lunes, 22 de enero de 2024

EL MEDIO ES EL MENSAJE Y LA HISTORIA DETRÁS DE LA HISTORIA


El DNU, la cultura y los debates que quedan pendientes
 Marcelo Stiletano
Es posible que buena parte de la opinión pública se haya enterado por primera vez en los últimos días de que entre los 664 artículos de la ley ómnibus enviada al Congreso por el presidente Javier Milei también hay propuestas de cambios cruciales en el papel que ejerce el Estado en relación con el arte y la cultura. La participación de destacadas figuras de esos ámbitos como Santiago Mitre (el director de Argentina, 1985, el último gran éxito local e internacional del cine argentino), su colega Lucrecia Martel y el actor Jorge Marrale, entre otros, le dieron a lo largo de la última semana un matiz distinto y novedoso al extenso debate sobre los alcances del megaproyecto oficial abierto en el plenario de comisiones de la Cámara de Diputados.
Ya no se hablaba allí solamente de la emergencia previsional, de las fórmulas de movilidad jubilatoria, de la privatización de empresas públicas o de las facultades legislativas que el Ejecutivo espera que le sean delegadas. En más de una ocasión el poderoso capítulo económico de la ley ómnibus quedó opacado por el capítulo cultural, y en vez de hablar sobre el destino de YPF o el Banco Nación algunas voces cantantes alertaron sobre el futuro de los institutos nacionales de la Música y el Teatro, y del Incaa.
Este protagonismo resulta inevitable cuando en las menciones se incorporan nombres conocidos (y queridos) por los argentinos. “¿Existirían películas como las de Darín?”, se preguntó Mitre al alertar sobre lo perjudicial que resultaría para toda la actividad cinematográfica local la aprobación de un proyecto que, entre otras cosas, eliminaría gran parte del financiamiento actual que el Incaa obtiene para sus planes de fomento de los recursos aportados por el Ente Nacional de Comunicaciones.
A la vista de todos parece haberse planteado en el plenario de comisiones un contrapunto entre posturas intransigentes. De un lado, el Gobierno sostiene sin alteraciones un proyecto que entre otras medidas abandona el mantenimiento de la Escuela Nacional de Experimentación y Formación Cinematográfica (Enerc), dependiente del Incaa, y plantea el cierre del Instituto Nacional del Teatro (INC), dos entidades reconocidas por su trayectoria en la difusión de sus actividades respectivas y en la formación de nuevas generaciones de creadores. Del otro, la postura crítica de casi todas las entidades representativas del sector, que fue más allá del rechazo a alguna medida específica. Es el capítulo completo dedicado a la cultura el que se cuestiona de plano.
En el medio está la política, que también aplica sus reglas. En las últimas horas pareció quedar en claro que detrás de las apasionadas intervenciones en el plenario de comisiones también se fue abriendo en este caso un espacio superador de las posturas más inflexibles. Así empezó a trascender que el dictamen necesario para habilitar en algún momento de la próxima semana el debate en el recinto con la participación de todos los diputados contemplará modificaciones a la propuesta oficial también en el capítulo cultural. El eje de las correcciones estaría puesto en el financiamiento del Incaa, el sostén de la Enerc y el destino del INT. Para más adelante quedaría la necesidad, como muy razonablemente planteó la productora Vanessa Ragone, de discutir una nueva ley de cine para adecuarla a una realidad muy distinta a la de 1994, año de aprobación de la actual norma.
En medio de las urgencias de unos y de otros quedan pendientes algunos imprescindibles debates sobre los factores y las circunstancias que llevaron al preocupante escenario actual e impulsaron al Gobierno a ir a fondo también en este ámbito con medidas de ajuste muy fuertes. Entre otras cosas, por qué hay organismos equivalentes al Incaa en otros lugares del mundo con mayor producción de cine que con estructuras mucho más pequeñas y desburocratizadas ejercen su tarea con mucha mayor eficiencia. Es un secreto a voces que durante el gobierno anterior se llegaron a destinar más recursos del organismo para el pago de salarios que para las acciones específicas de fomento a la actividad.
Mientras tanto, el Incaa permanece acéfalo desde la llegada del nuevo gobierno, sin una autoridad que se haga responsable con su firma de poner mínimamente en marcha el funcionamiento administrativo, como lo reconoció hace unos días el secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, en el encuentro que mantuvo con las autoridades de la Academia del Cine de la Argentina. Por esa razón hay rodajes paralizados y proyectos que se demoran. Solo permanecen activos los pocos que cuentan con el respaldo económico de las plataformas de streaming.
En el mundo del cine cada vez se acepta más, aunque todavía por lo bajo, la necesidad de discutir internamente a fondo por qué el Incaa dejó en los últimos años de cumplir buena parte de su misión mientras sus oficinas se llenaban de empleados militantes. Cualquier cambio en la legislación será insuficiente o estéril si toda esa realidad tan cercana sigue sin asumirse y reconocerse del todo por los propios actores y protagonistas del sector.

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La crónica del verano, teñida de tramas policiales
Darío Palavecino
Van 27 temporadas consecutivas de coberturas. Cada una con sus previas entre expectativas y previsiones. De sumarios de notas con editores y temas posibles que aportarán novedades, descubrimientos, personajes pintorescos y tendencias. Playas, espectáculo y deporte de moda. Nuevos rincones de la gastronomía y el hit que se escucha y baila desde la arena a los bares. Pero de alguna u otra manera, y cada vez con más frecuencia, entre torres de sonido, luces y pinceladas de glitter en los párpados, las más oscuras cualidades de la noche del verano encuentran en la costa la forma de adueñarse de títulos destacados en tapas de diarios y zócalos de pantallas. Lamentablemente, el verano se convierte en noticias policiales.
Desde aquella madrugada de fiesta vip que se cerró con el crimen de José Luis Cabezas en enero de 1997, en la entonces glamorosa Pinamar ABC1, a esta reciente y aún inexplicable muerte de Florencia Yturrioz, nutricionista de 26 años que se descompensó luego de ir a una fiesta electrónica y al mediodía siguiente murió por una intoxicación con metanfetaminas, según confirmaría el informe forense, la crónica judicial tiñe la cobertura del verano. En los últimos años, decenas de casos resonantes les quitaron la mirada a las playas y sus historias blandas para ir detrás de fiscales e investigadores policiales. Hubo que correr con reportero gráfico a Miramar por el asesinato de Natalia Mellman, la adolescente de 14 años violada y estrangulada por policías a la salida de un boliche en 2001. O, todavía muy fresco dolor y conmoción, seguir paso a paso el crimen de Fernando Báez Sosa, golpeado en el piso por una patota de ocho muchachos en enero de 2018, frente a una discoteca de Villa Gesell.
Lo que más llama la atención es la recurrencia, aún luego de las dramáticas experiencias vividas en tiempos no muy lejanos. Pasan el tiempo, se abren campañas de concientización, se aplican condenas de cadena perpetua a asesinos, se lanzan operativos de seguridad récord, pero los títulos se repiten.
Este año se abrió la temporada con el asesinato en Santa Teresita de un joven de 18 años, Tomás Tello Ferreyra, durante la madrugada del 1° de enero. También a manos de un grupo que lo persiguió, rodeó y apuñaló. Noche y juventud son cada vez más nombre y apellido de los veranos en la costa.
Pinamar fue su majestad a partir de los ’90, con mucho celebrity en los VIP, entre políticos, modelos y empresarios. Villa Gesell había acaparado a los adolescentes con aires de mayoría de edad mientras Mar del Plata se reconvertía, desde la caída de las discotecas de Constitución, la breve irrupción de bares con baile de Alem y, de a poco, los boliches de playa que llegaban para quedarse y crecer.
La pausa obligada de la pandemia y el cimbronazo que para el negocio de nocturnidad fue el crimen de Báez Sosa cambiaron el mercado. Llegó una ola de inversiones que desde Playa Grande hasta Chapadmalal llenó los paradores de torres de sonido y DJ de moda. Hoy son el principal imán para los jóvenes. Se explica en estadísticas oficiales: casi la mitad del visitante que pasa por Mar del Plata durante la temporada tiene entre 18 y 30 años. Son los responsables, en gran medida, de que funcionarios locales hoy puedan hablar de una buena temporada en medio de destinos vecinos que califican el rendimiento de regular para abajo. Y es cierto que se parece mucho a jugar con fuego.
En enero de 2021 los barbijos recién habían quedado de lado y el distanciamiento social era recuerdo fresco cuando en una disco del complejo Normandina le partieron una botella de champagne en la cabeza a Matías Montín. Literal. Terminó en terapia intensiva. “Casi me pasa lo mismo que a Fernando (Báez)”, dijo entonces. Pudo haber sido otro hito. Es que discusiones y peleas son una constante, sin distinción de límite geográfico. Las redes sociales casi que las transmiten en vivo. Es parte de la lógica de un ambiente que se vive entre pistas y barras, codo a codo. Roces más alcohol suelen ser una fórmula fatal. Hoy las autoridades marplatenses destacan el monumental despliegue de seguridad de cada madrugada. Más de una decena de paradores convertidos en discotecas o escenarios de recitales, bandas o DJ, vigilados por cientos de custodios privados puertas adentro y, afuera, un batallón de uniformes policiales: infantes, motoristas y grupos especiales para que la violencia no aflore cuando los parlantes se callan, ya en pleno amanecer.
Yturrioz caminó y fue una más entre esa multitud durante la madrugada del último domingo, cerca del Faro. Volvió a su departamento pero no se quiso ir a dormir. Dejó a sus amigos, se cruzó con otros ocasionales y, todavía con maquillaje, improvisó agenda con una ronda de charla en la playa. La investigación de su muerte no encuentra hecho ilícito a la vista. El silencio judicial en los medios es una forma de respeto a su vida privada. Fue tema periodístico central durante la semana y el caso se convirtió en mensaje. Sus familiares piden que los titulares también la dejen descansar en paz
El caso de la nutricionista vuelve a poner el foco sobre la noche en la costa


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