El mundo hoy juega para la argentina
Florencia Donovan
Las elecciones PASO marcarán un antes y un después en la agenda del Gobierno y, sobre todo, en la del ministro de Economía, Sergio Massa. “Quién sabe dónde vaya a estar para septiembre”, se le escuchó decir mientras negociaba el nuevo dólar soja y el dólar agro para las economías regionales, las que precisamente tendrán hasta fin de agosto para liquidar sus divisas al cambio de $300 por dólar.
Massa suele jugar mucho con esa muletilla en estos días. Todo en el Gobierno está atado con alambres hasta las primarias, cuando finalmente la encuesta más profunda nacional terminará de ilustrar el nivel de deterioro dentro del oficialismo. Hasta entonces, más allá de que públicamente se realicen críticas, el kirchnerismo no tendría previsto sacar los pies del plato. Massa sigue siendo para ellos garantía de estabilidad, aunque más no sea una estabilidad cada vez más costosa. Por ahora, la única premisa del manual kirchnerista que no se ha violado es la de no devaluar. Del resto –no subir tarifas, pisar precios o inflar el consumoya no queda nada.
Incluso entre los anuncios de la semana pasada quedan varios puntos flacos que prometen volver a poner en agenda las dificultades que existen en “la mesa de los argentinos”. Un ejemplo es la yerba mate. Mientras que por una ventanilla la Secretaría de Agricultura aprobó un incremento escalonado en el costo de la materia prima –de entre 50% y 70% en los próximos tres meses–, la Secretaría de Comercio, a cargo de Matías Tombolini, mantiene los precios pisados al público. “En este contexto, el dólar agro solo trae más tensión a la cadena de valor. La materia prima tiene una incidencia de entre 60% y 70% en el costo de producción. La mayoría de las industrias están desconcertadas. Comercio ofrece créditos subsidiados para contrarrestar el desastre que generaron y el gobierno de Misiones está viendo de hacer un salvataje para la industria local”, explica una fuente. La yerba mate en la Argentina cuesta el doble en dólares que la paraguaya o la uruguaya. Otra paradoja del modelo de “inclusión social” kirchnerista.
Algo similar pasa con el arroz. La sequía pegó fuerte en la producción y el precio de la materia prima subió 20% solo el último mes. Ahora, con el dólar agro, es de esperar que suba otro tanto. Como con la yerba, será difícil mantener el precio en las góndolas, más considerando que la mayoría de los productores exportan gran parte de su producción.
En el norte –como se refiere Cristina Kirchner a Estados Unidos–, sin embargo, han tomado la decisión de acompañar al gobierno de Alberto Fernández en esta procesión. Nadie espera que el Fondo Monetario Internacional (FMI) le aseste al Gobierno un golpe como el que le dio al presidente Fernando de la Rúa, cuando por negarle un desembolso de apenas US$1264 millones en diciembre de 2001 provocó la corrida que terminó con su salida y la ruptura desordenada de la convertibilidad. Simples contrafácticos, pero más de uno piensa qué habría sido de la Argentina si lo hubieran acompañado hasta el final del mandato.
Hoy el FMI está de nuevo en posición de acreedor, intentando cobrarle al país US$50.000 millones. Sin embargo, el informe técnico correspondiente a la cuarta revisión del acuerdo que el Fondo selló con el gobierno de Fernández parece escrito por un psicólogo más que por un economista, lleno de estimaciones alejadas de la realidad, pero con consejos para que el paciente al menos vaya en el rumbo adecuado.
Así, por caso, mientras que el FMI difundía en la semana que espera que el PBI de la Argentina crezca 2% en 2023, el Banco Mundial hablaba ya de un crecimiento nulo, al igual que la media relevada entre economistas locales y extranjeros que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), que publica el BCRA. Del mismo modo, el FMI habla de una inflación promedio estimada para 2023 del 79% anual, cuando en el mercado nadie duda de que será no menos del 100%.
“El Gobierno no logró cumplir la nueva meta de reservas establecida en el acuerdo con el FMI para marzo y ya advertimos que tampoco cumplirá la meta fiscal para igual período. La sequía y las elecciones son una garantía de que no se cumplen las metas para el resto del año”, anticipa el economista Ramiro Castiñeira, de Econométrica. En PxQ, la consultora que dirige Emmanuel Álvarez Agis, son igualmente escépticos: “El organismo esperaba que se acumularan US$500 millones entre diciembre de 2022 y marzo de 2023, mientras que la realidad mostró una caída de US$5100 millones”. El FMI, advierte PxQ, subestima en su informe el impacto de la sequía, lo que tendrá consecuencias en su estimación del PBI, en el ingreso de divisas por exportaciones (en reservas) y en la recaudación por derechos de exportación (retenciones).
“Ya todos los países en el directorio del Fondo saben que la Argentina no va a cumplir el acuerdo. Pero también que no tiene sentido negociar otra cosa con este gobierno, al que ven de salida”, reconoce una fuente al tanto de las discusiones internas del organismo. La directora gerente, Kristalina Georgieva, claramente parece una versión mucho más edulcorada de Horst Köhler, que supo estar al frente del FMI hacia el final de la convertibilidad.
Pero la Argentina ha adquirido un renovado protagonismo en la agenda internacional, no por sus méritos, sino por sus defectos. Otro “logro” que el Presidente podrá autofestejarse. La reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de recibir a Fernández en un año electoral responde más a la necesidad del gobierno norteamericano de no perder peso específico en la región que de asociarse a una gestión con la cual no comulga. Sobre todo ahora que su aliado natural en la región, o con certeza el más poderoso, como es Lula da Silva, parece estar coqueteando cada vez más con China. “Es un escenario donde la Argentina, por peligrosidad e irresponsabilidad, ha tomado un rol importante”, interpreta un excanciller, en estricta reserva. “El Departamento de Estado necesita retenernos. La significancia de la Argentina está en que todavía conserva activos relevantes para los Estados Unidos: el 5G, la Hidrovía, la base espacial china en Neuquén o el litio”, enumeró.
Una señal que no pasó inadvertida en la diplomacia internacional: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, tenía previsto visitar la región esta semana, con paradas en Brasil y en la Argentina. A último momento, resolvió suspender su viaje luego de que el presidente de Brasil anunciara que no podría recibirla, ya que iría a China para encontrarse con Xi Jinping el viernes 14. Lula tenía previsto viajar la última semana de marzo, pero debió postergar su vuelo por una leve neumonía. Su encuentro con Xi Jinping llega apenas semanas después de la visita del mandatario chino a Rusia. Los hilos de la diplomacia regional los maneja Brasil, y la Argentina de Fernández está lista para acompañar.
La movida de Lula
“Lula va a relanzar una política exterior iberoamericana. Aunque probablemente sea más declarativa que práctica”, considera una fuente diplomática de alto nivel. “Es un gran seductor, pero como no tiene mayoría en su Congreso no puede hacer mucho. En su primera visita a la Argentina buscó mostrar de nuevo la idea de un frente de izquierda latinoamericano y hablar de una moneda común, que todos sabemos que no tiene ni chances. Ya desde 1986 se hablaba del ‘gaucho’”, recordó. La decisión de Lula de relanzar la Unasur, con un encuentro de presidentes latinoamericanos en Brasil, tal como informó la periodista de O Globo Janaina Figueiredo, abona la teoría.
Pese a que históricamente Brasil se opuso al ingreso de la Argentina al grupo de los Brics –Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica–, ahora en el tercer gobierno de Lula da Silva podría haber un cambio. El mandatario brasileño tiene un especial afecto por Fernández, luego de que el presidente argentino lo visitara en julio de 2019, en plena campaña presidencial, en la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, donde el brasileño estaba detenido. En la cancillería de Fernández sueñan con un bloque Bricas o Bricsa. Jorge Argüello, el embajador argentino en Washington y probablemente el funcionario más competente del entorno de Fernández, publicó el domingo anterior una columna en el diario Perfil al respecto: “Brics, una puerta a nuevos vínculos globales”.
“La Argentina tiene firmes posibilidades de sumarse al grupo de los Brics, países emergentes de creciente influencia mundial: explican el 24% del PBI mundial y concentran un 42% de la población global”, subrayó el embajador, que habla allí de una inserción “global inteligente”. También destaca el potencial de los Brics desde el lado del financiamiento, con un banco de desarrollo propio, que estará presidido a partir de ahora por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff.
Gran oportunista, Sergio Massa tiene previsto viajar a China en mayo. Su equipo sigue trabajando por estos días en la agenda. Básicamente, en el tope de prioridades del ministro figuran dos temas: una ampliación del swap (préstamo) que China acordó con el Banco Central de la Argentina para incrementar, una vez más, la porción de reservas de libre disponibilidad (esto es, que puedan usarse para intervenir en el mercado cambiario) y la liberación de los fondos para la obra de las represas Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, en Santa Cruz. En definitiva, más dólares, sinónimo de un boleto hasta las PASO.
La decisión de Biden de recibir a Fernández responde más a la necesidad de no perder peso específico en la región que de asociarse a una gestión con la que no comulga
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