Una ayuda para Trump en 2024
Andrés Oppenheimer
En una columna reciente argumenté que el presidente Joe Biden probablemente le gane al expresidente Donald Trump si ambos se miden en las elecciones de 2024. Sin embargo, hay un hecho reciente que me podría obligar a tragarme mis palabras: la aparición de contendientes de terceros partidos que podrían robarle muchos votos a Biden. Tanto el Partido Verde como un nuevo grupo bipartidista conocido como No Labels (Sin Etiquetas) han anunciado que presentarán candidatos muy competitivos. En una contienda en la que, según la última encuesta de The New York Times/Sienna, Biden y Trump están empatados, los exdemócratas que se presenten como candidatos de terceros partidos podrían restarle votos a Biden y ayudar a Trump a ganar las elecciones.
Eso es lo que pasó en 2016, cuando la exdemócrata que se presentó como candidata del Partido Verde, Jill Stein, obtuvo más del l% del voto popular. Lo que es más importante, Stein ganó por un margen superior al promedio nacional en 3 estados indecisos (Pensilvania, Michigan y Wisconsin), lo que ayudó a Trump a ganar el colegio electoral. Esta vez, el Partido Verde puede tener un candidato aún más fuerte. Cornel West, de 70 años, un conocido exprofesor de Harvard que es un invitado frecuente para hablar sobre temas afroamericanos en TV, anunció que se postulará para la nominación del Partido Verde.
West es más progresista y más conocido que Stein, lo que significa que podría obtener incluso más votos de jóvenes y afroamericanos que ella. Por otro lado, el grupo Sin Etiquetas aún no ha anunciado a su candidato, pero estaría cortejando al senador Joe Manchin (D-W.Va.), un demócrata conservador en temas fiscales que podría sacarle votos moderados a Biden. Los donantes bipartidistas de Sin Etiquetas se han presentado como “la alternativa anti-Trump” y han atraído la atención de centristas a quienes no les gusta ni Trump ni Biden, o sienten que los dos potenciales candidatos estarían demasiado viejos para ser presidentes. Biden cumplirá 81 años el próximo año y Trump, 78. Reflejando la alarma en los círculos demócratas, un grupo pro-Biden llamado Move On (Avancemos) ha presentado una petición para instar a los demócratas a denunciar el movimiento Sin Etiquetas, calificándolo de un proyecto “irresponsable”.
“Su candidato no puede ganar, pero puede ser un spoiler que regrese al poder a alguien como Donald Trump. Por lo tanto, me comprometo a oponerme a una candidatura de Sin Etiquetas en 2024 por el bien del país”, dice la petición de Avancemos. Sin candidatos fuertes de terceros partidos de centroizquierda en la contienda, sigo pensando que Biden lleva las de ganar en las elecciones del próximo año. La economía está mejor de lo que habían pronosticado muchos, el desempleo está cerca de mínimos históricos, la Bolsa de valores se recuperó, Estados Unidos lidera la revolución mundial de la inteligencia artificial, Biden ha reconstruido la alianza transatlántica que Trump casi había destruido y el gobierno de Biden está en sintonía con lo que piensa la mayoría de los estadounidenses en temas como el aborto, los derechos de las minorías y la lucha contra el cambio climático.
Además, la última acusación a Trump por cargos de que trató activamente de dar un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2020 no ayudará a Trump en una elección general. Según una encuesta de ABC/Ipsos publicada un día después de la acusación por los hechos del 6 de enero de 2021, el 65% de los adultos estadounidenses creen que los cargos contra Trump son graves, incluido un 51% que dice que son muy graves. Por supuesto, Trump afirma que los cargos en su contra son un complot de Biden para evitar que gane en 2024. Pero el argumento de Trump es muy débil, porque los principales testigos en su contra en el caso del 6 de enero son todos republicanos. Más: son altos funcionarios de su administración, incluidos el exvicepresidente Mike Pence y el ex fiscal general Bill Barr.
Pero como suele suceder con los demagogos mesiánicos, Trump aún tiene un fuerte apoyo de su base, puede ganar la nominación republicana y podría convertirse en un serio rival de Biden en 2024. Si los candidatos del Partido Verde o Sin Etiquetas le roban suficientes votos a Biden, pasarán a la historia como los tontos narcisistas que ayudaron a que Trump volviera al poder y posiblemente termine con la democracia de EE.UU
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El próspero reinado del “rey de la hojalata”
Maximiliano Gregorio-Cernadas
La principal cuestión de la inflación argentina radica en creer que las estructuras que han logrado dominar al país durante casi ochenta años ignoran qué hacer con ella pues, si ese fuese el caso, algo fallaría en la ecuación entre tanta ineptitud para gestionar los intereses ajenos y tanta genialidad para conducir los propios.
Resulta paradójico que el país de quienes se jactan de ser perspicaces deslumbre con los más fabulosos índices de inflación, se ilusione y consuele con los ardides de cada nuevo aprendiz de brujo, y se adormezca confiado en ese mundo de ensueño que le prometen, menos digno de un tratado académico que de un cuento infantil. Pero existe un relato que sí explica mucho de esta paradoja argentina y que está contenido en El secreto atómico de Huemul (Sudamericana/Planeta, 1985), de Mario Mariscotti, un libro revelador acerca de cuándo y cómo se inició la decadencia argentina.
Había una vez un genial científico argentino llamado Enrique Gaviola, formado en Alemania y en Estados Unidos con los próceres de la física nuclear mundial de entonces, que regresó al país en los años 30, resuelto a transformarlo mediante sus saberes de avanzada. Durante dos décadas, Gaviola, dotado de un extraordinario talento técnico, un tesón desbordante y una personalidad arrolladora, se abocó incansable aunque infructuosamente a plantear sus audaces propuestas ante las más conspicuas personalidades políticas, militares, científicas y empresarias de su tiempo.
Entre ellas, en 1947, consiguió una cita con el todopoderoso Miguel Miranda, asesor económico clave de Perón, apodado “el rey de la hojalata” por su artera intervención en la estatización de la red ferroviaria argentina, quien luego de escuchar uno de sus tantos proyectos –la precursora iniciativa de crear una universidad privada abocada al desarrollo tecnológico y aliada al empresariado– lo echó con humillante desprecio. Un Gaviola ya anciano, arquetipo de aquella prometedora Argentina malograda, recordaría la “impresión horrible e imborrable” que le causó Miranda, al que calificó como “el hombre que enseñó a robar imprimiendo billetes y creando inflación a Perón, quien la llamaba ‘la varita mágica de Miranda’”.
En esta alegórica escena para el destino del país confluyeron dos elementos emblemáticos de la tragedia argentina: una voluntad y capacidad de primer orden mundial para innovar a través de los conocimientos más adelantados, truncadas por un fraudulento ingenio para devorar la riqueza del país, en especial, la comida del plato de los más carenciados, que aún hoy son los más vulnerables al próspero y vigente sistema de expoliación creado por “el rey de la hojalata” y sus numerosos discípulos, esos astutos sheriff de Nottingham y rey Juan sin Tierra vernáculos que continúan despojando al país desde el más allá con su vieja artimaña. Como en la célebre obra de L. Frank Baum, El maravilloso mago de Oz, protagonizada por aquel insensible “hombre de hojalata” que carecía de corazón, continuamos después de tantos años viviendo como niños candorosos bajo el reinado del impiadoso “rey de la hojalata”, con la ilusión de que algún día seremos liberados de esta pesadilla por un mago.
Sin embargo, el truco de la inflación ha calado tan profundo en el imaginario argentino y ha producido y produce tantas fortunas entre políticos fulleros, empresarios prebendarios y especuladores taimados que ya no se trata solo de saber cómo acabar con ella, sino de que la parte rectora del país ya no sabe cómo ni quiere vivir fuera de esa ficción.
Diplomático de carrera y miembro del Club Político Argentino y de la Fundación Alem
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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