Formación
Doctor en Economía por la Universidad de Chicago
Trayectoria
Es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis; fue rector de la Universidad Di Tella y profesor en la Universidad de Chicago, la London School of Economics y la Universitat Pompeu Fabra.
Libros
Es coautor de La historia de la política fiscal y monetaria de América Latina. 1960-2017.
Juan Pablo Nicolini
“El secreto para resolver las crisis macroeconómicas no tiene tanto que ver con El tamaño del Estado”
Luciana Vázquez
El economista, que fue rector de la Universidad Di Tella y hoy es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis dice, en relación a la suba de impuestos, que el peso de lo real impone pragmatismo incluso al gobierno más libertario, y alerta sobre la enorme complejidad e incertidumbre de la coyuntura argentina
Voy a plantear un escenario hipotético: si se aprueban todas las desregulaciones pero el Congreso bloquea todas las reformas fiscales, no se va a resolver la inflación”, aclara. “Si yo tuviera algo que ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo”, propone. “A Milei en Davos lo pueden encontrar casi simpático, pero van a estar mirando qué hace y cómo le va”, dice.
El destacado economista Juan Pablo Nicolini, especialista en macroeconomía y teoría monetaria, estuvo en La Repregunta. Nicolini es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis, una de las instituciones que conforman el sistema de la Reserva Federal de EE.UU. Es doctor en Economía por la Universidad de Chicago.
Nicolini dejó claro que sus respuestas expresan sus opiniones personales y no representan la visión ni del sistema de la Reserva Federal ni del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis. Aquí, algunos tramos destacados de la entrevista.
–El gran debate en la Argentina es cómo abandonar esta crisis recurrente. Un tema que se instala, y lo instaló el presidente Javier Milei, es la pregunta acerca del peso del mercado y del Estado. ¿Cómo han jugado las dos posiciones en torno al mercado y al Estado en países de América Latina?
–Hay dos temas que son un poquito diferentes. Uno tiene que ver con estas crisis macroeconómicas recurrentes de la Argentina y lo otro es el peso del Estado. Son temas independientes. El secreto para resolver las crisis macroeconómicas no tiene tanto que ver con el tamaño del Estado sino con, una vez decidido el tamaño del Estado, recaudar los impuestos necesarios para financiarlo. Hay países como Francia donde el gasto del Estado sobre el PBI es más de la mitad pero que tiene inflación muy baja. Y puede haber economías con gasto y tamaño del Estado muy chico relativo al PBI, como la Argentina en los 70, y sin embargo tener inflaciones muy altas. Por eso separaría conceptualmente el tema del diagnóstico del presidente Milei con respecto a la inflación, que comparto completamente: lo que genera la inflación es el déficit fiscal crónico. El tema libertario va por otros carriles: tiene que ver con cómo se organiza una economía y con la mayor o menor pretensión de que crezca a través del tiempo.
–Pero desde la visión libertaria, un Estado grande es un obstáculo para el crecimiento porque, entre otras cosas, regula más y pone más impuestos.
–Para volver al tema de la inflación, una solución podría tener que ver con subir más la recaudación impositiva y echar para atrás la reforma del impuesto a las ganancias, que fue una locura completa. Se podría financiar el gasto con impuestos y se baja la inflación. Por otro lado, hay algunos, claramente el presidente Milei, que creen en desregular, y yo comparto buena parte de su diagnóstico desde el punto de vista de la microeconomía: la economía argentina está muy regulada y una flexibilización haría que crezca más. Pero yo encararía una desregulación de la economía aunque la inflación fuera del 2 por ciento. Por eso digo que hay dos temas separados. El Gobierno está subiendo impuestos porque tiene claro que si no baja el déficit, la inflación de 2024 va a ser más alta que la de 2023.
–¿Esa es una solución de racionalidad económica pero no necesariamente libertaria?
–Absolutamente. En este momento, cualquier economista con cualquier visión con respecto al tamaño del Estado, te va a decir que con este déficit fiscal no se puede vivir. Una vez que lo resolvés, después te podés plantear a futuro: bueno, ahora quiero un Estado más pequeño, quiero privatizar empresas públicas. Esa es una discusión, por un lado, con un alto grado de ideología y también con alguna evidencia, pero hay mayor heterogeneidad de opiniones entre economistas razonables. Pero vas a encontrar muy pocos economistas razonables que te digan que el déficit fiscal en la Argentina no es un problema. Entonces, hoy hay esa agenda doble. Por un lado, están preocupados y quieren bajar la inflación para 2024 y lo van a hacer con los elementos que tengan a mano. Y por otro lado, está la otra discusión sobre el Estado, que el Gobierno está llevando al mismo tiempo con este paquete de leyes que incluye un montón de desregulaciones. Pero te voy a poner un escenario hipotético: si en este paquete de leyes aprueban todas las desregulaciones pero el Congreso le bloquea todas las reformas fiscales, no vas a resolver la inflación.
–¿Podemos plantearlo de esta manera? Se puede desear ser libertario pero no se puede ser libertario en cualquier momento, y en esta particular crisis, la corrección del déficit fiscal demanda medidas no libertarias.
–Es una manera muy buena de ponerlo. La crisis te fuerza a un pragmatismo que tiene que dejar de lado tu visión de largo plazo.
–Desde la asunción de Milei, ¿qué rescata de positivo en relación a ese gran tema que es la inflación? ¿Y qué le preocupa?
–Lo que rescato como positivo es que hoy el debate en la sociedad cuenta con el diagnóstico correcto con respecto a cómo se resuelve la inflación. En estos casi veinte años, hemos tenidos presidentes del Banco Central diciendo que es falso que emitir dinero genera inflación. Hoy ese punto está fuera de discusión. Y se lo debemos básicamente al Presidente.
–Pasaron cosas desde la asunción. Una brecha del tipo de cambio que se redujo pero volvió a ampliarse; una inflación que en diciembre llegó al 25 por ciento; una fuga de plazos fijos hacia el dólar. ¿Qué avisora usted hoy en la Argentina?
–Este gobierno arranca con un objetivo explícito de bajar el déficit, que es lo que hace falta para resolver el problema. ¿Qué es lo que pasó con los planes de estabilización de la década del 80 en la Argentina? El Plan Austral, el Plan Primavera, todos tuvieron el mismo problema: el ajuste fiscal no se hizo y, además, no formaba parte del debate público. No había una aceptación clara de lo que había que hacer. Por otro lado, este gobierno arranca con reservas negativas. Lo que se ve en la historia, en gobiernos que venían con el objetivo claro de estabilizar como el Plan de Convertibilidad o el Plan Real en Brasil o el plan de Bolivia del 86, es que había otras condiciones: tenían reservas. Se puede estabilizar con el tipo de cambio mientras tenés reservas: da el tiempo necesario para hacer el ajuste fiscal. Es la situación ideal: podés hacer un plan de shock que resuelve el síntoma mientras resolvés el problema fiscal, la causa real de la enfermedad. Pero hoy no tenemos esas reservas para poder atacar el síntoma, y este gobierno está haciendo lo que puede. En un sentido, la devaluación fue bastante exitosa porque acortó la brecha durante varias semanas. Ahora la brecha se extendió y esto es lo que va a seguir sucediendo: no tenemos paliativos para resolver el problema fiscal que lleva muchos meses. Dependemos de la habilidad de la muñeca financiera del ministro de Economía y del presidente del Banco Central, que tienen que ir manejando las expectativas y la situación financiera del Estado. La brecha va a aumentar naturalmente porque el anuncio hecho sobre el tipo de cambio oficial es que va a ir moviéndose muy poco. Pero la inflación va a estar claramente por arriba. Y a medida que aumenta la brecha, empezás a tener todos los problemas que había cuando hiciste la devaluación inicial.
–¿Y entonces cómo se sale?
–Cuando el presidente menciona la palabra “hiperinflación” tiene el diagnóstico correcto. ¿A qué llamo “hiperinflación”? A un mes con 70 por ciento de inflación. ¿Podemos garantizar que eso no va a suceder? No hay manera de garantizarlo, salvo que el gobierno consiga hacer un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Si yo tuviera algo que ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo en caso de que algunas de estas cosas sucedan. Porque un mes de 80 por ciento de inflación puede llegar a ser terriblemente costoso para una cantidad gigantesca de gente.
–¿Qué tipo de ayuda podría dar el FMI?
–Una línea de crédito. En este momento, el circulante, o sea, la cantidad de pesos sobre el PBI, está en torno al 2 por ciento del Producto. Unos 10 mil millones de dólares: no es un número completamente loco. Podría permitir establecer un tipo de cambio fijo que frene las expectativas mientras, al mismo tiempo, se hace el ajuste. Veamos un escenario concreto: imaginate que arranquemos marzo con $1500 por dólar, que la inflación esté todavía en 20 por ciento en enero, que en febrero estemos en una situación de riesgo y que en las primeras semanas de marzo exista la percepción de que los precios están empezando a acelerarse. En ese momento, si tenés 10 mil millones de dólares, el Gobierno puede decir voy a fijar el tipo de cambio en $1500. Para que la gente, para que el mercado, crean que podés pagar ese valor, tenés que tener muchos dólares para mantenerlo. La ventaja de estos planes es que si conseguís esto, la economía se estabiliza y la inflación baja siempre y cuando estés haciendo la reforma fiscal por detrás. El Fondo hoy no va a dar nada pero en abril, si hay muestras claras de que el déficit fiscal va a ser muy pequeño en 2024 y que es creíble que para 2025 haya superávit, ese préstamo se devuelve solo: cuando bajás la inflación, el peso empieza a ser mucho más atractivo. Si la Argentina tuviera 15 mil millones de dólares, fijar el tipo de cambio en los próximos meses sería muy razonable. –Eso es una nueva devaluación.
–Si ves que la brecha se agranda, porque si seguís con 20 por ciento de inflación dos meses más, va a empezar a agrandarse: la devaluación fue más del cien por cien, quiere decir que todavía le quedan 80 del recorrido. Si pudiste pasar varias leyes que indican un Congreso receptivo a un ajuste y podés convencer al Fondo Monetario, se podría plantear una estabilización con un tipo de cambio. Los programas de shock que han funcionado mejor controlan el tipo de cambio pero, de nuevo, para eso necesitás tener reservas. Y hoy no las tenemos.
–Hay quienes sostienen que la hiperinflación le conviene al Gobierno por principios ideológicos y por el tema de la dolarización. ¿Podría haber chance de dolarización?
–Una hiperinflación sería terriblemente costosa para una cantidad gigantesca de argentinos. Nadie en su sano juicio puede querer que suceda. El argumento que se da es que si hay hiperinflación, se puede dolarizar con muchos menos dólares, lo cual es cierto, pero para eso también podés hoy decir que el peso no sirve más y ya está.
–¿La dolarización requiere del apoyo de la Fed y del gobierno de los Estados Unidos?
–Para dolarizar, no hace falta que la Reserva Federal diga nada. Ecuador lo hizo sin preguntarle. La mayor parte de los países razonables del mundo y hasta los no razonables tienen una moneda local. A veces, una política monetaria viene bien. Si se resuelve el problema del déficil fiscal, la dolarización no es necesaria. En algún momento del caos, puede ser que haga falta. Pero esa es una discusión hacia el futuro. Me gustaría aclarar algo muy de nicho, de economistas monetarios, pero bueno, nuestro presidente habla al público diciendo estas cosas. Hay una vieja idea que se asocia a (Frederich) Hayek sobre la provisión de moneda, que es como la provisión de tomates y se lo podemos dejar al mercado. Es una falacia. Trabajos de las últimas décadas muestran que no es así y, de hecho, no hemos visto muchos casos donde surjan monedas privadas. En los pocos que hemos visto, como el bitcoin, el precio tiene una volatilidad enorme que no lo hace muy atractivo como moneda. Que el mercado puede proveer moneda: el argumento teórico tiene fallas lógicas y además no hemos visto nunca un caso en la práctica. El caballito de batalla del Presidente siempre fue la dolarización, y el dólar no compite con el sector privado. Es la moneda que hace el gobierno de los Estados Unidos. No es que el presidente dice que compitan las monedas, que Techint, por ejemplo, genere su propia moneda y que gane plata con eso. Milei no está diciendo eso; está diciendo “dolarizar”. La competencia de monedas parece más utópica que otra cosa.
–¿O lo plantea como competencia de monedas soberanas en un mismo país?
–Pero es otra cosa, porque el argumento fundamental de Hayek es que emitir moneda debería ser un negocio. Hayek, que a veces Milei menciona como libertario, no se refiere a competencia entre monedas soberanas.
–El presidente Milei viajó a Davos con una idea: que iba a dar un discurso a los líderes globales reunidos en ese lugar donde “el socialismo ha ganado la batalla”. ¿Cómo se percibe ese desafío en las economías serias del mundo?
–Con una enorme curiosidad. Milei conoce toda esta literatura. Es un economista formado, que entiende la economía y que ha leído muchísimo de esta tradición libertaria. En la profesión, hay mucha simpatía por muchas de estas ideas. Pero nunca nadie vio un país donde el presidente las defienda, y que además esté en medio de una crisis económica gigantesca. Son grupos pequeños de gente que se junta cada tanto, que discute dentro de los modelos que se construyen en la Academia.
–En relación a las economías del mundo, Milei les está diciendo “ustedes son colectivistas”. ¿Hay algún reconocimiento de esto que dice? ¿Algo de autocrítica por la economía de los Estados Unidos, por ejemplo, con el alto endeudamiento?
–Dentro del grupo de economistas ampliado, desde Wall Street hasta los gobiernos, depende mucho del arco ideológico. Hay tipos como (Thomas) Piketty a quien le va a parecer un disparate, y otros mucho más hacia la derecha, hacia los libertarios, a los que les va a parecer ideal. Sí hay muchísima curiosidad por ver qué es lo que va a conseguir hacer. La Argentina ha sido un laboratorio de experimentos sociales. Milei ha generado un interés enorme entre otras cosas porque encara un experimento que hasta el momento no se ha hecho nunca. Es posible que no termine sus cuatro años de gobierno como también es posible que la Argentina entre en una senda de crecimiento del 6 por ciento por año durante 20 años. Las dos cosas son posibles. Se entiende también el personaje: que vaya a Davos y les diga “ustedes son todos socialistas y están haciendo todo mal”. Lo encuentran casi simpático, pero van estar mirando qué es lo que hace y cómo le va.
A Milei en Davos lo pueden encontrar casi simpático, pero van a estar mirando qué hace y cómo le va” “Si yo tuviera algo ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo”
El economista, que fue rector de la Universidad Di Tella y hoy es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis dice, en relación a la suba de impuestos, que el peso de lo real impone pragmatismo incluso al gobierno más libertario, y alerta sobre la enorme complejidad e incertidumbre de la coyuntura argentina
Voy a plantear un escenario hipotético: si se aprueban todas las desregulaciones pero el Congreso bloquea todas las reformas fiscales, no se va a resolver la inflación”, aclara. “Si yo tuviera algo que ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo”, propone. “A Milei en Davos lo pueden encontrar casi simpático, pero van a estar mirando qué hace y cómo le va”, dice.
El destacado economista Juan Pablo Nicolini, especialista en macroeconomía y teoría monetaria, estuvo en La Repregunta. Nicolini es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis, una de las instituciones que conforman el sistema de la Reserva Federal de EE.UU. Es doctor en Economía por la Universidad de Chicago.
Nicolini dejó claro que sus respuestas expresan sus opiniones personales y no representan la visión ni del sistema de la Reserva Federal ni del Banco de la Reserva Federal de Minneapolis. Aquí, algunos tramos destacados de la entrevista.
–El gran debate en la Argentina es cómo abandonar esta crisis recurrente. Un tema que se instala, y lo instaló el presidente Javier Milei, es la pregunta acerca del peso del mercado y del Estado. ¿Cómo han jugado las dos posiciones en torno al mercado y al Estado en países de América Latina?
–Hay dos temas que son un poquito diferentes. Uno tiene que ver con estas crisis macroeconómicas recurrentes de la Argentina y lo otro es el peso del Estado. Son temas independientes. El secreto para resolver las crisis macroeconómicas no tiene tanto que ver con el tamaño del Estado sino con, una vez decidido el tamaño del Estado, recaudar los impuestos necesarios para financiarlo. Hay países como Francia donde el gasto del Estado sobre el PBI es más de la mitad pero que tiene inflación muy baja. Y puede haber economías con gasto y tamaño del Estado muy chico relativo al PBI, como la Argentina en los 70, y sin embargo tener inflaciones muy altas. Por eso separaría conceptualmente el tema del diagnóstico del presidente Milei con respecto a la inflación, que comparto completamente: lo que genera la inflación es el déficit fiscal crónico. El tema libertario va por otros carriles: tiene que ver con cómo se organiza una economía y con la mayor o menor pretensión de que crezca a través del tiempo.
–Pero desde la visión libertaria, un Estado grande es un obstáculo para el crecimiento porque, entre otras cosas, regula más y pone más impuestos.
–Para volver al tema de la inflación, una solución podría tener que ver con subir más la recaudación impositiva y echar para atrás la reforma del impuesto a las ganancias, que fue una locura completa. Se podría financiar el gasto con impuestos y se baja la inflación. Por otro lado, hay algunos, claramente el presidente Milei, que creen en desregular, y yo comparto buena parte de su diagnóstico desde el punto de vista de la microeconomía: la economía argentina está muy regulada y una flexibilización haría que crezca más. Pero yo encararía una desregulación de la economía aunque la inflación fuera del 2 por ciento. Por eso digo que hay dos temas separados. El Gobierno está subiendo impuestos porque tiene claro que si no baja el déficit, la inflación de 2024 va a ser más alta que la de 2023.
–¿Esa es una solución de racionalidad económica pero no necesariamente libertaria?
–Absolutamente. En este momento, cualquier economista con cualquier visión con respecto al tamaño del Estado, te va a decir que con este déficit fiscal no se puede vivir. Una vez que lo resolvés, después te podés plantear a futuro: bueno, ahora quiero un Estado más pequeño, quiero privatizar empresas públicas. Esa es una discusión, por un lado, con un alto grado de ideología y también con alguna evidencia, pero hay mayor heterogeneidad de opiniones entre economistas razonables. Pero vas a encontrar muy pocos economistas razonables que te digan que el déficit fiscal en la Argentina no es un problema. Entonces, hoy hay esa agenda doble. Por un lado, están preocupados y quieren bajar la inflación para 2024 y lo van a hacer con los elementos que tengan a mano. Y por otro lado, está la otra discusión sobre el Estado, que el Gobierno está llevando al mismo tiempo con este paquete de leyes que incluye un montón de desregulaciones. Pero te voy a poner un escenario hipotético: si en este paquete de leyes aprueban todas las desregulaciones pero el Congreso le bloquea todas las reformas fiscales, no vas a resolver la inflación.
–¿Podemos plantearlo de esta manera? Se puede desear ser libertario pero no se puede ser libertario en cualquier momento, y en esta particular crisis, la corrección del déficit fiscal demanda medidas no libertarias.
–Es una manera muy buena de ponerlo. La crisis te fuerza a un pragmatismo que tiene que dejar de lado tu visión de largo plazo.
–Desde la asunción de Milei, ¿qué rescata de positivo en relación a ese gran tema que es la inflación? ¿Y qué le preocupa?
–Lo que rescato como positivo es que hoy el debate en la sociedad cuenta con el diagnóstico correcto con respecto a cómo se resuelve la inflación. En estos casi veinte años, hemos tenidos presidentes del Banco Central diciendo que es falso que emitir dinero genera inflación. Hoy ese punto está fuera de discusión. Y se lo debemos básicamente al Presidente.
–Pasaron cosas desde la asunción. Una brecha del tipo de cambio que se redujo pero volvió a ampliarse; una inflación que en diciembre llegó al 25 por ciento; una fuga de plazos fijos hacia el dólar. ¿Qué avisora usted hoy en la Argentina?
–Este gobierno arranca con un objetivo explícito de bajar el déficit, que es lo que hace falta para resolver el problema. ¿Qué es lo que pasó con los planes de estabilización de la década del 80 en la Argentina? El Plan Austral, el Plan Primavera, todos tuvieron el mismo problema: el ajuste fiscal no se hizo y, además, no formaba parte del debate público. No había una aceptación clara de lo que había que hacer. Por otro lado, este gobierno arranca con reservas negativas. Lo que se ve en la historia, en gobiernos que venían con el objetivo claro de estabilizar como el Plan de Convertibilidad o el Plan Real en Brasil o el plan de Bolivia del 86, es que había otras condiciones: tenían reservas. Se puede estabilizar con el tipo de cambio mientras tenés reservas: da el tiempo necesario para hacer el ajuste fiscal. Es la situación ideal: podés hacer un plan de shock que resuelve el síntoma mientras resolvés el problema fiscal, la causa real de la enfermedad. Pero hoy no tenemos esas reservas para poder atacar el síntoma, y este gobierno está haciendo lo que puede. En un sentido, la devaluación fue bastante exitosa porque acortó la brecha durante varias semanas. Ahora la brecha se extendió y esto es lo que va a seguir sucediendo: no tenemos paliativos para resolver el problema fiscal que lleva muchos meses. Dependemos de la habilidad de la muñeca financiera del ministro de Economía y del presidente del Banco Central, que tienen que ir manejando las expectativas y la situación financiera del Estado. La brecha va a aumentar naturalmente porque el anuncio hecho sobre el tipo de cambio oficial es que va a ir moviéndose muy poco. Pero la inflación va a estar claramente por arriba. Y a medida que aumenta la brecha, empezás a tener todos los problemas que había cuando hiciste la devaluación inicial.
–¿Y entonces cómo se sale?
–Cuando el presidente menciona la palabra “hiperinflación” tiene el diagnóstico correcto. ¿A qué llamo “hiperinflación”? A un mes con 70 por ciento de inflación. ¿Podemos garantizar que eso no va a suceder? No hay manera de garantizarlo, salvo que el gobierno consiga hacer un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Si yo tuviera algo que ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo en caso de que algunas de estas cosas sucedan. Porque un mes de 80 por ciento de inflación puede llegar a ser terriblemente costoso para una cantidad gigantesca de gente.
–¿Qué tipo de ayuda podría dar el FMI?
–Una línea de crédito. En este momento, el circulante, o sea, la cantidad de pesos sobre el PBI, está en torno al 2 por ciento del Producto. Unos 10 mil millones de dólares: no es un número completamente loco. Podría permitir establecer un tipo de cambio fijo que frene las expectativas mientras, al mismo tiempo, se hace el ajuste. Veamos un escenario concreto: imaginate que arranquemos marzo con $1500 por dólar, que la inflación esté todavía en 20 por ciento en enero, que en febrero estemos en una situación de riesgo y que en las primeras semanas de marzo exista la percepción de que los precios están empezando a acelerarse. En ese momento, si tenés 10 mil millones de dólares, el Gobierno puede decir voy a fijar el tipo de cambio en $1500. Para que la gente, para que el mercado, crean que podés pagar ese valor, tenés que tener muchos dólares para mantenerlo. La ventaja de estos planes es que si conseguís esto, la economía se estabiliza y la inflación baja siempre y cuando estés haciendo la reforma fiscal por detrás. El Fondo hoy no va a dar nada pero en abril, si hay muestras claras de que el déficit fiscal va a ser muy pequeño en 2024 y que es creíble que para 2025 haya superávit, ese préstamo se devuelve solo: cuando bajás la inflación, el peso empieza a ser mucho más atractivo. Si la Argentina tuviera 15 mil millones de dólares, fijar el tipo de cambio en los próximos meses sería muy razonable. –Eso es una nueva devaluación.
–Si ves que la brecha se agranda, porque si seguís con 20 por ciento de inflación dos meses más, va a empezar a agrandarse: la devaluación fue más del cien por cien, quiere decir que todavía le quedan 80 del recorrido. Si pudiste pasar varias leyes que indican un Congreso receptivo a un ajuste y podés convencer al Fondo Monetario, se podría plantear una estabilización con un tipo de cambio. Los programas de shock que han funcionado mejor controlan el tipo de cambio pero, de nuevo, para eso necesitás tener reservas. Y hoy no las tenemos.
–Hay quienes sostienen que la hiperinflación le conviene al Gobierno por principios ideológicos y por el tema de la dolarización. ¿Podría haber chance de dolarización?
–Una hiperinflación sería terriblemente costosa para una cantidad gigantesca de argentinos. Nadie en su sano juicio puede querer que suceda. El argumento que se da es que si hay hiperinflación, se puede dolarizar con muchos menos dólares, lo cual es cierto, pero para eso también podés hoy decir que el peso no sirve más y ya está.
–¿La dolarización requiere del apoyo de la Fed y del gobierno de los Estados Unidos?
–Para dolarizar, no hace falta que la Reserva Federal diga nada. Ecuador lo hizo sin preguntarle. La mayor parte de los países razonables del mundo y hasta los no razonables tienen una moneda local. A veces, una política monetaria viene bien. Si se resuelve el problema del déficil fiscal, la dolarización no es necesaria. En algún momento del caos, puede ser que haga falta. Pero esa es una discusión hacia el futuro. Me gustaría aclarar algo muy de nicho, de economistas monetarios, pero bueno, nuestro presidente habla al público diciendo estas cosas. Hay una vieja idea que se asocia a (Frederich) Hayek sobre la provisión de moneda, que es como la provisión de tomates y se lo podemos dejar al mercado. Es una falacia. Trabajos de las últimas décadas muestran que no es así y, de hecho, no hemos visto muchos casos donde surjan monedas privadas. En los pocos que hemos visto, como el bitcoin, el precio tiene una volatilidad enorme que no lo hace muy atractivo como moneda. Que el mercado puede proveer moneda: el argumento teórico tiene fallas lógicas y además no hemos visto nunca un caso en la práctica. El caballito de batalla del Presidente siempre fue la dolarización, y el dólar no compite con el sector privado. Es la moneda que hace el gobierno de los Estados Unidos. No es que el presidente dice que compitan las monedas, que Techint, por ejemplo, genere su propia moneda y que gane plata con eso. Milei no está diciendo eso; está diciendo “dolarizar”. La competencia de monedas parece más utópica que otra cosa.
–¿O lo plantea como competencia de monedas soberanas en un mismo país?
–Pero es otra cosa, porque el argumento fundamental de Hayek es que emitir moneda debería ser un negocio. Hayek, que a veces Milei menciona como libertario, no se refiere a competencia entre monedas soberanas.
–El presidente Milei viajó a Davos con una idea: que iba a dar un discurso a los líderes globales reunidos en ese lugar donde “el socialismo ha ganado la batalla”. ¿Cómo se percibe ese desafío en las economías serias del mundo?
–Con una enorme curiosidad. Milei conoce toda esta literatura. Es un economista formado, que entiende la economía y que ha leído muchísimo de esta tradición libertaria. En la profesión, hay mucha simpatía por muchas de estas ideas. Pero nunca nadie vio un país donde el presidente las defienda, y que además esté en medio de una crisis económica gigantesca. Son grupos pequeños de gente que se junta cada tanto, que discute dentro de los modelos que se construyen en la Academia.
–En relación a las economías del mundo, Milei les está diciendo “ustedes son colectivistas”. ¿Hay algún reconocimiento de esto que dice? ¿Algo de autocrítica por la economía de los Estados Unidos, por ejemplo, con el alto endeudamiento?
–Dentro del grupo de economistas ampliado, desde Wall Street hasta los gobiernos, depende mucho del arco ideológico. Hay tipos como (Thomas) Piketty a quien le va a parecer un disparate, y otros mucho más hacia la derecha, hacia los libertarios, a los que les va a parecer ideal. Sí hay muchísima curiosidad por ver qué es lo que va a conseguir hacer. La Argentina ha sido un laboratorio de experimentos sociales. Milei ha generado un interés enorme entre otras cosas porque encara un experimento que hasta el momento no se ha hecho nunca. Es posible que no termine sus cuatro años de gobierno como también es posible que la Argentina entre en una senda de crecimiento del 6 por ciento por año durante 20 años. Las dos cosas son posibles. Se entiende también el personaje: que vaya a Davos y les diga “ustedes son todos socialistas y están haciendo todo mal”. Lo encuentran casi simpático, pero van estar mirando qué es lo que hace y cómo le va.
A Milei en Davos lo pueden encontrar casi simpático, pero van a estar mirando qué hace y cómo le va” “Si yo tuviera algo ver con este gobierno, tendría a alguien sentado en Washington para poder tener un par de carros de bomberos listo”
Formación
Doctor en Economía por la Universidad de Chicago
Trayectoria
Es investigador senior del Federal Reserve Bank de Minneapolis; fue rector de la Universidad Di Tella y profesor en la Universidad de Chicago, la London School of Economics y la Universitat Pompeu Fabra.
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