jueves, 27 de junio de 2019

OPINIÓN....FEDERICO GONZÁLEZ ROUCO


En los últimos cuatro años se pusieron los cimientos para crecer sostenidamente
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Federico González Rouco
En estas elecciones no se define solo el rumbo del país para los próximos cuatro años, sino también para las próximas décadas. A pocos meses de las elecciones, las comparaciones entre el pasado, el presente y el futuro son cada vez más usuales. El proceso de estabilización que estamos transitando, cada vez más consolidado, permite dejar 2018 atrás y empezar a ver con mayor nitidez cuál será la herencia de este mandato de Cambiemos.
Uno de estos aspectos es la normalización de la economía. En 2015, Cambiemos asumió con una economía en default, con controles de cambios y sin un Indec que permitiera conocer la evolución de los precios, la actividad económica, la pobreza, el desempleo, la industria. Todo esto fue solucionado en los primeros meses de gobierno, y este mandato que termina el 10 de diciembre dejará una economía con tipo de cambio unificado, sin controles de cambios, que ya no está en default y que tiene estadísticas creíbles.
Al momento de asumir Cambiemos, seguíamos sufriendo las consecuencias de la crisis de 2001. Posiblemente, esa será una cicatriz que le quedará a la Argentina por mucho tiempo, ya que un default de ese tipo no se olvida fácilmente por parte de quienes quieren invertir en la Argentina.
Entre 2003 y 2015, el gasto primario de la Nación y las provincias casi se duplicó (pasó de 22% a 41% del PBI). Este aumento se reparte mayoritariamente en tres componentes: subsidios a los servicios públicos, empleo público nacional y de las provincias y prestaciones de la seguridad social. La presión tributaria también aumentó: pasó del 24% al 31% en el mismo período. La mayoría de las provincias no alcanzaban a cubrir sus gastos y algunas no podían siquiera pagar sueldos ni aguinaldos.
El Estado nacional pasó de tener un superávit de 4% del PBI en 2003 a tener un hueco fiscal superior al 5% en 2015. Nunca se llegó a cubrir las necesidades de financiamiento y esa fue la causa por la que se empezó a usar al Banco Central como una caja de la cual sacar recursos. En 2015, el Banco Central estaba quebrado.
Hoy, cuatro años después, el gasto primario consolidado bajó en casi cinco puntos del PBI, sin afectar el gasto social. La presión tributaria, además, habrá bajado casi tres puntos del PBI a fin de año y será la más baja desde 2009. Es decir, en estos cuatro años habrán bajado el gasto público y la presión tributaria. Además, en 2019 el Estado nacional cerrará con equilibrio primario, condición necesaria para empezar a pensar en una reducción de largo plazo de la inflación.
El aumento en el nivel de deuda se explica en cómo se financia el Estado, que dejó de hacerlo vía el Banco Central y volvió a hacerlo a través de los mercados, y en que volvieron a computarse obligaciones por mucho tiempo relegadas. La única forma de desendeudar a un país es con equilibrio fiscal y crecimiento económico.
En 2018, los shocks externos, sumados a la fragilidad de la economía argentina, obligaron a acelerar la eliminación de desequilibrios y a ir al FMI como fuente de financiamiento, para evitar tener que aceptar las tasas de interés altísimas que nos ofrecía el mercado. La aceleración de la inflación, especialmente en el segundo semestre, impactó directamente en el poder adquisitivo y en el consumo. A medida que se consolide el proceso de estabilización, esto quedará atrás.
En cuanto a lo estrictamente productivo, la situación heredada era preocupante. En diciembre de 2015 la economía ya acumulaba un semestre completo en recesión. Las exportaciones de carne de vaca eran 63% menores a las de 2007; las de leche, 26% inferiores a las de 2011; el área sembrada de trigo había tenido las peores cinco campañas en décadas y cada vez producíamos menos gas y petróleo, aun con el potencial de Vaca Muerta y las energías renovables.
Cambiemos asumió luego de 30 meses consecutivos de caída de las ventas al exterior, con un tercio menos de empresas exportadoras que unos pocos años antes, con mecanismos extorsivos para importar y, así y todo, con déficit comercial. Hoy le vendemos más al mundo de lo que le compramos, pero esto no es casualidad: tenemos una política activa para facilitar que las pymes sean parte de la discusión global, con menos trámites, de manera digital, con acompañamiento en todo el proceso y con menores costos para los pequeños exportadores.
En el largo plazo, las empresas que nacen en la Argentina deberían tener, desde el comienzo, el foco en ser exportadoras y dejar atrás la idea del "saldo exportable". Se impulsó la apertura de más de 170 mercados y la "marca Argentina" es hoy conocida y respetada en todo el mundo. El país hospedó un G-20 modelo que se volvió referencia, en términos de su organización, para los próximos eventos.
Parte de la mejora del perfil exportador se explica por el tipo de cambio, que ayuda pero que no debe ser lo único a tener en cuenta. Hoy el tipo de cambio está en niveles competitivos. Los productos argentinos son atractivos a nivel global por su precio. El tipo de cambio real, ajustado por inflación, está en niveles parecidos a los de 2011. Al momento de asumir éramos 35% más caros.
En 2015 la economía argentina necesitaba también otras reformas estructurales para salir adelante. Lo hecho en términos de obra pública es crucial para conectar a los distintos eslabones de la cadena productiva entre sí y con el mundo. Se hizo el plan de obras más ambicioso de las últimas décadas, que sirve para empezar a recuperar el tiempo perdido. Se recuperaron caminos, rutas, autopistas; hay más familias conectadas al gas, a cloacas y a agua potable; se reconstruyeron aeropuertos en todo el país y hoy, además de que hay muchas más empresas y rutas aéreas, ya no es obligatorio pasar por Buenos Aires para ir a las principales ciudades del país o del mundo.
Vaca Muerta, si bien sigue con un potencial enorme, es una realidad que posiciona al país como un jugador clave en la producción de hidrocarburos. Y las energías renovables triplicaron su participación en la matriz eléctrica, con 30 proyectos de generación de energía limpia.
Todo esto fue posible gracias al trabajo en conjunto con el Congreso, que permitió que se aprobaran leyes clave como de apoyo a emprendedores, la de financiamiento productivo, la de pymes, la de ART, la tributaria, el consenso fiscal, la ley del arrepentido, la de regularización dominial y la de economía del conocimiento, entre otras.
La herencia es significativamente mejor que la que recibió Cambiemos en 2015. En diciembre, el Estado tendrá superávit a nivel nacional y provincial; habrá superávit comercial; desempleo y pobreza a la baja; economía en recuperación tras una década de estancamiento; tarifas y tipo de cambio competitivo; una nueva red vial y férrea; inversión en cloacas, gas y agua; y los primeros pasos dados para aprovechar el potencial de Vaca Muerta, las energías renovables, el turismo y la economía del conocimiento.
Queda muchísimo por hacer, pero lo hecho deja a la Argentina en una situación mucho más sólida para comenzar a crecer de manera sostenida. El próximo gobierno tendrá una macroeconomía más ordenada y eso es un gran punto de partida. El desafío será continuar el proceso.
El autor es economista de Jefatura de Gabinete de la Nación

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