Los imperdibles de los tres días
◗ Hasta el domingo
Con entrada libre, la FED se puede visitar hasta 14 hasta el domingo a las 22 en el C Complejo Art Media (avenida Corrientes 6271). Como en ediciones anteriores, los que hagan fila a la intemperie serán recibidos con café y trucos de magia. También se entregará un libro gratuito de 128 páginas, Traición, con textos de Luis Chitarroni, María Sonia Cristoff, Nicolás Artusi, Camila Fabbri, Betina González, Violeta Gorodischer, Edgardo Scott, Damián Tabarovsky, Soledad Urquía, Javier Sinay y Luis Gusmán. Se imprimieron nueve mil ejemplares.
HOY
A las 19.30, Martín Kohan y Osvaldo Baigorria conversarán con la editora Catalina Reggiani sobre la obsesión que padecen los acumuladores de libros.
El sábado, a las 14, habrá una charla entre los escritores Jaz mina Barrera( México ), Marcial Gala (Cuba) y Gabriel Payares (Venezuela) sobre las narrativas contemporáneas en América latina.
◗ Último día
El domingo, a las 17, quizás en el encuentro que suscite mayor convocatoria, Beatriz Sarlo conversará con las escritoras Hinde Pomeraniec y Sylvia Saítta sobre el libro de clases de literatura argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, de Sarlo.
Peter Rock. “El trabajo del escritor es transformar las cosas invisibles en visibles”
Invitado destacado de la Feria de Editores, el autor estadounidense visita Buenos Aires por primera vez; “parte de mi sensibilidad con el lector es darle espacio para reflexionar”
Daniel Gigena | Foto Fabián Marelli
“Muchos autores argentinos me resultaron inspiradores”
Es una gran ciudad y tengo la expectativa de hacer muchas cosas –dice el escritor estadounidense Pe ter Rock (Salt Lake City, 1967) a la nacion, en su primera visita a Buenos Aires–. Iré a librerías, al Cementerio de la Recoleta, pero lo que más me gusta es caminar”. Como a algunos de los personajes de sus novelas, se puede pensar. Rock es uno de los invitados internacionales de la Feria de Editores (FED), que abre en Complejo Art Media (Av. Corrientes 6271). Sus libros fueron publicados en el país por Ediciones Godot.
Su sexta novela, El ciclo del refugio, de 2013, guarda relaciones no solo temáticas o de “atmósfera” sino también argumentales con la exitosa Mi abandono (2009). También se inspira en hechos reales. El autor hizo una gran investigación con decenas de entrevistas a exintegrantes de la Iglesia Universal y Triunfadora, una secta apocalíptica en Montana cuya líder, Elizabeth Clare Prophet, “La Mensajera”, había predicho que el mundo terminaría en marzo de 1990 a causa de un ataque nuclear soviético. La historia sigue presente y pasado de tres personajes –Francine y Wells, su pareja, y Colville, un amigo de infancia de la joven–, con el lúgubre telón de fondo del secuestro de una niña en Montana, décadas después del “ciclo del refugio”.
–¿Cómo pensó la estructura de la novela?
–Cambió a lo largo del tiempo. Es el libro que más me costó escribir. Al comienzo era una historia de unas mil páginas y recorté el 80% porque se había vuelto una especie de enciclopedia. Intenté mantener la historia y las creencias; reduje bastante el tiempo y simplifiqué las creencias. –¿Se la puede leer como una precuela de Mi abandono? –Intenté que ambos libros no se superpusieran. Tenía información, tenía la historia y las creencias, pero en cierto punto pensé que perdía poder y agregué al comienzo una parte ficcional. Muchas de los entrevistados tenían unos treinta años, es decir que eran niños cuando se construyó el refugio. Les pregunté cuál había sido su experiencia en el entorno salvaje y crecer con esa libertad mientras sus padres construían el fuerte bajo tierra e intentaban salvar al mundo, y cómo se sentían como adultos, cuando el mundo seguía ahí. No pude anticipar que la novela iba a ocurrir en dos espacios temporales diferentes. –¿Sus propias creencias se vieron modificadas?
–La respuesta corta es sí. La respuesta larga es la siguiente: cuando empecé a escribir la novela, trabajaba en un rancho que estaba cerca de la iglesia y conocí a personas que formaban parte de ella. Pensé que al escribir iba a destacar la locura o lo poco cuerdo que sonaba todo, pero al conocerlos me volví más empático. No tengo creencias religiosas fuertes, pero me di cuenta de que no podía juzgar de modo crítico lo invisible del mundo a través de lo visible. El trabajo del escritor tiene que ver con la transformación de cosas invisibles en visibles. Desde el punto de vista espiritual, fue desafiante. –¿Ellos leyeron el libro?
–Sí. Por naturaleza tenían sus sospechas. Pero después entendieron que no era alguien peligroso, solo sentía curiosidad por entender. Siempre intenté capturar la historia de manera respetuosa y, al leer la novela, ellos entendieron que había intentado ser lo más fiel posible. –¿Es cierto que Ursula K. Le Guin leyó el manuscrito de Mi abandono?
–Fue asombroso. Una de las razones por las que escribo es porque me encanta leer; mi papá solía leerme todas las noches Las Crónicas de Narnia, libros de Tolkien y de Le Guin, a los que vuelvo siempre. En Mi abandono, yo quería incluir un párrafo de un libro suyo, pero mi editor insistió en pedir permiso a la autora. Yo tenía miedo de preguntarle. Para mí, era una especie de dios literario. Se negó a darme permiso antes de leer el manuscrito, pero luego le gustó y también a su esposo. Me invitaron a almorzar y yo estaba feliz y emocionado, listo para recibir sus elogios. Pero me dijo que quería hablarme sobre el uso del tiempo presente. Ella consideraba que muchos autores contemporáneos no quieren asumir la responsabilidad de reflexionar acerca de algo actual. Parte de mi sensibilidad con el lector es darle espacio, no contaminarlo con mi juicio, darle la oportunidad de reflexionar. –¿Qué opina sobre la prohibición de libros en su país?
–Se están prohibiendo ciertos libros en las escuelas; es una especie de guerra cultural. En términos políticos, no es un buen momento para el debate en Estados Unidos. Como escritor no quiero que ningún libro sea prohibido. Pero esa necesidad de prohibir demuestra que hay un gran miedo a lo diferente. Cuando los jóvenes no tienen acceso a diferentes voces, la situación se vuelve peligrosa. –Sus personajes de niños y adolescentes son muy lectores.
–Fui así de joven y mis hijas también son muy lectoras, aunque tengan acceso a celulares. Me interesa esa edad en donde se adquiere mayor independencia y se intenta descubrir quién se es como persona. También creo que hay una tendencia a presentar en la ficción a personajes jóvenes demasiado precoces e inteligentes. Yo no me siento un adulto demasiado inteligente. –¿Su obra pertenece a alguna tradición literaria estadounidense?
–No creo ser la persona correcta para responder esa pregunta. Lo que leí, la vida que tuve tienen que ver. Leí mucho a Jack London y a Ernest Hemingway, que hizo cosas que yo no puedo hacer. Me siento una especie de ventrílocuo, escribir en tercera persona no me resulta natural. Existen tradiciones, y debo formar parte de la tradición de escritores hombres y blancos de Occidente. Pero siempre me siento muy atraído por las personas sin ningún tipo de poder; cuando escribo me concentro en la historia, los personajes. No pienso a qué tradición pertenece mi literatura. Pero me sentiría agradecido si alguien me incluye en alguna. –¿Le preocupa la inteligencia artificial o puede ser un recurso más para los escritores?
–Entiendo que la IA se alimenta del material que van procesando. Hay escritores preocupados porque usan su material y no reciben dinero por ello. Tengo una amiga que escribe un ensayo sobre la muerte de la hermana y me muestra las diferentes versiones que la IA le ofrece de su ensayo. Como la IA fue “alimentada” principalmente de novelas románticas, siempre termina en que su hermana se enamora de algún médico. Nosotros funcionamos de la misma manera, leemos, absorbemos información y luego la volcamos en la escritura. La IA funciona igual, pero con menos imaginación y sin responsabilidad. –¿Leyó a otros autores argentinos además de Julio Cortázar, a quien admira?
–Estoy leyendo a Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, que doy en mis clases. Cortázar es un escritor de mis inicios; fue una figura central por su gracia y su inteligencia, la manera en la que sus mundos van y vienen de lo real a lo fantástico. Muchos autores argentinos me han resultado inspiradores.
Es una gran ciudad y tengo la expectativa de hacer muchas cosas –dice el escritor estadounidense Pe ter Rock (Salt Lake City, 1967) a la nacion, en su primera visita a Buenos Aires–. Iré a librerías, al Cementerio de la Recoleta, pero lo que más me gusta es caminar”. Como a algunos de los personajes de sus novelas, se puede pensar. Rock es uno de los invitados internacionales de la Feria de Editores (FED), que abre en Complejo Art Media (Av. Corrientes 6271). Sus libros fueron publicados en el país por Ediciones Godot.
Su sexta novela, El ciclo del refugio, de 2013, guarda relaciones no solo temáticas o de “atmósfera” sino también argumentales con la exitosa Mi abandono (2009). También se inspira en hechos reales. El autor hizo una gran investigación con decenas de entrevistas a exintegrantes de la Iglesia Universal y Triunfadora, una secta apocalíptica en Montana cuya líder, Elizabeth Clare Prophet, “La Mensajera”, había predicho que el mundo terminaría en marzo de 1990 a causa de un ataque nuclear soviético. La historia sigue presente y pasado de tres personajes –Francine y Wells, su pareja, y Colville, un amigo de infancia de la joven–, con el lúgubre telón de fondo del secuestro de una niña en Montana, décadas después del “ciclo del refugio”.
–¿Cómo pensó la estructura de la novela?
–Cambió a lo largo del tiempo. Es el libro que más me costó escribir. Al comienzo era una historia de unas mil páginas y recorté el 80% porque se había vuelto una especie de enciclopedia. Intenté mantener la historia y las creencias; reduje bastante el tiempo y simplifiqué las creencias. –¿Se la puede leer como una precuela de Mi abandono? –Intenté que ambos libros no se superpusieran. Tenía información, tenía la historia y las creencias, pero en cierto punto pensé que perdía poder y agregué al comienzo una parte ficcional. Muchas de los entrevistados tenían unos treinta años, es decir que eran niños cuando se construyó el refugio. Les pregunté cuál había sido su experiencia en el entorno salvaje y crecer con esa libertad mientras sus padres construían el fuerte bajo tierra e intentaban salvar al mundo, y cómo se sentían como adultos, cuando el mundo seguía ahí. No pude anticipar que la novela iba a ocurrir en dos espacios temporales diferentes. –¿Sus propias creencias se vieron modificadas?
–La respuesta corta es sí. La respuesta larga es la siguiente: cuando empecé a escribir la novela, trabajaba en un rancho que estaba cerca de la iglesia y conocí a personas que formaban parte de ella. Pensé que al escribir iba a destacar la locura o lo poco cuerdo que sonaba todo, pero al conocerlos me volví más empático. No tengo creencias religiosas fuertes, pero me di cuenta de que no podía juzgar de modo crítico lo invisible del mundo a través de lo visible. El trabajo del escritor tiene que ver con la transformación de cosas invisibles en visibles. Desde el punto de vista espiritual, fue desafiante. –¿Ellos leyeron el libro?
–Sí. Por naturaleza tenían sus sospechas. Pero después entendieron que no era alguien peligroso, solo sentía curiosidad por entender. Siempre intenté capturar la historia de manera respetuosa y, al leer la novela, ellos entendieron que había intentado ser lo más fiel posible. –¿Es cierto que Ursula K. Le Guin leyó el manuscrito de Mi abandono?
–Fue asombroso. Una de las razones por las que escribo es porque me encanta leer; mi papá solía leerme todas las noches Las Crónicas de Narnia, libros de Tolkien y de Le Guin, a los que vuelvo siempre. En Mi abandono, yo quería incluir un párrafo de un libro suyo, pero mi editor insistió en pedir permiso a la autora. Yo tenía miedo de preguntarle. Para mí, era una especie de dios literario. Se negó a darme permiso antes de leer el manuscrito, pero luego le gustó y también a su esposo. Me invitaron a almorzar y yo estaba feliz y emocionado, listo para recibir sus elogios. Pero me dijo que quería hablarme sobre el uso del tiempo presente. Ella consideraba que muchos autores contemporáneos no quieren asumir la responsabilidad de reflexionar acerca de algo actual. Parte de mi sensibilidad con el lector es darle espacio, no contaminarlo con mi juicio, darle la oportunidad de reflexionar. –¿Qué opina sobre la prohibición de libros en su país?
–Se están prohibiendo ciertos libros en las escuelas; es una especie de guerra cultural. En términos políticos, no es un buen momento para el debate en Estados Unidos. Como escritor no quiero que ningún libro sea prohibido. Pero esa necesidad de prohibir demuestra que hay un gran miedo a lo diferente. Cuando los jóvenes no tienen acceso a diferentes voces, la situación se vuelve peligrosa. –Sus personajes de niños y adolescentes son muy lectores.
–Fui así de joven y mis hijas también son muy lectoras, aunque tengan acceso a celulares. Me interesa esa edad en donde se adquiere mayor independencia y se intenta descubrir quién se es como persona. También creo que hay una tendencia a presentar en la ficción a personajes jóvenes demasiado precoces e inteligentes. Yo no me siento un adulto demasiado inteligente. –¿Su obra pertenece a alguna tradición literaria estadounidense?
–No creo ser la persona correcta para responder esa pregunta. Lo que leí, la vida que tuve tienen que ver. Leí mucho a Jack London y a Ernest Hemingway, que hizo cosas que yo no puedo hacer. Me siento una especie de ventrílocuo, escribir en tercera persona no me resulta natural. Existen tradiciones, y debo formar parte de la tradición de escritores hombres y blancos de Occidente. Pero siempre me siento muy atraído por las personas sin ningún tipo de poder; cuando escribo me concentro en la historia, los personajes. No pienso a qué tradición pertenece mi literatura. Pero me sentiría agradecido si alguien me incluye en alguna. –¿Le preocupa la inteligencia artificial o puede ser un recurso más para los escritores?
–Entiendo que la IA se alimenta del material que van procesando. Hay escritores preocupados porque usan su material y no reciben dinero por ello. Tengo una amiga que escribe un ensayo sobre la muerte de la hermana y me muestra las diferentes versiones que la IA le ofrece de su ensayo. Como la IA fue “alimentada” principalmente de novelas románticas, siempre termina en que su hermana se enamora de algún médico. Nosotros funcionamos de la misma manera, leemos, absorbemos información y luego la volcamos en la escritura. La IA funciona igual, pero con menos imaginación y sin responsabilidad. –¿Leyó a otros autores argentinos además de Julio Cortázar, a quien admira?
–Estoy leyendo a Mariana Enriquez, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares y Jorge Luis Borges, que doy en mis clases. Cortázar es un escritor de mis inicios; fue una figura central por su gracia y su inteligencia, la manera en la que sus mundos van y vienen de lo real a lo fantástico. Muchos autores argentinos me han resultado inspiradores.
Los imperdibles de los tres días
◗ Hasta el domingo
Con entrada libre, la FED se puede visitar hasta 14 hasta el domingo a las 22 en el C Complejo Art Media (avenida Corrientes 6271). Como en ediciones anteriores, los que hagan fila a la intemperie serán recibidos con café y trucos de magia. También se entregará un libro gratuito de 128 páginas, Traición, con textos de Luis Chitarroni, María Sonia Cristoff, Nicolás Artusi, Camila Fabbri, Betina González, Violeta Gorodischer, Edgardo Scott, Damián Tabarovsky, Soledad Urquía, Javier Sinay y Luis Gusmán. Se imprimieron nueve mil ejemplares.
HOY
A las 19.30, Martín Kohan y Osvaldo Baigorria conversarán con la editora Catalina Reggiani sobre la obsesión que padecen los acumuladores de libros.
El sábado, a las 14, habrá una charla entre los escritores Jaz mina Barrera( México ), Marcial Gala (Cuba) y Gabriel Payares (Venezuela) sobre las narrativas contemporáneas en América latina.
◗ Último día
El domingo, a las 17, quizás en el encuentro que suscite mayor convocatoria, Beatriz Sarlo conversará con las escritoras Hinde Pomeraniec y Sylvia Saítta sobre el libro de clases de literatura argentina en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, de Sarlo.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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