sábado, 5 de agosto de 2023

Sound of Freedom......SE ESTRENA EL 31


El éxito inesperado de un film “cancelado”
El film sobre tráfico de menores, que llegaría a las salas locales el 31 próximo, se promocionó en las redes como un contenido censurado por los grandes estudios; la historia y los intereses detrás del fenómeno
Leonardo D’EspositoEl actor Jim Caviezel es el protagonista principal de una historia que pretende “revelar” una trama de esclavitud de menores y pedofilia
Que la fe mueva montañas podría interpretarse, en el mundo que nos toca, como una demostración de que también es un gran negocio. El término “milagro” es adecuado para que una película bancada y orientada por la fe (o, al menos, la religión o la superstición alrededor de ella) sea el mayor éxito del cine norteamericano en estos días. Es cierto: Barbie y Oppenheimer están rompiendo todo, pero no sólo han dependido de una muy inteligente campaña de marketing sino de presupuestos generosísimos, estrellas, marcas instaladas desde hace décadas (la muñeca bomba y la Bomba, a secas) y algunos elementos aleatorios que no es menester citar aquí. Pero hechas todas las cuentas, establecidas las proporciones de gasto e ingreso, medido el lanzamiento de cada una, la película más exitosa en lo que va del semestre es Sound of Freedom.
El fenómeno es interesante: la película se terminó en 2018, la produjo una empresa independiente llamada Santa Fe Films y la iba a distribuir Fox. Disney compró Fox y Sound... quedó archivada. Los productores recompraron los derechos, se aliaron con la distribuidora de películas para las minorías (como se verá, no tan minorías) religiosas de los Estados Unidos y los catorce millones de dólares que costó la película se convirtieron, alabado sea el pregón boca a boca, en (a la fecha) US$148 millones sólo en el país de origen.
En la última semana se informó que la fecha de estreno en la argentina sería el 31 próximo.
Ahora bien: se la llama “película polémica”, se dice que tuvo presiones de “censura”, que muchos “no quieren que se vea”. rarísimo porque casi todos los medios importantes de su país la revisaron (con críticas que van de buena a muy buena, en general) y se estrenó junto a la última Indiana Jones en 3100 pantallas, un poco mucho para un film al que “las elites” quieren destrozar. En última instancia, al César lo que es del César y al marketing lo que es del marketing, y así es como el rumor de lo que podría haber en esa película le dio unas alas importantes.
Recomendación de estrellas
También el hecho de que haya sido recomendada por Mel Gibson y Elon Musk y tuviera un pase privado para Donald Trump. Y en el fondo es raro, porque Sound of Freedom no tiene nada de polémico.
La película se basa en las memorias de un agente federal norteamericano que renunció para dedicarse a rescatar a víctimas de la esclavitud sexual en américa Latina. El hombre se llama Timothy Ballard y en el film lo interpreta Jim Caviezel, quien ha sido el Cristo de la Pasión de Mel Gibson. La historia que narra la película es la de Ballard rescatando a un chiquito de siete años de las malvadas garras de los explotadores y la búsqueda subsiguiente de la hermanita del chico, aún secuestrada y en manos de las Fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, donde además de ser explotada sexualmente elabora cocaína.
Los tipos estos son malos malísimos, Ballard, bueno buenísimo, hay acción, suspenso y un meterse en la selva absolutamente riesgoso. No spoilearemos el final, pero digamos que no es nada que no pueda verse en un telefilm. Ni en narración, ni en estereotipos, ni en acción ni en resolución.
Pero los milagros son sólo casualidades que ocurren con total oportunidad y la película habla de niños esclavos sexuales. Pedofilia, un mal absoluto, es cierto, pero también la última bandera conservadora (o, si quieren, reaccionaria) para condenar cualquier avance civil. Los Estados Unidos son un país fascinante y complejo donde al wokismo extremo se reacciona con un reaccionarismo extremo. El término “extremo” es, digamos, la novedad de la última década. Pero como eso es pasto para los sociólogos, vayamos a por el cine y sus alrededores.
Un film en el que un hombre que ha declarado ser religioso (Caviezel) es el héroe que rescata niños de las perversas manos del vicio, en tiempos donde existe una teoría conspirativa que habla de secuestros infantiles con intenciones tremendas (sacarles una sustancia que produce la eterna juventud, usarlos en misas negras, incluso comérselos) por parte de la “elite” (que incluye a George Soros, Bill Gates y un largo etcétera de millonarios) es todo lo que una buena parte de los paranoicos de Qanon necesitan para su sano (¿sano?) esparcimiento. Una película “esclarecedora” aunque, digamos todo, nada de lo que aparece en este thriller más bien del montón (y un poco lento) apunta a esa tremenda teoría que mezcla números en la pizza con desembarcos extraterrestres.
Salvo el hecho notable de que tanto Ballard como Caviezel son fieles de Qanon. Otra vez, al César..., etcétera: la operación de Ballard en la que se inspira la película es cierta, pero no fue para rescatar (sólo) niños sino que fueron en total unos doscientos (poco más de cincuenta sí, niños) esclavos, muchos de ellos adultos. Y aunque la película no dice nada de la Gran Conspiración, sí muestra un héroe que renuncia a una institución estatal para ir a una cruzada moral particular, que no recibe demasiada ayuda (esto también es relativo).
Mensaje en clave
Como sabe cualquier lector de conspiranoias, un film de este tipo puede “leerse” como un mensaje en clave y lo que queda en el fondo del cáliz es que “No Se Puede Confiar En El Gobierno”. Qanonismo 1.1, aunque el 90 por ciento del cine de los setenta (por ejemplo) dice casi exactamente lo mismo.
Lo notable del éxito, en todo caso, es que aprovecha toda esta agua revuelta para generar la no tan sutil sospecha de que “hay que ver la película porque los Poderosos no quieren que se vea”, incluso si no hay absolutamente ningún indicio –y los datos duros plasmados más arriba lo confirman– de que así sea, incluso si el éxito comercial de Sound... hizo que se ampliara la cantidad de salas que la proyectan.
Incluso si parte del marketing consiste en una app donde puede “donarse” dinero para que quienes no pueden pagar un ticket puedan verla. Es interesante, porque es el mismo comportamiento (o similar) que tuvieron congregaciones e iglesias, no sólo en Estados Unidos, cuando La pasión de Cristo (sí, por cierto, distribuida por Fox y un negocio multimillonario).
Pero hay más datos: el 30% de los asistentes a las proyecciones de Sound... son de origen hispano (la película está dirigida y escrita por un mexicano, alejandro Monteverde, y casi todo el cast y la crew son latinos). Y el 50% de todo el público, mujeres. Mujeres preocupadas por el riesgo de que la sombra de la esclavitud sexual caiga sobre sus hijos.
Los hispanos en Estados Unidos mantienen, se sabe, sus tradiciones, muchas de ellas religiosas, y no constituyen un público al que el mainstream les dé demasiada importancia.
Si se tiene en cuenta que este año una de las películas más exitosas de un lánguido primer semestre en el que los superhéroes fueron aplastados por el Supervillano Desinterés fue el film confesional Jesus Revolution (que, con diez millones de dólares de presupuesto, recaudó quince millones en su fin de semana de estreno), es claro que hay un sector no menor del público norteamericano (tanto el más WaSP y tradicional como el más hispano... y tradicional) que no está representado y desconfía de la corrección política actual.
Aunque, seamos sinceros, hablar de pedofilia y matar terroristas implica otra clase de corrección política. En todo caso, en ambos extremos de un público un poco desconcertado brilla la idea de que el cine tiene que entretener e ilustrar, que en el fondo es un “mensaje” en clave. Y, en este caso, una palabra casi divina que llena.
El 30% de los asistentes son de origen hispano y el 50% son mujeres

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