lunes, 4 de septiembre de 2023

EL ESCENARIO


Preparativos para un movimiento sísmico
El sistema político y económico quedó en extrema tensión ante la posibilidad de que Milei llegue al poder, pero algunos ya conversan con él; los problemas estratégicos de Bullrich y de Massa
Jorge LiottiJavier Milei, en el epicentro del sistema político
Pero hay otra ala, inspirada más por una percepción emocional, que entiende que la partida quedó definida en agosto porque será muy difícil frenar la inercia que generó la sorpresa del triunfo de Milei (las primeras encuestas muestran que amplió sus números). Y especialmente, la naturaleza de ese éxito electoral. Aunque ni siquiera alcanzó un tercio del total, el voto libertario fue transversal en distintos planos: capturó adhesiones entre las dos principales coaliciones; en todos los segmentos sociales, en todos los grupos etarios y en diferentes sectores del país. La única disparidad se dio en materia de género, porque lo apoyaron mucho más los hombres que las mujeres.
Ese votante de Milei constituye un nuevo sujeto electoral, diferente al que caracterizó al peronismo (popular, clase media y baja, suburbano, trabajador)ytambiénaldejuntospor el Cambio (clase media y alta, profesional, urbano y rural productivo). Es transversal en un sentido profundo del término porque no se siente identificado con las viejas categorías, sino que busca recrear una nueva identidad, basada en el concepto de libertad; así de abstracto, y también de incierto. Los cohesiona el enojo con “la casta” que gobernó hasta ahora y la expectativa que ha sabido regenerar Milei. El sentido de pertenencia entre ellos hoy parece fortalecido, pero en el fondo es frágil como las amalgamas que se generan por necesidad en períodos de crisis. Depende de cómo funcione el experimento.
En el campamento libertario están convencidos de que quedaron muy cerca de la presidencia. Apuestan a ganar en primera vuelta porque así evitarían el riesgo de un frente a lo “anti Le Pen”, pero aún los números no le alcanzan. Igual piensan que en un ballottage son muy altas las probabilidades de imponerse. Y lo ilustran con el sincericidio santafesino: el gobernador peronista Omar Perotti y su probable sucesor, el radical Maximiliano Pullaro, dijeron que votarían a Milei en una segunda vuelta. Es la expresión cabal de que, por distintos motivos, las dos principales fuerzas prefieren una victoria de La Libertad Avanza a un triunfo de sus rivales tradicionales. La inercia de la grieta. Si gana el adversario histórico, es un problema propio; si gana el outsider, es un problema de todo el sistema. Además, el peronismo cree que así podría regresar más rápido al poder; y el macrismo, tener más incidencia. Una subestimación del fenómeno.
Los libertarios están preparando escenarios posibles de asunción, que incluyen la hipótesis de un agravamiento brusco de la situación económica que fuerce a una transición consensuada. La dinámica de funcionamiento es aluvional, como el propio Milei. No hay reuniones del estilo “gabinete en las sombras”, y cada referente de área va explorando su propio camino, algunos con poco acceso al líder (de hecho no conoce a varios integrantes de sus listas legislativas). Por ejemplo, el recién regresado Guillermo Francos, eventual ministro del Interior, estableció contacto con algunos viejos conocidos a los que les pidió números de teléfonos y ayuda para reconectarse con una realidad de la que estuvo alejado.
Los referentes económicos hasta ahora emergen con distintas líneas de acción, al menos en lo que se refiere al plan de dolarización, por un lado el trío FMI (Roque Fernández, Carlos Rodríguez y Darío Espstein) y por el otro Emilio Ocampo. “Trabajamos con el concepto de opciones abiertas, lo que nos permite debatir alternativas antes de definir un camino”, argumentan. Un hombre clave en el intento de articular esta estructura es Nicolás Posse, a quien identifican como posible jefe de Gabinete. Es uno de los que tienen la interpretación más fiel de lo que Milei quiere hacer en la gestión, y hoy se está encargando del armado de equipos técnicos, que traducido sería el equipo de gobierno. Al igual que Francos, viene de la factoría Eurnekian, un ámbito que para Milei tiene tanta gravitación que aún visita lo semanalmente para ver amigos e intercambiar ideas.
“¿Qué vamos a hacer en el gobierno? Transformar las lógicas con las que se manejó el poder hasta ahora. Vamos a trabajar con objetivos por áreas y vamos a interactuar con los actores del sistema que no sean casta a partir de establecer incentivos. Pensamos soluciones desde la realidad, no desde la autopreservación del poder como piensa la casta. No vamos a buscar la confrontación porque sí, porque no nos interesa el conflicto. Vamos a ser flexibles cuando debamos serlo”, señala uno de los integrantes del equipo de Milei.
El diseño embrionario de poder que están pensando en La Libertad Avanza está destinado a cambiar radicalmente el tablero político y económico del país. De aplicarse el modelo en preparación, generaría un verdadero terremoto. Más allá de que moderó su discurso, Milei está decidido a sacudir las tradiciones de negociación política con el convencimiento de que la dirigencia se alineará con sus planteos, y también los mecanismos de interacción con el establishment económico, al punto de que viene rechazando pedidos de reuniones de importantes referentes. La baja del gasto público que imagina será drástica y ya tiene las partidas en evaluación: 2,5 puntos del presupuesto de obras públicas, 5 de subsidios, 5 de transferencias discrecionales a las provincias, 1 del déficit de las empresas públicas y 1 de las jubilaciones de privilegio. Después vendrán la baja de los impuestos para que las empresas sean más competitivas, la “modernización laboral”, la eliminación de restricciones para llegar a una apertura del mercado, mientras en paralelo se avanza con la dolarización.
Hay por lo menos tres problemas centrales en el desarrollo del planteo libertario. En primer lugar, la linealidad de la secuencia de medidas económicas, que parece subestimar las resistencias que van a surgir en el camino. Ahí emerge cierto voluntarismo en el momento de plantear cómo sortearlas, basado en el segundo inconveniente: cómo se define quién es “casta” y quién no; quiénes quedan del lado de los reformistas y con quiénes se debe confrontar. Hay una realidad objetiva: tanto desde JXC como desde UP hay actores dispuestos a acordar en el caso de que gobierne Milei y ya mandaron intermediarios. Esto incluye a gobernadores, intendentes y dirigentes relevantes, que están convencidos de que lo que se avecina es un nuevo mapa político, donde dejarán de existir las dos coaliciones tal como están diseñadas hoy y que habrá una reconfiguración completa del tablero. La línea divisoria, la nueva grieta, estará marcada por quienes estén dispuestos a negociar y pasen a formar parte de la alianza táctica que propone Milei, y quienes se opongan y se integren a las filas de la resistencia. Se abriría así una etapa de confrontación más dura que la que marcó la polarización kirchnerismo-macrismo, sin certezas de que quede circunscripta al marco institucional.
El tercer inconveniente es el modo de liderazgo de Milei, que combina una narrativa avasallante, excentricidad y dosis de violencia verbal. Una cosa es un candidato en campaña, otra muy diferente un presidente en funciones. Es un rasgo que quienes lo conocen admiten irreparable. “Él es así, cuando desafían sus valores se pone vehemente, o cuando le discuten sin fundamento, te atropella”, justifican en su entorno. Esta emocionalidad inmanejable ante situaciones adversas genera mucha preocupación no solo dentro de la política, sino también en sectores empresarios, en instituciones y organismos no gubernamentales que han estado debatiendo el tema. Perciben un rasgo autoritario peligroso, porque interpretan que puede naturalizar un estado de confrontación social riesgosa entre quienes adhieren y quienes no a sus ideas.
Cómo entrar al ballottage
La convicción de los libertarios contrasta con las dificultades que arrastran Bullrich y Massa desde las PASO. Ambos se disputan el rol de contendientes de Milei para estar en una segunda vuelta. Para la candidata de JXC, en esta etapa lo prioritario es superar al ministro, y por eso va a enfrentarlo directamente, para recién en una tercera fase post- octubre concentrarse en el líder libertario. Massa, en tanto, busca polarizar con Milei, para bajarle el precio a Bullrich y antagonizar con “la derecha”.
En el fortín de Bullrich conviven emociones mezcladas. En su entorno más cercano hay un ánimo renovado desde la designación de Carlos Melconian como eventual ministro de Economía. Su incorporación apunta a fortalecer un frente débil de la candidata. Tendrá el economista una dura tarea por delante: demostrar la inviabilidad de los planes libertarios y reemplazarlos por los propios. No es un vacío a llenar, es un recipiente ocupado, cuyo contenido deberá suplantar. Prevalece la idea de que si Bullrich se queda con el 40% de quienes no fueron a votar y retiene el 80% de los apoyos a Horacio Rodríguez Larreta, puede superar el objetivo de los 30 puntos y estar en la segunda vuelta. Aparece la ilusión de repetir la secuencia de 2015, cuando Daniel Scioli quedó a punto de ser presidente en las PASO, pero después no pudo crecer más y la sorpresa fue Mauricio Macri, quien desde las generales se encaminó hacia el triunfo.
Pero no será fácil, ya que Bullrich es la que más debe luchar para retener votos. Según un trabajo de la Facultad de Psicología de la UBA actualizado esta semana, la candidata conserva el 81% de sus votos y se queda con el 49% de Larreta; mientras que Milei se asegura el 92% de sus votos y Massa el 95% de los suyos y el 81% de Juan Grabois. Este tipo de datos llena de dudas a varios sectores del espacio que ven que a Bullrich le cuesta reposicionarse en el escenario post-paso, como si la interna con Larreta hubiera sido tan absorbente que la dejó sin épica para la nueva etapa.
La otra complicación deriva de la dificultad para volver a cohesionar a todo el frente. Deambulan sin consignas claras desde Larreta y Gerardo Morales hasta Diego Santilli, Martín Lousteau, Ernesto Sanz o Emilio Monzó. Más allá de las fotos y los gestos, los derrotados a nivel nacional, bonaerense y porteño perciben que no hay voluntad de una auténtica integración. Prevalece en ellos la idea de que Bullrich está condicionada por un Macri que está aprovechando las circunstancias para arrastrar a la coalición a las orillas de Milei. En todas estas fisuras se filtran el pesimismo y la tentación de pensar en cómo acomodarse a un futuro libertario.
Massa no está en mejor situación. La semana en la que apuntaba a recuperar sintonía social con las medidas de compensación a la devaluación se transformó en un calvario. No solo los empresarios criticaron la suma fija, sino que se le rebelaron gobernadores, intendentes y gremialistas de su propio partido. Massa venía bajo una fuerte presión de Cristina y Máximo Kirchner para otorgar un bono que se sumara a lo que eventualmente se acuerde en paritarias, pero la propuesta del ministro de que fuera a cuenta de futuros acuerdos no los convenció. “Cristina quedó muy disconforme porque entiende que la reparación llegó muy tarde y que no es suficiente”, explican en el Instituto Patria. A su vez los gobernadores quedaron enojados porque no fueron consultados antes de tomar la medida. Lo cierto es que Massa no logró el efecto económico que buscaba y agravó su frente interno.
Su campaña pegó un giro brusco y hay un dato que lo grafica: la operatoria del búnker central de la calle Mitre está ahora gobernado por Malena Galmarini. Es ella quien imparte las directivas, ante la retracción evidente de Wado de Pedro. A muchos les llamó la atención que el ministro del Interior no activara sus vínculos para que los gobernadores acompañaran la suma fija. En este contexto, y con la vicepresidenta y su hijo sin dar señales de participación, Massa evidenció un aislamiento que hasta ahora había sido disimulado, con la única compañía de Axel Kicillof, otro solitario. Las campañas de los intendentes en varios municipios bonaerenses no tienen ninguna referencia al candidato presidencial ni a la sigla UP. Es un peronismo cuentapropista que preanuncia el desbande.
Massa tiene a favor indicios de que está en competencia para meterse en un ballottage, pero tiene en contra una realidad económica que esta semana lo exhibió con un instrumental vencido: los acuerdos de precios, las sumas fijas y los congelamientos de aumentos cada vez son menos efectivos. Pese a ello, los economistas de distintos frentes no visualizan un escenario de hiperinflación en el corto plazo, sí de índices de dos dígitos y de un deterioro social acelerado.
La definición electoral y la transición del poder se darán en un contexto de altísima volatilidad. Se avecinan tiempos turbulentos.

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Tras el triunfo, persiste un esquema de conducción radial y atomizado en LLA
Milei lidera con relaciones uno a uno con sus referentes; escasean las reuniones de equipo y persisten ciertas tensiones
Maia JastreblanskyCarlos Kikuchi, armador central de los libertarios
Las PASO dejaron a la criatura libertaria que fundó Javier Milei mucho más cerca del poder. La Libertad Avanza (LLA) entró en una reconfiguración: ahora, además de buscar un triunfo, este espacio político novato tiene que demostrar cómo va a gobernar si llega a ganar. Pero la dinámica interna del frente, caótica y atomizada, no se modificó en esta nueva etapa. Milei sigue cultivando un estilo radial de conducción, con relaciones uno a uno con sus subordinados que hace que persistan ciertas tensiones. Según pudo reconstruir  después de las PASO Milei no aglutinó a su tropa y las reuniones de equipo escasearon. En LLA siguen conviviendo distintos ejes estancos que reportan al candidato presidencial. “No hay liderazgo de equipo o definición de ciertas líneas. Ahora tenemos una nueva responsabilidad que aún estamos digiriendo”, dijo un importante referente libertario.
En términos políticos, por un lado, funciona el eje de Carlos Kikuchi y Karina Milei. Por el otro, opera el grupo de los Fundadores (así los bautizó el economista), en donde abrevan la candidata a vicepresidenta, Victoria Villarruel; el legislador porteño Oscar Zago, y el candidato a jefe de gobierno porteño, Ramiro Marra, con su socio, el legislador porteño Eugenio Casielles. Pese al triunfo electoral, todavía persisten rispideces entre ambos bandos por lo que fue el armado del espacio nacional.
“No se sientan todos juntos porque todavía hay tensiones y porque no es el estilo de Javier juntar a todos en una sola mesa”, reconoció un colaborador de LLA.
Un grupo aparte es el de los “cuadros técnicos”. Allí también hay un esquema disgregado, si bien Nicolás Posse –un ejecutivo de la Corporación América que está dispuesto a saltar a lo público– es el coordinador de los equipos para un eventual gabinete nacional. Las figuras que Milei menciona como posibles ministros tienen relación directa con él, por la confianza que le inspiran para distintos temas. Esta semana, por caso, viajó a Buenos Aires Guillermo Francos, que se perfila como eventual ministro del Interior.
En el team de economistas hay también dos grupos con planteos diferentes: por un lado funciona el “consejo de asesores”, que integran Carlos Rodríguez, Roque Fernández y Darío Epstein, y por el otro trabaja el “plan de dolarización”, que lidera Emilio Ocampo.
Milei faculta a sus dirigentes para que se ocupen de distintos asuntos, pero quienes reciben su empoderamiento tienen que actuar intuitivamente como el líder libertario espera. “Javier delega. Eso sí, si no le gusta cómo te moviste, sonaste”, reconoce un importante referente libertario.
Geografía libertaria
Con Milei en el epicentro, sin dudas la máxima autoridad después –o a la par– del candidato es su hermana. “El jefe”, como le dice el economista a Karina, centraliza todas las decisiones de la campaña, autoriza el material que se produce y maneja la agenda del candidato. Después de las PASO, asumió además el rol de gatekeeper, una suerte de filtro que define con quiénes se reúne Milei, ahora que muchos actores del sistema político quieren acercarse.
Kikuchi actúa en tándem con la hermana de Milei, aunque su principal misión, como armador nacional, ya culminó. Él delegó el armado de la provincia de Buenos Aires en Sebastián Parejas, que ahora trabaja integrado a la campaña de Carolina Píparo. La mano derecha de Kikuchi es Mariano Gerván, que fue funcionario en el Senado bajo el ala de Federico Pinedo.
El equipo de comunicación de la campaña reporta a los hermanos Milei. Allí tallan Leandro Vila (vocero del candidato), Agustín Romo (a cargo de las redes sociales), Santiago Oría (encargado audiovisual) y Fernando Cerimedo, estratega digital y consultor político, que ahora se encarga de formar una tropa de fiscales para octubre.
“La lógica de conducción de Javier es 100% radial. Por arriba empodera a la hermana y a Kikuchi, por abajo deja que jueguen otras figuras de forma más soterrada”, reconoce una figura preponderante del mundo libertario.
A los ojos de Milei, un grupo clave es el de los “fundadores”. Allí el economista ubica a Villarruel, su candidata a vice, que tiene a su cargo la coordinación de los equipos en materia de seguridad y defensa, su área de expertise.
También es de la “línea fundadora” Zago, un legislador porteño que creció en política de la mano de Daniel Angelici pero ahora se integró a LLA. Candidato a diputado, suena como eventual jefe de bloque en la Cámara baja. Zago es, a su vez, aliado del tándem Marra-casielles, que comanda el armado porteño del frente libertario. Es el trío más “político”, por la red de relaciones que cultivaron antes de que germinara el fenómeno Milei.
Por fuera esos esquemas, Milei tiene como consejero personal al consultor Santiago Caputo. Si bien no trabaja formalmente en la campaña, es un hombre de consulta para decisiones estratégicas.
Milei esquiva las reuniones populosas. Puede encontrarse con sus colaboradores en la sede del partido libertario, en Bull Market –la sociedad de Bolsa de Marra– o en Numen, la empresa de Cerimedo. A su casa solo asisten personas de su extrema confianza.

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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