miércoles, 29 de enero de 2020

MANUSCRITO,


El cuerpo, manual de uso


Viendo las fotos de multitudes que disfrutan de las playas apenas cubiertos por mínimos trajes de baño, uno no puede menos que admirar la bella y compleja maquinaria que usamos sin pensarlo hasta que por desgracia algo se descompone: nuestro cuerpo.
Cualquiera sabe que se requiere una ingeniería de exquisita precisión para dar lugar a semejante prodigio. Si no lo habíamos pensado antes, ese deslumbramiento inconmensurable puede asaltarnos, por ejemplo, cuando tenemos un bebé entre las manos. ¡Basta con que bostece, para quedar embelesados! Pero nadie podría hacernos comprender las dimensiones de esta maravilla mejor que Bill Bryson, periodista y escritor norteamericano residente en el Reino Unido. En su último libro, The Body. A Guide for Occupants (algo así como El cuerpo. Una guía para ocupantes, Doubleday, 2019) nos sorprende en cada línea con datos uno más asombroso que el otro.

Empieza por dejarnos de una pieza al mencionar que se calcula que son necesarios solo 59 elementos para construir un ser humano, y seis de ellos (carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, calcio y fósforo) explican el 99,1% de lo que somos.
La receta de Bryson es alucinante (detalla, por ejemplo, que estamos compuestos de una cantidad de átomos que se representa por una cifra ¡con 27 ceros!, y que el cuerpo produce un millón de glóbulos rojos por segundo). Pero, dado que es verano, vale la pena detenerse unos instantes en la piel que, según el autor, es nuestro órgano más grande y posiblemente el más versátil.
Mide alrededor de dos metros cuadrados, y pesa de cinco a poco más de siete kilos. Se estima que esta cubierta que protege y permite comunicarse con el exterior posee de dos a cinco millones de folículos pilosos y tal vez el doble de glándulas sudoríparas.

Contiene una variedad de receptores que actúan como una orquesta perfectamente calibrada y nos ponen en contacto con el mundo. Algunos permiten detectar una ligera caricia, otros reaccionan frente a la temperatura, ante la presión o la vibración. Algo muy interesante del tacto es que el cerebro no solo nos dice cómo se siente algo, sino también como debería percibirse, escribe Bryson. Por eso, el mimo de un amante es maravilloso, pero el mismo gesto por parte de un desconocido puede resultar detestable.
Piedra de toque de tantas disputas, develar cómo surge el color de la piel es todavía un complejo problema científico, ya que resulta de la interacción de más de 120 genes y de una variedad de pigmentos, entre los cuales el más importante es la melanina. Esta molécula, una vieja conocida de la biología, también le otorga su color a las plumas de los pájaros, determina la textura y luminiscencia de las escamas de los peces, y le da su negrura a la tinta de los calamares.

La melanina también es la responsable del color de nuestro pelo. Pero como su producción se reduce drásticamente a medida que envejecemos, más temprano que tarde somos testigos de cómo poco a poco van apareciendo las canas.
Conducidos por Bryson, el paseo por nuestro cuerpo se parece a la visita a un parque de diversiones. Hacia el final, nos deja con la intriga sobre uno de los misterios que más consternación causa en media humanidad: la extraña tendencia a perder pelo a medida que transcurre el tiempo; en especial, entre los varones. "Tenemos alrededor de 100.000 a 150.000 folículos pilosos en nuestra cabeza -detalla-. Perdemos, en promedio, entre 50 y 100 cabellos por día, y a veces no vuelven a crecer. Alrededor del 60% de los hombres son calvos a los 50. A uno de cada tres, esto le sucede a los 30".

Se entiende poco de ese proceso, confiesa, más allá de que está involucrada una hormona llamada dihidrotestosterona. Y, la verdad, después de leer este fantástico manual de uso del cuerpo humano, no sorprende que éste y otros innumerables enigmas sigan abiertos.

N. B.

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