viernes, 29 de marzo de 2019

LECTURA RECOMENDADA,


El escritor presentó su nuevo libro, habló sobre el periodismo en el siglo XXI, cuestionó los microclimas construidos en las redes sociales y opinó acerca del lenguaje inclusivo.
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Perdimos. ¿Quién gana la Copa América de la corrupción? es un compendio de diversos textos escritos por periodistas destacados de distintos países latinoamericanos donde la corrupción es un tema central. Martín Caparrós 
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y Diego Fonseca 
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son los editores de la curiosa publicación.
“El libro fue el resultado de la observación de una situación recurrente. Algo que sucede cada vez que se juntan varios periodistas de distintos países latinoamericanos. Siempre se verifica que en las cenas, después de la segunda o tercera copa, empieza una especie de competencia en la que cada uno trata de convencer a los demás de que su país es el más corrupto de todos”, explicó Caparrós
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Hugo Alconada Mon escribió el fragmento dedicado a la Argentina. El periodista de La Nación eligió contar la trama del caso Ciccone Calcográfica, la causa por la que el ex vicepresidente Amado Boudou fue condenado a cinco años y diez meses de prisión.
Según Caparrós, en la actualidad “gran parte del buen periodismo que se hace en América Latina se refugia en los libros porque no encuentra lugar en los medios”.
“Publicar un libro es también, de algún modo, una forma de crítica a la imposibilidad de que ese material aparezca en un medio masivo. Lo que vale la pena en el periodismo contemporáneo son los intentos de encontrar nuevas formas de contar. Los buenos medios nunca han sido masivos”, sostuvo el escritor.
Por otra parte, el entrevistado se mostró crítico con los nichos que generan las redes sociales al aseverar que en ellas “se multiplica enormemente el espacio de la puteada, de la ira y de la descalificación”. No obstante, remarcó que esto no se da “en una proporción correspondiente a lo que sucede en la vida real”.
A su vez, Caparrós aportó su mirada sobre la utilización del lenguaje inclusivo. “A mí no me sonaba bien el ‘todes’. Después me explicaron que la ‘e’ no es solamente para incluir al masculino y al femenino sino los infinitos matices que se pueden establecer entre uno y otro. No me parece ni mal ni bien sino interesante. La lengua tiene que ir evolucionando”, observó.
En ese sentido, el articulista confesó que el vocabulario de género “no es lo que más me interesa en términos sociales” aunque entiende “que hay todo un esfuerzo de una cantidad de gente por inventarse sus cuerpos de una manera hasta ahora no pensada”.

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