miércoles, 9 de noviembre de 2016

IDENTIDAD CULTURAL...HISTORIAS DE LA PATRIA


TUCUTA SCHANG: EL PRÍNCIPE DE LA JINETEADA
28 de octubre de 1936. Tandil era una pequeña ciudad del sudeste bonaerense que empezaba a desperezarse cuando las paredes del Sanatorio Tandil temblaron con el alarido agudo de un varón: Norberto Adolfo “Tucuta” Schang, “el mejor jinete de todos los tiempos” se asomaba al mundo. Cuatro días antes de su nacimiento, casi como un presagio de grandeza, debutó como piloto Juan Manuel Fangio, otro grande en la monta pero de fierros.


Diecinueve años después, convertido en un sanmanuelense de pura cepa, paseaba su porte de galán de telenovela por las pistas de jineteadas. Las espuelas relucientes esperaban el momento del taconeo para enterrarse en la carne de algún pingo mañero que se le quisiera retobar. Pero Tucuta tenía años de ver desde el alambrado cómo los paisanos se enredaban en un danza brutal con el animal y conocía las mañas para vencer al rival.
Esa tarde de sol amarronado por la polvareda comenzó su larga carrera de delicada elegancia y triunfos exquisitos con los que batió records: 172 primeros puestos, 110 segundos, 75 terceros y 74 montas especiales.
Ver a Tucuta Schang domando un caballo era como ver a un multimillonario paseando en un Rolls Royce descapotable paseando por La Boca. Los que lo vieron retarse a duelo con algún potrillo brioso dicen que parecía un juego armado entre él y el animal en el que cada uno sabía cuál era su rol, y el de Tucuta era espuelear y alzar las botas al cielo como si completaran las alas de un pegazo. Y así, corcoveo tras corcoveo, hombre y caballo parecían elevarse al cielo hasta que el gong de la campana rompía el hechizo.
“En “El Choique” le tocó
El premio desempatar
Se supo el hombre jugar
Y el primer premio sacó
Al reservau le dejó
En aquella jineteada
Las iniciales grabadas
Con las espuelas y creanmé
En el cogote la T
Y la S en la quijada”
(Poema dedicado a Tucuta Schang. Hugo R. Elizalde, diciembre de 1966)

Su arte lo llevó a recorrer Tandil, Tres Arroyos, Vela, Gardey, Benito Juárez, González Chávez, Bahía Blanca, Ayacucho, Mar del Palta, La Plata, San Antonio de Areco, Carmen de Areco , Arrecifes, Pergamino, la provincia de Santa Fe, Jesús María (Córdoba), La Pampa , Entre Ríos y un sinnúmero de pueblos más; hasta se dio el lujo de traspasar las fronteras jineteando por Uruguay y Brasil.
Cada vez que se enteraba de que había una doma armaba un bolsito con la grupa, las riendas, las espuelas y el rebenque y ahí nomás tomaba el primer tren que lo llevara hasta el próximo desafío.
Hasta El Zorro se hizo “El Zorro” cuando lo tiró. Bajar a Tucuta no era nada fácil y eso sólo era la mejor carta de presentación para un animal. Podía haber perdido el invicto y no ser de los mejores, pero tiró a Tucuta y el resto de los jinetes lo miraba por el rabillo del ojo, como estudiando su secreto.
Fue en el debut del animal como “reservado premio especial”, 1978 se acercaba a su fin. Era un duelo de “titanes” y Tucuta no se lo quería perder. El caballo venía de un largo invicto en el que no se cansaba de voltear jinetes, y hay quienes dicen que parecía que se burlaba de los que inflaban el pecho y lo montaban confiados en su fama.


La Tarde en que se enfrentaron Tucuta y “El Zorro” el tiempo se detuvo. La respiración de los paisanos apostados en el alambrado parecía correr carrera con el aire huidizo. Desde una punta de la pista el animal relojeaba a su contrincante casi como quien no quiere la cosa. Justo enfrente, un hombre de cuerpo torneado, la nariz elevada y un pañuelo al cuello, le clavaba una mirada inquisidora.
Por el parlante una voz de corneta anunciaba el inicio del combate. Tucuta se acercó displicente hasta el palenque, puso su bota de cuero de potro en el estribo izquierdo, se balanceó hacia atrás y montó. Como si conociera la historia de este gran jinete, el caballo –que solía eyectar a los jinetes ni bien le rozaban la grupa- se quedó quietito, como esperando el tiro de gracia. Cuando la campana sonó se desató la batalla, con el primer corcoveo logró lo que otro animales no habían conseguido en toda la jineteada, lo desacomodó. Se arqueó un poco, avanzó unos metros y al segundo respingo le convirtió las piernas en alas, lo elevó cinco metros y lo hizo aterrizar sentado. Sus bombachas blancas impecables se habían manchado de verdín.
Tucuta no sólo tenía una mancha en su ropa, la otra, la que le había quedado en su orgullo iba a ser la más difícil de limpiar.
“Si en cada generación
Nace un ser privilegiado
Que al mundo viene mandao
Pa’ cumplir una misión…
Tucuta es la encarnación
de todos los montadores
que, sin discutir valores
por su coraje y guapeza
con arte, virtú y destreza
cubren al gaucho de honores”
Andrés Eduardo Gromás, Mar del Plata, 1983.
Dicen los que saben que a Tucuta no sólo le gustaba ganar sino también dar un buen espectáculo. Por eso cuando montó al “Vasquito” en Balcarce, se agazapó detrás de la soberbia del caballo y lo fue castigando de a poco para que se agrandara y liquidarlo de un saque cuando se le viniera en dos patas.
El paso del tiempo fue asentándole el estilo como a un buen vino añejo. Meta lonja y revoleo se balanceaba en los lomos de sus rivales como si sólo se tratara de un juego que él sabía jugar.
Eso que parecía una travesura le había hecho ganar mucho dinero y el doble de fama. Por eso cuando las canas se empezaron a asomar decidió dedicarse sólo a las montas especiales. Y desde entonces ver a Tucuta enfrentarse a los reservados era como ver a Dios hamacándose en las nubes.
Tal era su fama que cada vez que lo nombraban como posible jinete de sus caballos, los tropilleros sentían su espuela en el hígado porque sabían que perderían el invicto.
En los ’90 decidió colgar las espuelas y dedicarse a ser leyenda, en el camino dejó a “El Tiburón”, “El Fantasma de Bobatti”, “El 92”, “El Pela Gaucho”, “El Pimienta”, “Vasquito”, “La Vengadora”, y tantos otros caballos con la sangre en el ojo. Viejos pingos de los buenos no pudieron con su destreza.
Desde algún lugar del cielo Tucuta custodia con celo aquellos recuerdos de gloria mientras su nombre continúa siendo evocado en las pistas como si se tratara de un Dios pagano. 

A. M.

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