Inauguraron frente al río una plaza para recordar a las víctimas de la AMIA
Se hizo sobre los escombros que la Justicia depositó cerca de la Ciudad Universitaria; homenaje de los familiares
Mauricio Giambartolomei
Las 85 víctimas del atentado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) tienen desde ayer un nuevo de recordación y homenaje. Junto al Río de la Plata, sobre los escombros del edificio que fue atacado, un espacio verde y público les rinde tributo con una conexión histórica de lo que pasó el 18 de julio de 1994 cuando el terrorismo dejó una herida imborrable en la historia argentina.
La Plaza Memorial AMIA, entre la Ciudad Universitaria y el Parque de la Memoria, comenzó su proceso de transformación en julio del año pasado como parte de la recuperación de la costa y de un plan de la Ciudad que abarca otros proyectos entre la General Paz y la Reserva Ecológica Costanera Sur. La propuesta de generar una plaza surgió en 2017 por iniciativa de la Ciudad y un trabajo junto con la AMIA cuando la Unidad Fiscal AMIA, creada luego del atentado, autorizó la liberación del espacio protegido como parte de la investigación.
Una pasarela que balconea sobre el Río de la Plata, senderos para circular y visitar el memorial y 85 estacas verticales de acero en homenaje a cada víctima, con una placa con cada nombre, son parte del nuevo espacio verde.
Ayer, en la ceremonia estuvieron al menos 50 familiares de víctimas y heridos en el atentado, autoridades de la AMIA, de la Ciudad y de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que fue parte de la iniciativa. “En este lugar seguiremos nombrando y recordando en forma permanente esos 85 nombres, esas 85 historias, interrumpidas en forma violenta y atroz”, dijo Amos Linetzky, presidente de la AMIA.
“Lamentablemente no pudimos prevenir su muerte física. Pero asumimos la responsabilidad de prevenir una segunda muerte, la del olvido. Y no hago referencia a los familiares, sino a la sociedad en su conjunto, que debemos mantener y recrear la memoria, para que su recuerdo sea eterno”, prosiguió.
“Tantos sueños interrumpidos a las 9.53 del 18 de julio. Este entorno de contacto con la naturaleza nos invita a pensar cómo eran ellas y ellos un instante antes de que les arrancaran el futuro. Cerrar los ojos para traerlos al presente. Aunque sea por un momento tenerlos con nosotros”, compartió.
“Debemos honrarlos con más construcción, con más proyectos de vida. Somos una institución que pocas horas después de la explosión ya estaba brindando sus servicios esenciales, ofreciendo respuestas y contención. Ese mismo espíritu solidario que hoy se multiplica con decenas de proyectos sociales, educativos y culturales que benefician a miles de personas en todo el país. No pudieron destruirnos, seguimos de pie”, agregó Linetzky.
Resignificación
Entre los oradores estuvieron familiares de víctimas como Marina Degtiar, hermana de Cristian, muerto en el atentado, y secretaria de Arte y Producción de AMIA e integrante de la Comisión Directiva. También Elio Kapszuk, director de Arte y Producción de AMIA, área que lideró el proyecto desde la institución.
“La memoria como ejercicio, concepto, principio, necesita de las conmemoraciones, de la resignificación de las efemérides, de la creación de lugares simbólicos y reales de la memoria, con el único objetivo de confrontar con el olvido e intentar presentarle pelea en una lucha desigual. La memoria también puede ser un proceso íntimo, pero cuando se trata de crímenes impunes, debe ser colectiva y sostenida por el reclamo de justicia”, compartió Kapszuk.
“La Plaza Memoria AMIA, como testimonio urbanístico, tiene un basamento único, que son los escombros. Estos escombros que formaron este terreno, son testigos del horror y portadores de memoria. Era imprescindible que siguieran su función de transmisión y que no sean tapados por un precioso manto verde. Es por eso por lo que la Plaza Memoria AMIA honra a cada uno de los 85 asesinados. Son 85 ausencias, un dolor permanente que la impunidad multiplica en forma cotidiana. Las 85 estacas que recorren esta plaza son el símbolo del dolor, pero también de la decisión de seguir recordando y reclamando justicia”, compartió Kapszuk.
En 2017 el arquitecto Ariel Iasge, exdirector de Espacios Verdes del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la ciudad, entabló el primer contacto con la AMIA para abrir el debate sobre el destino del predio de 3285 m², una idea que prendió rápido en AMIA que le dio forma al diseño de la plaza. Una carta compromiso, en septiembre de 2018, le dio la formalidad para que el proyecto avance. En julio de 2019 se colocó la piedra fundamental, ya con el proyecto bajo la tutela de la Secretaría de Desarrollo Urbano.
Para la Ciudad, además de ser un espacio público y de recordación vivencial, es una puerta de conexión con el Río de la Plata en su ambición de recuperar la costa.
El presupuesto para instalar la plaza AMIA partió del convenio urbanístico Dique 4, en Puerto Madero, que como contraprestación debía destinar los fondos para la creación del memorial. En la entidad valoran que el predio esté cerca de la Ciudad Universitaria para acercar el pasado y la historia a jóvenes que no tienen memoria vivencial de lo ocurrido en el edificio de Pasteur al 600.
“Desde el primer momento entendimos que la plaza tenía un destinatario principal, que son los jóvenes estudiantes de la UBA. Tenía que tener la misión de contar, como testimonio, lo que sucedió el 18 de julio de 1994, de honrar y nombrar a las víctimas una vez más, no desde una perspectiva de monumento, sino desde una concepción de lugar de memoria, un lugar para ser utilizado, para ser habitado por el diálogo, por el encuentro, por la discusión de ideas, por la posibilidad de escuchar al otro. Entendiendo que este encuentro, este puente, este diálogo es el mejor antídoto contra cualquier tipo de discriminación e intolerancia”, profundizó Kapszuk.
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