su infancia, su adolescencia, sus aventuras, su participación en la Revolución, su entrega a la patria y su lucha sin tregua contra el enemigo español. Los lectores y las lectoras van a disfrutar y admirar las peripecias de un don Manuel conocido pero inesperado también. "Espero que disfrutes de estos cuentos y, si tenés ganas, se los leas a tu mamá, a tu papá, a tus amigos y a quien vos quieras, así mucha más gente conoce a este patriota tan querido que pensó tanto en el futuro, o sea, en nosotros". Felipe Pigna. |
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| | | | Mujeres Insolentes Hicieron historia. Igual que muchos hombres. Pero a ellas se les mezquinó la memoria de sus actos. Tardaron en aparecer en los libros, en las revistas, en los manuales de la escuela, en las conmemoraciones. Fueron mujeres valientes, arriesgadas, talentosas, capaces de ir contra lo que su época decía que había que hacer. Estuvieron a la altura de una historia que luego las arrumbó en un costado, fueron las “insolentes” en ese mundo. En estos libros, Felipe Pigna nos cuenta la vida de algunas mujeres latinoamericanas que se sublevaron para hacer lo que querían.
Augusto Costhanzo las imagina y las dibuja recreando un mundo lleno de colores y rostros que no conocíamos.
Un libro para descubrir mujeres increíbles que seguramente inspirarán a lectoras y lectores de estos tiempos a ser protagonistas de su propia historia.
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