Los isleños buscan alejarse más de la Argentina
La épica imperante pretende reafirmar el camino a la autodeterminación y el reclamo a Gran Bretaña para que no les suelte la mano; historia tergiversada y oportunidades perdidas
Alejandra Conti y Sergio Suppo archivo Alejandra Conti y Sergio Suppo son coautores del libro Malvinas, el lugar más amado y desconocido por los Argentinos (Ariel)
En los 41 años que pasaron desde la Guerra de Malvinas los isleños han construido un relato histórico que ubica a 1982 como el año en que se liberaron de la Argentina y comenzó su verdadera autodeterminación. Esa narrativa comprende una nueva épica, con héroes y muertos propios, que da sustento a un reclamo a Gran Bretaña, que no se agotó después de la contienda. Más que un pedido, es una exigencia: que no les suelten la mano.
Una forma de conocer ese nuevo relato y de entender de qué se trata es visitar el museo de Puerto Argentino/stanley. Los museos siempre han servido para marcar una línea política según la época. El de la capital de las islas no es la excepción y resulta particularmente revelador.
Se encuentra en el centro, en la parte más antigua de la capital de las islas, el lugar en el que se fundó Stanley en 1843, cuando los ingleses decidieron dejar Puerto Soledad y trasladarse a este lugar que tiene mejores condiciones para la llegada de los barcos a vela. En ese terreno hay un par de pequeñas construcciones de aquella época que han sido restauradas; son parte del complejo museístico y sirven como muestra de la vida cotidiana en el siglo XIX. El cuidado con que se mantiene este complejo contrasta con el abandono al que están condenados los restos de Puerto Soledad, donde en 1833 fueron desalojadas las autoridades argentinas con parte de la población.
El Historic Dockyard Museum no es muy grande, pero está organizado profesionalmente. En la planta baja, la muestra permanente comienza con objetos y testimonios de la colonización británica después de 1833. Se pueden ver elementos de uso cotidiano, desde ropa, vajilla, algunos muebles, libros, cuadros hasta los inquietantes instrumentos del dentista de la época. Pasando este sector se llega a la parte dedicada a la guerra, que ocupa casi la mitad de la planta baja. En el antiguo museo había elementos rescatados de los campos de batalla, como una bandera argentina, notas de soldados solicitando a los vecinos que les vendieran comida y la reconstrucción de una trinchera con elementos reales que habían quedado en la ciudad o en las afueras después del final de la guerra. En una visita anterior, en 2007, habíamos visto la comparación de un equipo de víveres de oficiales versus el de soldados rasos, como para resaltar la pobreza de lo que se les daba a estos últimos.
En el nuevo museo la exhibición tiene otras características. En una sala moderna y revestida en madera clara, se proyecta en loop un audiovisual con testimonios de isleños sobre la guerra. Las imágenes históricas y el sonido real de los combates se superponen con las declaraciones de diferentes personas que cuentan qué hacían, dónde estaban, qué les pasó durante ese tiempo. El resultado apela a lo emotivo y es un resumen de la visión que los isleños tienen del conflicto. En la pared de enfrente a la de la pantalla con el video, una línea de tiempo señala algunos de los hitos de la situación política de las islas respecto del reclamo argentino. Nos detenemos ahí.
En la entrada que corresponde al año 1941 se indica que “por primera vez desde la ratificación de la convención de paz de 1850”, Argentina renueva sus reclamos sobre las islas. Aquí aparece este acuerdo de 1850 que se ha convertido, repentinamente, en caballito de batalla de la argumentación isleña. Algunos locales, entre ellos varios funcionarios, esgrimen que sería la prueba concluyente de los derechos británicos sobre las islas. Se basan en el libro Falklands Facts and Fallacies, de Graham Pascoe. Los autores sostienen que el acuerdo de 1849-50 determina la renuncia implícita a los derechos argentinos sobre las islas.
Si vamos a los libros y a la documentación que toman como base para su afirmación, vemos que el argumento no tiene sustento. En el acuerdo de 1850 (en realidad 1849, pero ratificado al año siguiente), Juanmanuelderosas,ennombrede la Confederación Argentina, da por terminada la enemistad argentinobritánica a raíz del bloqueo del Río de la Plata por parte de Gran Bretaña y Francia en cuyo marco se produjo la Vuelta de Obligado en 1845. El tratado se denominó “Convención para Restablecer las Perfectas Relaciones de Amistad entre la Confederación Argentina y Su Majestad Británica”, o tratado Arana-southern.
¿En África?
Por mucho que uno busque en el texto, en ninguna parte se hace mención a las Malvinas o Falklands. Sería ilógico que así fuera, ya que el conflicto que venía a cerrar era otro, el del bloqueo anglofrancés al Río de la Plata. Los autores, en un exceso de libertad interpretativa, aseguran que este acuerdo hace caer el derecho de Argentina de heredar las posesiones de la colonia española, nada menos. El argumento fue adoptado por los isleños y grupos de presión que hacen lobby para ellos, y aparece en el museo como si fuera un hito histórico indubitable. Nada que haya quedado por escrito da a entender semejante conclusión. Asociado a esto figura también una afirmación relativamente nueva e igualmente insólita que figura en el sitio web del gobierno local de las islas. El texto señala: “Geográficamente, las Islas Malvinas alguna vez formaron parte de África Oriental”. Los deseos de diferenciarse de la Argentina continental llegan a este punto.
Volviendo al museo, otra entrada de la línea de tiempo de enorme significancia figura debajo del año 1971: el Acuerdo de Comunicaciones firmado ese año entre Argentina y Gran Bretaña, cuando se establecen los vuelos regulares de LADE entre las islas y la Argentina continental, se acuerdan programas de becas para que chicos malvinenses puedan ir a los colegios bilingües de Buenos Aires y Córdoba y se elimina el vínculo marítimo que unía las islas con Montevideo. Esta política fue una propuesta de los propios británicos, según contó Carlos Ortiz de Rozas en una entrevista publicada en 2006 : “En 1966, yo era encargado de negocios en Londres y estaba a cargo de la embajada cuando Henry Hohler, subsecretario del Foreign Office para Asuntos de América del Sur, y Robin Edmonds, jefe de la división del Foreign Office a cargo del tema Malvinas, me invitaron a almorzar. Hohler me dijo que las islas habían dejado de tener el valor estratégico que habían tenido para la Marina británica en las dos guerras mundiales. Creía que había que resolver la disputa de soberanía, ya que, tarde o temprano, la Argentina recuperaría las islas, pero que no se podía hacer de una manera repentina. “Es necesario que ustedes conquisten las mentes y los corazones de los isleños, para que no haya resistencia de parte de ellos”, dijo Hohler. Esta conversación la transmití a Buenos Aires y a partir de entonces empezó un largo camino que fue la negociación para el Acuerdo de Comunicaciones de julio de 1971”.
De nuevo en la línea de tiempo que expone el museo, junto al año 1974 un cartel señala: “Gran Bretaña deja de enviar combustible a las islas, que van a ser provistas por YPF”. Clara señal del desinterés de Gran Bretaña por los isleños. Y en 1975 otra entrada menciona: “Discusiones sobre la soberanía. En un encuentro en Río, el Foreign Office admite la discusión de soberanía con Argentina”.
Volvemos al testimonio de Ortiz de Rozas: “El 11 de junio de 1974, la embajada británica en Buenos Aires le propuso al gobierno argentino un condominio en las Malvinas. La propuesta era extraordinaria: los idiomas oficiales serían el español y el inglés, los isleños iban a tener doble nacionalidad, se suprimían los pasaportes. Los gobernadores de las islas serían nombrados alternativamente por la reina y por el presidente argentino, las dos banderas iban a flamear en las islas. (...) Esa propuesta tenía la aprobación del Consejo Legislativo y del Consejo Ejecutivo de las islas. Juan Domingo Perón (entonces presidente), inteligentísimo, le dio instrucciones a Alberto Juan Vignes, su canciller, quien me dio una fotocopia de ese acuerdo. Le dijo: ‘Vignes, esto hay que aceptarlo de inmediato. Una vez que pongamos pie en las Malvinas no nos saca nadie y poco después vamos a tener la soberanía plena’. Pero el diablo metió la cola y dos semanas después, antes de que Vignes pudiera hacer nada, murió Perón. Cuando el canciller insistió con la viuda, Isabel Martínez de Perón, ella le dijo: ‘No tengo la fuerza política del general para venderle esto a la opinión pública’. Evidentemente, muchos argentinos se iban a resistir a la soberanía compartida, con esa errónea visión del todo o nada. Bueno: fue nada”.
Claramente, María Estela Martínez no podría haber llevado ese proyecto adelante. Nos queda la duda de si, en caso de que las negociaciones se hubieran completado con Perón vivo, el Parlamento británico hubiera aprobado la cesión. Además, los isleños aseguran que nunca habrían avalado semejante propuesta.
De nuevo en la línea de tiempo del museo isleño, en la entrada correspondiente al año 1976 señala el informe Shackleton, una misión de investigación encargada por el gobierno británico al geógrafo, explorador y político Edward Shackleton. Dicho informe indicaba que la conexión con el continente era vital para el progreso económico de Malvinas.
En la entrada correspondiente al año 1981, se explica que el Acta de Nacionalidad Británica les quitó la nacionalidad a muchos isleños. Los habitantes de las colonias ya no iban a ser ciudadanos de pleno derecho, salvo que tuvieran uno de los padres o uno de sus abuelos nacidos en el Reino Unido. Esto se revirtió en 1983, pero en su momento fue otra cachetada al orgullo isleño. La inclusión de este hecho en la línea de tiempo es una señal clara de que hay cosas que no se olvidan ni se perdonan. Los argentinos debemos interpretarlo como un recordatorio de lo que pasaba delante de nuestras narices. Todo lo que podría haber sido y no fue, pero también todo lo que creemos que pudo haber sido y en realidad no existió.ß
Un texto publicado en el sitio web del gobierno local dice que las islas formaron parte de África
Isabel Perón no quiso involucrarse en 1974 en un plan para establecer una soberanía compartida en Malvinas
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El diálogo por la soberanía parece cada vez más difícil
La caída del acuerdo Foradori-Duncan, dispuesta por el gobierno de Alberto Fernández, ahonda el estancamiento en la relación
Daniel Santa Cruz
“En 1982 nosotros veíamos la BBC dos horas por día, leíamos diarios británicos que llegaban días después, teníamos radio, sabíamos lo que sucedía en Argentina, donde había un gobierno militar que secuestraba y desaparecía personas, era una dictadura. Bueno, un día amanecimos con esos militares que venían a gobernarnos. Para nosotros fue una invasión de esa dictadura, nunca superamos eso”, así recordó aquel 2 de abril J. Grimms, un granjero inglés que desde 1966 vive en las Islas Malvinas. Ese sentimiento quedó impregnado en los habitantes de las islas. Desde entonces solo se permitieron un acercamiento verdadero con Argentina cuando colaboraron, y de buena manera, con el Plan Humanitario que permitió identificar a 120 soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin.
La guerra dilapidó todo tipo de convivencia e interacción con los isleños, que, de alguna manera, hasta ese entonces necesitaban de nosotros. Hoy las islas están cada vez más lejos, mucho más que antes del enfrentamiento bélico cuando existía una convivencia por necesidad, con isleños que viajaban al continente a atenderse a hospitales, a tener sus hijos o a estudiar. Además, desde 1971 un grupo de maestras argentinas viajaba a las islas a enseñar español y en base a un acuerdo con las autoridades locales, existía presencia de empresas públicas argentinas en las islas, como YPF, Gas del Estado, Correo Argentino, hasta se abrió una oficina de LADE en Puerto Argentino que funcionaba cuando desembarcaron las tropas argentinas.
Este mes se cumplieron 10 años del referéndum de autodeterminación de las Islas, donde los habitantes decidieron ser territorio de Ultramar del Reino Unido. La guerra congeló las relaciones con el país. Sí hubo un intento de acercamiento en 2016 cuando los entonces vicecancilleres de los dos países, el argentino Carlos Foradori y el británico Alan Duncan, firmaron una declaración conjunta en la que se buscaba mejorar la relación bilateral y “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas”, entre otros aspectos diplomáticos. Ese acuerdo fue anulado por la cancillería argentina hace un mes y solo ahondó la imposibilidad de avanzar en un diálogo de soberanía estancado en el tiempo y que hoy parece imposible desde todo punto de vista.
Según los isleños, la “hoja de trabajo conjunta” era una posibilidad de acercar posiciones y dan como ejemplo que ese tratado permitió el trabajo humanitario en conjunto para identificar los cuerpos de los soldados caídos. La presidenta de la Asamblea Legislativa que administra el gobierno local, Leona Roberts, dijo a través de un comunicado: “Es muy decepcionante que Argentina haya tomado esta decisión, pero no es inusual. Estamos desgraciadamente muy acostumbrados a que Argentina incumpla sus acuerdos. Apoyamos el trabajo humanitario relacionado con los caídos de guerra argentinos y hemos seguido comportándonos como la parte responsable y compasiva. Nos entristece que todo el trabajo que hemos realizado desde 2016 será un ejemplo más de que Argentina no es lo suficientemente adulta para hablar con nuestro país sobre temas que también apoyarán su desarrollo”. Pero agregaron: “Las discusiones sobre nuestra soberanía no son negociables, seguimos comprometidos a ser parte de la familia británica, viviendo en libertad bajo el gobierno de nuestra elección”.
No solo la anulación del acuerdo de trabajo conjunto afectó las relaciones con los isleños, al mismo tiempo el gobierno argentino canceló un vuelo de Latam San Pablo Córdoba-Puerto Argentino.
Los isleños se sienten más predispuestos al diálogo con un gobierno no kirchnerista, mucho menos en un año electoral donde el discurso “malvinero” suele servir para despertar pasiones en el país. Creen que durante la presidencia de Macri pudieron avanzar en muchos temas de colaboración mutua. De hecho, durante la pandemia rechazaron con enojo, lo que consideraron una “falta de respeto”, que el gobierno de Alberto Fernández contabilizara los casos de Covid sucedidos en las islas como si fueran en Tierra del Fuego y desmintieron al entonces canciller Felipe Solá, que en una videoconferencia afirmó: “Lo dice el Penguin News, los malvinenses se dan vuelta, prefieren los médicos argentinos, se sentirían más cómodos con ellos”. Nada de eso había sucedido.
Hoy, las islas viven una situación de progreso y bienestar basado en algunos indicadores que son récords para su economía en cuanto a la pesca del calamar y la merluza, donde superan las 110.000 toneladas, y el arribo de 52.000 turistas durante 2022 a través de los cruceros que retomaron su programación. Además, están a punto de firmar un acuerdo con la petrolera israelí Navitas Petroleum para iniciar tareas de exploración y desarrollo en la zona de Sea Lion. La pista de aterrizaje de Mont Pleasant se ampliará en una obra que costará 7 millones de dólares.
Este 2 de abril pasará inadvertido en la comunidad isleña. “No lo conmemoramos de ninguna manera porque es un recuerdo muy triste, solo se menciona en un contexto histórico cuando se enseña sobre la guerra de las Malvinas”, dijo a la nacion Lisa Watson, editora del Penguin News. Mientras que Argentina decidió conmemorar este día decretándolo feriado nacional, en Malvinas las autoridades resolvieron que su día de evocación histórica de la guerra fuera el 14 de junio, cuando se cumple el aniversario de la recuperación del archipiélago por parte de las fuerzas militares británicas.
La población cambió mucho en los últimos 41 años; más de la mitad de los 3600 habitantes actuales no vivieron la guerra. Pero hay un dato que sorprende: 8 de cada 10 jóvenes que deciden realizar sus estudios de grado en Gran Bretaña regresan a radicarse a las islas. “Nuestros antepasados forjaron este lugar; eso tienen que entender en Argentina”, aseguran cuando son abordados por el tema soberanía. Esta es, en definitiva, la posición histórica que mantienen y que hoy parece definitiva.
“En 1982 nosotros veíamos la BBC dos horas por día, leíamos diarios británicos que llegaban días después, teníamos radio, sabíamos lo que sucedía en Argentina, donde había un gobierno militar que secuestraba y desaparecía personas, era una dictadura. Bueno, un día amanecimos con esos militares que venían a gobernarnos. Para nosotros fue una invasión de esa dictadura, nunca superamos eso”, así recordó aquel 2 de abril J. Grimms, un granjero inglés que desde 1966 vive en las Islas Malvinas. Ese sentimiento quedó impregnado en los habitantes de las islas. Desde entonces solo se permitieron un acercamiento verdadero con Argentina cuando colaboraron, y de buena manera, con el Plan Humanitario que permitió identificar a 120 soldados argentinos sepultados en el Cementerio de Darwin.
La guerra dilapidó todo tipo de convivencia e interacción con los isleños, que, de alguna manera, hasta ese entonces necesitaban de nosotros. Hoy las islas están cada vez más lejos, mucho más que antes del enfrentamiento bélico cuando existía una convivencia por necesidad, con isleños que viajaban al continente a atenderse a hospitales, a tener sus hijos o a estudiar. Además, desde 1971 un grupo de maestras argentinas viajaba a las islas a enseñar español y en base a un acuerdo con las autoridades locales, existía presencia de empresas públicas argentinas en las islas, como YPF, Gas del Estado, Correo Argentino, hasta se abrió una oficina de LADE en Puerto Argentino que funcionaba cuando desembarcaron las tropas argentinas.
Este mes se cumplieron 10 años del referéndum de autodeterminación de las Islas, donde los habitantes decidieron ser territorio de Ultramar del Reino Unido. La guerra congeló las relaciones con el país. Sí hubo un intento de acercamiento en 2016 cuando los entonces vicecancilleres de los dos países, el argentino Carlos Foradori y el británico Alan Duncan, firmaron una declaración conjunta en la que se buscaba mejorar la relación bilateral y “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas”, entre otros aspectos diplomáticos. Ese acuerdo fue anulado por la cancillería argentina hace un mes y solo ahondó la imposibilidad de avanzar en un diálogo de soberanía estancado en el tiempo y que hoy parece imposible desde todo punto de vista.
Según los isleños, la “hoja de trabajo conjunta” era una posibilidad de acercar posiciones y dan como ejemplo que ese tratado permitió el trabajo humanitario en conjunto para identificar los cuerpos de los soldados caídos. La presidenta de la Asamblea Legislativa que administra el gobierno local, Leona Roberts, dijo a través de un comunicado: “Es muy decepcionante que Argentina haya tomado esta decisión, pero no es inusual. Estamos desgraciadamente muy acostumbrados a que Argentina incumpla sus acuerdos. Apoyamos el trabajo humanitario relacionado con los caídos de guerra argentinos y hemos seguido comportándonos como la parte responsable y compasiva. Nos entristece que todo el trabajo que hemos realizado desde 2016 será un ejemplo más de que Argentina no es lo suficientemente adulta para hablar con nuestro país sobre temas que también apoyarán su desarrollo”. Pero agregaron: “Las discusiones sobre nuestra soberanía no son negociables, seguimos comprometidos a ser parte de la familia británica, viviendo en libertad bajo el gobierno de nuestra elección”.
No solo la anulación del acuerdo de trabajo conjunto afectó las relaciones con los isleños, al mismo tiempo el gobierno argentino canceló un vuelo de Latam San Pablo Córdoba-Puerto Argentino.
Los isleños se sienten más predispuestos al diálogo con un gobierno no kirchnerista, mucho menos en un año electoral donde el discurso “malvinero” suele servir para despertar pasiones en el país. Creen que durante la presidencia de Macri pudieron avanzar en muchos temas de colaboración mutua. De hecho, durante la pandemia rechazaron con enojo, lo que consideraron una “falta de respeto”, que el gobierno de Alberto Fernández contabilizara los casos de Covid sucedidos en las islas como si fueran en Tierra del Fuego y desmintieron al entonces canciller Felipe Solá, que en una videoconferencia afirmó: “Lo dice el Penguin News, los malvinenses se dan vuelta, prefieren los médicos argentinos, se sentirían más cómodos con ellos”. Nada de eso había sucedido.
Hoy, las islas viven una situación de progreso y bienestar basado en algunos indicadores que son récords para su economía en cuanto a la pesca del calamar y la merluza, donde superan las 110.000 toneladas, y el arribo de 52.000 turistas durante 2022 a través de los cruceros que retomaron su programación. Además, están a punto de firmar un acuerdo con la petrolera israelí Navitas Petroleum para iniciar tareas de exploración y desarrollo en la zona de Sea Lion. La pista de aterrizaje de Mont Pleasant se ampliará en una obra que costará 7 millones de dólares.
Este 2 de abril pasará inadvertido en la comunidad isleña. “No lo conmemoramos de ninguna manera porque es un recuerdo muy triste, solo se menciona en un contexto histórico cuando se enseña sobre la guerra de las Malvinas”, dijo a la nacion Lisa Watson, editora del Penguin News. Mientras que Argentina decidió conmemorar este día decretándolo feriado nacional, en Malvinas las autoridades resolvieron que su día de evocación histórica de la guerra fuera el 14 de junio, cuando se cumple el aniversario de la recuperación del archipiélago por parte de las fuerzas militares británicas.
La población cambió mucho en los últimos 41 años; más de la mitad de los 3600 habitantes actuales no vivieron la guerra. Pero hay un dato que sorprende: 8 de cada 10 jóvenes que deciden realizar sus estudios de grado en Gran Bretaña regresan a radicarse a las islas. “Nuestros antepasados forjaron este lugar; eso tienen que entender en Argentina”, aseguran cuando son abordados por el tema soberanía. Esta es, en definitiva, la posición histórica que mantienen y que hoy parece definitiva.
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