
El infierno tan temido de la industria tecno, Episodio 7
ChatGPT salió a la cancha el 30 de noviembre de 2022 y se quedó con todo, arrebatándole el protagonismo a Google y a Facebook, que venían desde hacia rato trabajando con inteligencia artificial
Por diferentes razones, Facebook y Google, que hasta el 30 de noviembre de 2022 eran los reyes de la selva, quedaron en off side; ahora lo nuevo es la inteligencia artificial y eso es sinónimo de ChatGPT y OpenAI. ¿Cómo termina esta serie?
Ariel Torres
Como toda industria, la de la computación personal tiene sus rasgos únicos. De algunos de esos rasgos se habla poco y nada, no sé si por pudor o por una –nada inusual– tendencia a las cábalas. Recapitulemos.
Hasta que a un puñado de locos se les ocurrió la peregrina idea de que las computadoras podían interesarles a los mismos clientes que compraban televisores o lavarropas, la informática se movió con reglas semejantes a las de, digamos, la industria de la aeronáutica. B2B, como se llama en la jerga. Negocios entre empresas.
Una Alto de Xerox; nótese el mouse de tres botones, diseñado por Douglas Engelbart y su equipoJoho345-Dominio PúblicoPero cuando el público en general entró en la ecuación y el metrónomo se aceleró, a finales de la década del ‘70 (y desde entonces se ha ido acelerando cada vez más), el reglamento de este juego cambió. Y cambió de una forma brutal.
Dos principios se volvieron rectores. El principal es que el que pega primero se queda con todo. Podríamos ponernos románticos y proponer que, por lo tanto, es una industria motorizada por la innovación. Si no fuera por el segundo principio rector, que dice que el que se queda con todo tiende a concentrar. Siempre habrá un poco de concentración, si sos muy bueno haciendo algo, pero si caés en prácticas de abuso de monopolio, la primera víctima es la innovación. Y esas prácticas son una tentación casi ineludible, sobre todo si cotizás en Bolsa.
La primera curva
Pero sí, el as en la manga es la innovación. El caballito de batalla. El arma secreta. Por supuesto, en el transcurso podés meter la pata, como le pasó a MySpace, que nació en 2003 –o sea tres años antes de que Facebook, que había surgido en 2004 como algo exclusivo para Harvard, saliera al mundo– y sin embargo se fue a pique. MySpace fue una de las dos primeras grandes redes sociales (la pionera fue LinkedIn), pero naufragó.
Ahora bien, irse a pique es un fenómeno muy diferente de picar en punta. Esto se ve en cualquier carrera de coches. Podés picar en punta y volcar en la primera curva. Es decir, hay que ganar la carrera por la cima antes de cantar victoria; y, como se verá enseguida, las victorias en este negocio duran mucho menos que en la mayoría de los otros.
Por ejemplo, Xerox llegó primero a las computadoras con interfaz gráfica, con sus modelos Alto (1973) y Star (1981); pero no comercializó la primera y la segunda no calificaba como computación personal. No advirtieron ese cambio de paradigma que fundó los imperios de Apple, Microsoft, Intel, Compaq, Nvidia y AMD, entre otras.
Recambio
Hay un tercer principio, que es el que se menciona poco y sotto voce, y que se relaciona con la volatilidad de la supremacía en la industria tecno. Es un poco el antídoto contra la concentración. Pero es menester estar advertido. Lo mencioné muchas veces: el problema de la concentración, además de que lesiona la innovación, es que el privado que apuesta a una cierta plataforma (digamos, Instagram o, más todavía, WhatsApp), queda adherido al destino de esa plataforma. Y ahí es donde entra el tercer principio.
Alguna vez esta imagen sonaba moderna; cuando apareció el iPhone, BlackBerry (foto), Motorola y Nokia desaparecieronCada una cierta cantidad de tiempo –que se ha intentado establecer en siete años, pero nunca es así de exacto– esta industria se renueva. El rey del momento cae o se eclipsa y aparece uno nuevo, cambia el clima, casi todo lo previo empieza a sonar a viejo, y entonces el coloso monopólico, que se puso en contra a casi todo el mundo, empieza a pagar los costos. Los que hasta ahora le temían, le hacen frente, y por mucha espalda que tenga, cuando el viento tecno se pone en contra es imposible de remontar.
Le pasó a IBM, a Digital Equipment Corporation (DEC), a Microsoft, a Nokia, a BlackBerry y a Motorola, por citar un puñado de célebres. Si las cosas siguen como están, empezará a ocurrirles ahora a Facebook y a Google, por citar los más vistosos. Les guste admitirlo o no a sus protagonistas, llegó una nueva disrupción, la inteligencia artificial, y la trajo una compañía hasta ese momento tan desconocida como lo era Apple en el Silicon Valley antes de abril de 1976. Se llama OpenAI. Increíble como pueda sonar, OpenAI ganó la mano mediante una tecnología que ya estaba en manos de compañías como (¡ups!) Google y Facebook. Pero Facebook se perdió en el laberinto del Metaverso, y Google, en sus propios pruritos y en la pesadez burocrática que afecta a toda corporación cuando alcanza cierto tamaño (un asunto que siempre desveló a Steve Jobs, por ejemplo). Casi calcado de lo que le pasó a Xerox en 1981, cuando tenía todo, gracias al PARC, para quedarse con la computación personal. Y se le escapó de las manos (pese a que varias mentes del PARC, como Canfield Smith, Irby, Engelbart y varios más sí veían el potencial). Mark Zuckerberg dice que ahora su objetivo es lograr la AGI, siglas en inglés de Inteligencia Artificial Generalista, el Santo Grial de la IA. Podría ser tarde para estas declamaciones grandilocuentes. Y una AGI cabal parece bastante lejana, según los que conocen de estos asuntos.
Reinvención o fracaso
Lo que sigue a esas crisis es, sin embargo, muy interesante. En esta industria hay dos posibles salidas para la inevitable crisis que les llega a todas las grandes corporaciones. (Google, lo dije oportunamente, fue una de las que más duró invictas, hasta el 30 de noviembre de 2022.)
El buscador Altavista nacido, tarde, en los laboratorios de redes de Digital Equipment Corporation...Gentileza computerhistory.orgUna salida es insistir, y eso conduce a la desaparición. La otra es reinventarse. Esto último fue lo que hizo IBM a partir del catastrófico balance de enero de 1993, y hoy es relevante de nuevo en algo que tarde o temprano podría cambiarlo todo: la computación cuántica. Lo hizo también Microsoft, cuando se pasó por alto la movilidad, y y hoy le pelea a Apple el puesto de la compañía mejor valuada del mundo. Se reinventó, dejó sus herramientas gastadas en un segundo lugar (Office, Windows), apostó por la nube y, en 2019, en una movida genial, puso 10.000 millones de dólares en OpenAI. ¿O sea que un coloso que cayó puede volver a la cima? Sí, claro, pero el proceso de reinvención no es para timoratos.
DEC, en cambio, insistió, y fue deglutida por Compaq (a la que luego adquirió HP). Yahoo! insistió –¿recuerdan el concepto de los portales?– y hasta rechazó una oferta de 45.000 millones de dólares de Microsoft. Terminaron malvendiéndola por una fracción de ese dinero. Hoy ya no existe.
Marissa Mayer, estrella en Google, fue reclutada para intentar salvar a Yahoo!, pero ya era tardePor supuesto, el actual episodio de la revolución digital recién empieza, la situación es muy líquida, OpenAI casi rompe todo cuando el directorio echó a Sam Altman, y tanto Google como Facebook tienen la espalda financiera y la tecnología para intentar burlar el primer principio rector. La cuestión es cuán cerca están sus responsables de ver exactamente lo que está pasando y de entender que hasta ahora no han hecho sino repetir una dinámica vieja como los chips (caramba, los chips ya son algo viejo).
Y si no, miren esta secuencia. DEC y Xerox no vieron la computación personal (ganaron Apple, Commodore, Tandy e IBM). IBM no creyó en la computación personal (ganaron Apple, Intel y Microsoft). Microsoft metió la pata dos veces: no vio el fenómeno de Internet (casi gana todo Netscape) y no vio la movilidad (ganó Apple). Google, Microsoft, Amazon y casi todas las demás no pudieron hacer pie en las redes sociales (y eso que Amazon había sido pionera con sus reseñas de usuarios y los algoritmos de sugerencia); ganaron Facebook y Twitter. Los estudios de cine no vieron el streaming, y ahora Netflix es un estudio de cine. Y en el actual episodio, OpenAI hizo exactamente lo mismo que originalmente habían hecho Apple (varias veces: en 1976/1977, 1984, 2007) e IBM (en 1981). Es decir, puso al alcance de todo el mundo un producto disruptivo. Pegó primero y ahora va por todo.
Pero el metrónomo está yendo cada vez más rápido.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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