domingo, 7 de noviembre de 2021

ENORME DESCUBRIMIENTO...LA INSULINA


A cien años de un gran descubrimiento: la insulina
Manuel Luis Martí

En el verano de 1921, dos jóvenes canadienses, trabajando en el solitario laboratorio de Fisiología de la Universidad de Toronto, realizaron el descubrimiento que habría de modificar la historia natural de una antigua enfermedad, la diabetes mellitus en la forma clínica infantojuvenil.
Esa enfermedad determinaba la muerte en el término de seis meses a partir de su diagnóstico. Los jóvenes profesionales que descubrieron la insulina fueron el Dr. Frederick Grant Banting, médico cirujano, y Charles Herbert Best, estudiante de Medicina. El Dr. Banting tuvo la idea de obstruir el conducto pancreático para que desaparecieran los acinos productores de las enzimas digestivas y permanecieran las células responsables de la secreción interna del páncreas. Por acino se entiende el conjunto de células localizadas en el páncreas que se encargan de producir el jugo pancreático para la digestión de alimentos.
Banting llevó su idea al profesor jefe de Fisiología de la universidad, el Dr. John James Mac Leod, a quien no le interesó mucho la idea. Ante la insistencia de Banting, le prestó un laboratorio que estaría libre durante las vacaciones estivales cuando la cátedra quedaba desierta. Mac Leod le ofreció un ayudante, el estudiante Charles Best, que se quedó con Banting luego de echar a suerte con una moneda, con otro estudiante, quién iba a permanecer en la cátedra durante el verano.
El 17 de mayo de 1921, efectuaron la primera ligadura del conducto pancreático en un perro y, el 30 de julio, realizaron la pancreatectomía para hacerse del tejido endócrino, hidrataron y filtraron el material macerado y obtuvieron un extracto que inyectaron al perro pancreatectomizado y diabético. Consiguieron así un descenso significativo de la glucemia. Repitieron la experiencia en otros dos animales, con el mismo resultado.
Al extracto lo denominaron Iletin. Luego utilizaron fetos de vacas con mejores resultados, ya que no tenían secreción externa pancreática. Estos resultados fueron comunicados en el ateneo de la cátedra, en noviembre de 1921, bajo el título de “Diabetes mellitus” y publicados en el Journal of Laboratory and Clinical Medicine, en febrero de 1922. Ese mismo año, se incorporó al equipo el Dr. James Bertran Collip, destacado bioquímico, quien purificó el extracto mediante el alcohol.
Con el extracto purificado, los investigadores se comunicaron con el Dr. Campbell, jefe de sala del Hospital de Toronto, y lo inyectaron por primera vez en un ser humano: un niño de 14 años con diabetes insulinodependiente y una acidosis metabólica que lo llevaría indefectiblemente a la muerte en poco tiempo. Su nombre era Leonard Thompson. Sobrevivió con su diabetes hasta 1936, cuando falleció por una neumonía: el paciente había llegado a la insulina, más no a los antibióticos. El trabajo que relata esta experiencia se publicó en abril de 1922 bajo el título “Efecto producido en la diabetes por el extracto de páncreas”. Lo firmaron Banting, Best, Collip, Campbell, Flechter, MacLeod y Nobel. El descubrimiento fue conocido en el mundo de inmediato y desde entonces ha salvado innumerables vidas condenadas a no sobrevivir a la enfermedad.
El Instituto Karolinska, de Estocolmo, el 27 de septiembre de 1923, en discutible decisión, otorgó el Premio Nobel de Medicina a Mac Leod y Banting. Este último se indignó por la exclusión de Best debido a que era estudiante y por la inclusión de Mac Leod, quien poco había hecho. Por eso, Banting decidió compartir el dinero del premio con Best, lo que obligó a Mac Leod a dividir su parte con Collip.
El Dr. Frederick Banting falleció en un accidente de aviación en Canadá, en 1941. Mac Leod retornó a su Escocia natal. Collip continuó con su tarea en un laboratorio privado. Charles Best llegó a ser profesor de Fisiología en la Universidad de Toronto y presidente de la International Diabetes Federation. Visitó incluso nuestro país. Falleció en 1978, luego de haber sufrido un accidente cerebrovascular que lo mantuvo hemiparético durante mucho tiempo.
En la Argentina, el descubrimiento de la insulina tuvo gran repercusión. El profesor Bernardo Houssay ocupaba la cátedra de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas, en el edificio situado en la avenida Córdoba, donde hoy funciona la Facultad de Ciencias Económicas.
Uno de los ayudantes de la cátedra era el médico recién graduado Juan T. Lewis, quien más tarde fue profesor de Fisiología en Rosario y coautor con Houssay del libro sobre Fisiología Humana. Houssay envió a Lewis a Canadá, a comienzos de 1923, a conseguir la insulina para utilizarla en sus experimentos, y el discípulo logró una buena cantidad de la hormona, que trajo a Buenos Aires. Lewis era, al mismo tiempo, practicante en la cátedra del profesor Pedro Escudero en el vecino Hospital de Clínicas. En dicha cátedra se investigaba sobre diabetes y había interés en el empleo de la insulina. Entonces, se le recomendó a Lewis que le solicitara la hormona al profesor Houssay. Este se negó al señalar que se trataba de una sustancia para uso experimental y no para ser utilizada en el ser humano. Lewis debe de haber sido muy convincente y, quizás, hizo valer que él la había conseguido.
En ese entonces, estaba internada en la sala del profesor Escudero una mujer diabética de 54 años con una neumopatía aguda que había desequilibrado su diabetes y generado un cuadro de acidosis metabólica grave, en una época en la que no existían los antibióticos. Gracias a la gestión de Lewis ante Houssay, el 1° de agosto de 1923 se realizó la primera administración de insulina en nuestro país a María Auchelevich, que resultó exitosa, ya que esta logró recuperarse de su cuadro de precoma diabético. La inyección la aplicó doctor Lewis, y quedaron a cargo de la enferma los practicantes Félix Puchulu y Pedro B. Landabure, ambos discípulos de Escudero, que pasaron la noche junto a la paciente. En 1924, el profesor Pedro Escudero publicó el libro Tratamiento de la diabetes, cuyo capítulo “Insulinoterapia” aún resulta vigente.
En estos cien años, la diabetes mellitus ha crecido en el mundo, en lo que se ha dado en llamar “la explosión demográfica” de la enfermedad. Hoy afecta a cerca de 500 millones de personas. En nuestro país, la prevalencia de la enfermedad es del 14% de la población. De estos pacientes, el 10% son diabéticos de tipo 1, es decir, insulinodependientes. La insulina continúa siendo hoy una “droga milagrosa”, capaz de modificar la historia natural de la enfermedad y de salvar vidas.
Durante su brillante carrera médica, Juan T. Lewis hizo tiempo para entregarse también al despliegue de sus inquietudes cívicas: en 1954, en su casa de Rosario, se fundaba en la clandestinidad el Partido Demócrata Cristiano. Fue en circunstancias en que se libraba el grave enfrentamiento de la época entre el gobierno de Juan Perón y la Iglesia.

Miembro de número de la Academia Nacional de Medicina

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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