lunes, 22 de enero de 2024

INGRESOS , INFLACIÓN, PODER DE COMPRA Y JUBILACIONES


Por qué el salario es uno de los grandes desafíos que enfrenta Milei
Las paritarias jugarán un rol fundamental en los planes del Presidente, porque podrían conducir a una nueva inercia inflacionaria o a un deterioro del humor social; qué pasó en los últimos años con los ingresos de los trabajadores de diferentes sectores
Melisa Reinhold

En 2023, el salario de los trabajadores perdió contra la inflación

En 2023, los salarios perdieron frente a la inflación. Si bien hasta octubre los ingresos reales lograron sostenerse frente al avance de los precios de la economía, gracias a las constantes renegociaciones salariales, a partir de ese mes la dinámica cambió. En aquel entonces, el índice de precios al consumidor se aceleró a niveles que no se observaban desde la salida de la hiperinflación y el impacto se registró en la billetera de los trabajadores, quienes vieron cómo mes a mes se deterioraba su poder de compra.
De acuerdo con un análisis de la consultora Ecolatina, la aceleración inflacionaria del último bimestre llevó a que casi la totalidad de los sindicatos cerraran el año en rojo. De esta manera, se consolidó por sexto período consecutivo una caída del salario real. Frente al promedio de 2017, el último año de mejora de los ingresos de los trabajadores, el sueldo promedio acumuló una pérdida del 23% en ese lapso.
Hubo sectores a los que les fue mejor que a otros. Los trabajadores del sector privado registrado fueron testigos de cómo su poder de compra se evaporó un 17,8% frente a 2017 y los empleados públicos un 18,4%, de acuerdo con los últimos datos que publicó el Indec de octubre. En el caso de los trabajadores no registrados, los ingresos se depreciaron un 44,4%.
“Dada la inflación esperada para los próximos meses -que promediará 20% mensual entre diciembre y marzo-, para que el poder adquisitivo no se erosione, los salarios deberán correr al mismo ritmo. Si bien las ya aceitadas paritarias jugarán su papel en los próximos meses, morigerando el deterioro del poder adquisitivo, salir empatados de este proceso parece difícil: solamente el salto de la inflación en diciembre dejará perdidas del orden del 10% en términos reales”, pronosticó Santiago Manoukian, jefe de research de Ecolatina.
Poder adquisitivo de los trabajadores en 2023, con datos hasta octubre, por sector. 
En el mismo sentido apuntó Claudio Caprarulo, director de Analytica Consultora, quien resaltó que aunque todavía resta conocer el índice de salarios del Indec de noviembre y diciembre, hay signos de alerta. Al observar otros indicadores laborales, junto con la aceleración de la inflación, permiten estimar que el año pasado los trabajadores más protegidos (los asalariados registrados) perdieron poder adquisitivo.
“De acuerdo con una muestra representativa de 15 convenios colectivos de trabajo de los sectores de Servicios (encargados de edificios, bancarios, sanidad, transporte de pasajeros, gastronómicos, comercio y camioneros) y de Producción (metalmecánica, textiles, minero, construcción, químicos, plásticos, alimentos y rurales), la cantidad de ajustes mensuales pasó del 22%, en el primer trimestre de 2018, a 75%, en el tercer trimestre de 2023. Esto es consecuencia de reducir el horizonte temporal de las revisiones, en línea con un régimen de alta inflación”, dijo Caprarulo.
En tanto, para la sociedad de bolsa GMA Capital, la “tendencia que duele” es que los salarios se van atrasando frente al resto de los bienes de la economía. Tomando como base la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (Ripte) de noviembre, los salarios habían acumulado una suba interanual del 143%, mientras que el valor de la canasta básica alimentaria aumentó 189% en el mismo período. Una pérdida de 46 puntos porcentuales.

Inflación versus salarios
“En los últimos 72 meses la Argentina tuvo una inflación promedio mensual del 5%. En el último año, tuvo una inflación promedio mensual del 10%. Esta elevada tasa de inflación destruyó el poder adquisitivo del salario de los trabajadores formales e informales”, coincidió Nadin Argañaraz, economista y presidente del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).
Suponiendo que en noviembre y diciembre los trabajadores recibieron aumentos iguales a la suba del índice de precios al consumidor, en los 72 meses que transcurrieron entre enero de 2018 y diciembre de 2023 los trabajadores privados perdieron el equivalente a 10,4 sueldos; los públicos a 12,4 sueldos (más de un año de ingresos); y los informales, a 19 sueldos, según un estudio de Argañaraz.
En cambio, bajo la hipótesis de que en noviembre y diciembre los salarios aumentaron en un nivel equivalente a la mitad del índice de inflación, entonces los trabajadores formales recibieron, en el período de enero de 2018 a diciembre último, el equivalente a 10,5 sueldos menos; los públicos a 12,6 ingresos (más de un año de ingresos); y los informales, a 19,1 sueldos. “Esto significa que, si bien los trabajadores privados formales cobraron 72 sueldos, respecto al poder de compra de 2017 eso fue equivalente a cobrar 62 sueldos. En el caso de los empleados públicos, fue como cobrar 60 sueldos mensuales de 2017. Y en el caso de los trabajadores informales, fue equivalente a 53 sueldos de 2017″, explica el economista del Iaraf.
Un doble desafío para 2024
Las perspectivas para 2024 no son mejores. Para el presidente Javier Milei, la aprobación del mega DNU y la ley Ómnibus en el Congreso implicaría “de piso, multiplicar por tres los ingresos”. Sin embargo, los economistas no son tan optimistas y agregaron que lo que suceda con los salarios este año significará un doble desafío para el Gobierno.
En un extremo, si los ingresos se indexan de facto y logran no perderle pisada a los precios, habría un “latente riesgo” de una pronta espiralización de precios-salarios. “Este escenario de inestabilidad nominal primero minaría la popularidad del Gobierno -porque la inflación se estacionaría en niveles elevados, por encima del 20% mensual- y también su credibilidad para llevar adelante un plan de estabilización exitoso, en el que eventualmente resultaría más difícil desindexar la economía”, completó Manoukian.
Tomando como base la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) de noviembre, los salarios habían acumulado una suba del 143% en 2023, mientras que el valor de la canasta básica alimentaria aumentó 189% en el mismo período. Una pérdida de 46 puntos porcentuales en once meses..

Del otro lado, para Ecolatina, podría darse un contexto en el cual la recesión podría ser un factor contenedor de los precios. En este caso, la inflación se desaceleraría como resultado de una demanda agregada “débil”, consecuencia del desplome del poder adquisitivo.
Cuanto mayor sea la diferencia en la velocidad a la que corren los precios con respecto a los salarios, más grande será el efecto recesivo y la baja en el índice de precios al consumidor. La amenaza de desempleo y una eventual apertura comercial podría “mantener a raya” las demandas de recomposición de algunos sectores, condicionando el humor social a pocos meses de comenzar el mandato.
“Consideramos que el camino a desandar contendrá elementos de cada escenario. Pese a que el Gobierno no ha esbozado una pauta salarial, las demandas no se hacen esperar: habrá una combinación de paritarias bimestrales/trimestrales que buscarán ‘ganarle’ a los precios, con otras de ajustes mensuales -algunas virtualmente indexadas-, donde seguramente también proliferen las sumas fijas para compensar un alicaído poder de compra. Sin embargo, todo esto no será suficiente, y el poder adquisitivo de mínima perderá un 10% de su valor durante el verano, por lo que el efecto de la recesión -y el ancla salarial- también jugará su papel en estos meses”, agregó Manoukian.
De acuerdo con las proyecciones de Analytica, en 2024 los salarios volverán a caer en términos reales, aun por encima de la baja que se registró en 2019. En ese entonces, fue la variación negativa más alta de los últimos años.
“Aún no hay indicios de qué posición va a tomar el Gobierno frente a las paritarias. Más allá de que sea una negociación entre privados, tiene que, como se suele hacer en las crisis, coordinar para evitar desatar una carrera entre precios y salarios que espiralice la inflación. Entre otras cosas, porque es importante evitar que los ingresos de las familias sigan cayendo. De ser así, la merma en la actividad va a ser aún más alta. Un camino es tomar en cuenta la fuerte dispersión que tuvieron los salarios en los últimos años, tanto entre los registrados y los no registrados, como dentro de los que están en convenios colectivos de trabajo. Un estudio que realizamos da cuenta de que los trabajadores de servicios (camioneros, comercio, gastronómicos) perdieron más respecto a los que están en sectores productores de bienes (metalmecánica, textiles, construcción)”, dijo Caprarulo.
En el mismo sentido apuntó Argañaraz, quien remarcó que las discusiones salariales serán clave en los próximos meses, con trabajadores buscando compensar lo perdido en 2023 e intentando empatarle a la inflación en 2024, en un contexto de caída de actividad económica. “En el sector público se dará una caída real de ingresos fiscales, lo que llevará a muchas administraciones a limitar los aumentos salariales a las subas nominales de ingresos, independientemente del nivel que alcance la tasa de inflación”, cerró.


En los últimos 4 años los haberes perdieron hasta el 45% de su valor
Silvia Stang

Un jubilado de la Anses que tuvo el mes pasado y que tiene también en este enero un haber bruto de $230.000 (un ingreso neto de $219.371) cobraba cuatro años atrás $32.303 en bruto y $30.787 de bolsillo. Dada la inflación del período, lo que llegó a su bolsillo en diciembre último le sirvió para comprar un 43% menos de lo que podía adquirir en igual mes de 2019 con lo percibido entonces. Expresado de otra forma, cuando se lo mide según su poder de compra, el ingreso sufrió un deterioro de tal magnitud que el mes pasado permitió afrontar el costo del 57% de un conjunto de bienes y servicios al que en 2019 cubría en su totalidad.
Con una inflación que acumuló un 1146,7% entre enero de 2020 y diciembre de 2023, los ingresos previsionales tuvieron subas de entre 590% y 742,8%. El resultado es que el valor real de los haberes del sistema general de la Anses cayó entre un tercio y casi un 45%. Todos los datos de la nota surgen de cálculos hechos por la nacion, basados en información oficial.
Muy lejos quedó la promesa de la gestión de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, de recomponer las jubilaciones y restituir el 19,5% perdido en los dos años previos. A la caída del poder adquisitivo, en los últimos años se agregó un achatamiento de la pirámide de ingresos, en desmedro de quienes más aportes hicieron al sistema y con un efecto de desaliento a la formalización de la economía, que es una necesidad urgente para el sistema previsional.
Siguiendo la evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) del Indec, si alguien dedicaba a fines de 2019 los mencionados $30.787 a una canasta de consumo, en diciembre pasado para adquirir lo mismo se necesitaron $383.821. Como el ingreso en este segundo momento de la comparación es un 612% nominalmente más alto (tal es el aumento acumulado para un haber actual de $230.000), los $219.371 cobrados cubrirán el 57% de la canasta.
El ejemplo corresponde al de un jubilado que, si bien tiene un ingreso que no puede considerarse alto, está excluido de los bonos que, ante la evidente insuficiencia de la movilidad para sostener el poder adquisitivo, recibe un grupo de prestatarios desde septiembre de 2022, por una política de recomposiciones selectivas iniciada por el gobierno anterior que continuó, al menos en este primer mes de 2024, la gestión actual.
En comparación con septiembre de 2017 –desde cuando se acumuló una inflación de 2904%–, lo cobrado en diciembre último fue, en términos reales, entre un 26% y un 55% más bajo, tal como muestra el gráfico que acompaña esta nota.
Si se pone la lupa en el último año, se concluye que hubo una pérdida de 14,2% para quienes cobran el haber mínimo –considerando el refuerzo de $55.000 que se pagó en diciembre y que se paga este mes, y también el bono de $10.000 de un año atrás–, y una caída de 32,3% para quienes no perciben adicionales y solo ven reajustados sus ingresos según el resultado de la fórmula de movilidad.
La estrategia de los bonos
Hay jubilados para quienes el deterioro en 2023 fue aún mayor. Son quienes cobraron bonos entre septiembre de 2022 y agosto de 2023 y luego ya no, porque el criterio para su asignación se hizo más restrictivo desde septiembre último.
Es el caso de alguien que tiene un haber bruto de $180.000 (en términos netos,$172.371).en diciembre de 2022, con un ingreso de $85.349, recibió un plus de $7000. Ya sin bono, lo cobrado en el último mes de 2023 fue un 94,9% nominalmente mayor que lo percibido un año atrás. Frente a una inflación de 211,4%, se perdió un 37,4% del poder de compra. En comparación con lo cobrado en septiembre de 2017, el deterioro es de 53,4% y, respecto del ingreso de diciembre de 2019, de 42,2%.
La comparación con un año atrás arroja en este caso una disminución del valor real aún mayor al mencionado 37,4% si la comparación se hace entre los ingresos de bolsillo y no entre los brutos. Eso ocurre porque los bonos no tienen descuentos, a diferencia del haber mensual propiamente dicho, al que se le resta el aporte para el PAMI, de 3% en el caso del haber mínimo y de un porcentaje progresivamente más alto en ingresos de mayor cuantía.
Este aspecto produce que se profundicen las distorsiones y el efecto de achatamiento de la pirámide de los ingresos, en un contexto en el que la mayoría es de bajo monto (aunque supere a la mínima).
En diciembre (y este mes también) quien tiene el haber mínimo, de $105.713, percibió y percibe un refuerzo de $55.000. El ingreso antes de descuentos es, así, de $160.713, un monto que el mes pasado sirvió para comprar un 14,2% menos que con lo percibido en diciembre de 2022 (cuando también hubo bono), a la vez que pudo adquirirse un 32,4% menos que en el último mes de 2019 (cuado hubo un refuerzo, considerado en la comparación, dispuesto ya por el gobierno de Fernández), y un 26,2% menos que con lo cobrado en septiembre de 2017, siempre considerando a quienes tienen el haber mínimo, que, en su gran mayoría y según datos de la Secretaría de Seguridad Social, ingresaron al sistema vía moratorias previsionales, por no contar con todos los aportes.
Distorsiones y achatamiento
El haber de $105.713 y el bono significan un total de $157.541,6 en mano. ¿Y qué pasa si se tiene un ingreso algo más alto? Con un haber bruto de $150.000 –casi 42% mayor al básico–, la cifra de bolsillo es de de $154.884, es decir, más baja. La razón es que sobre los $105.713 y los $150.000 hay descuento, mientras que no lo hay en los bonos de $55.000 y de $10.713 que, según la normativa, se cobra en cada caso.
Quienes tienen un haber bruto de $165.000 o de $170.000 y no cobran bonos reciben prácticamente lo mismo que alguien con la jubilación mínima. Y, por ejemplo, con un haber bruto que duplica al mínimo ($211.426) la diferencia de bolsillo se reduce al 28%. Si el haber es un 200% mayor al mínimo ($317.139), en mano la brecha se acorta al 91%.
Antes del efecto provocado por los bonos, la política previsional comenzó a generar en 2020 un achatamiento. Con la fórmula de movilidad que había regido en 2018 y 2019 suspendida por ley, el gobierno anterior dio un aumento, en marzo de aquel año, que resultó más bajo cuanto mayor era el haber. Las subas de ese mes se movieron en un rango de 3,76% a 12,96%. Eso explica por qué, si se miran diferentes jubilaciones que no tuvieron bonos en los últimos meses, las caídas del poder adquisitivo desde 2019 no son iguales. Con un haber de $230.000, la pérdida –a diciembre de 2023– respecto del último mes de 2019 fue de 42,9%, en tanto que, en el caso del ingreso máximo, hoy de $711.346, la caída llega a 44,6%. Y si el punto de partida es septiembre de 2017, el deterioro es de 54% y 55,4%, respectivamente.
La diferenciación de marzo no se repitió en los otros aumentos discrecionales de 2020, un año en el que todas las jubilaciones terminaron con subas por debajo de la inflación y por debajo del reajuste que hubiera correspondido de haber seguido vigente la fórmula aprobada en 2017, que entonces se suspendió.
La modalidad que rige desde 2021 para las actualizaciones determinó para 2023 una suba de solo 110,9%, frente a una inflación de 211,4% (de allí surge la caída real de 32,7%).
Una particularidad de la fórmula, propuesta por el anterior gobierno con especial incidencia de Cristina Kirchner, agravó la situación para los bolsillos: la ley previó un tope para la suba de las jubilaciones (y no un piso). Y ese techo fue aplicado en diciembre de 2023 (la cuenta daba algo más de 28% para el reajuste trimestral y se otorgó solamente un 20,87%), cuando ya se conocía que había un fuerte nivel de deterioro.
El gobierno de Javier Milei busca eliminar esa fórmula. El punto fue incluido en el proyecto de ley ómnibus que se debate en el Congreso y que tiene otras dos pretensiones: que se habilite al Poder Ejecutivo a dar subas discrecionales mientras no haya una modalidad automática de reajustes, y que se lo faculte para aprobar esa fórmula futura, sin que se pase por el Poder Legislativo.
El plan, según los funcionarios, es dar subas que sigan mes a mes la inflación, algo que permitiría una mejora respecto del índice de movilidad, y que le evitaría al fisco mayores problemas cuando comience a bajar el ritmo de la suba de precios (la fórmula se basa en lo ocurrido tiempo atrás). Pero esa promesa no está escrita en el proyecto y el tema se convirtió en un punto sensible de la negociación política.ß

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.