domingo, 7 de noviembre de 2021

ESTRENOS DE LA SEMANA


Johnson, Reynolds y Gadot no convencen en Alerta roja, un film de ladrones de arte que decepciona
Tres grandes estrellas del Hollywood actual y un director con experiencia en comedia no consiguen ofrecer el escapismo glamoroso que la premisa de la película prometía; el film original de Netflix estará disponible en la plataforma el viernes 12
M. F. M. 
Alerta roja, con Dwayne "The Rock" Jonson, Gal Gadot y Ryan Reynolds

Alerta roja (Red Notice, EE.UU. / 2021). Dirección: Rawson Marshall Thurber. Guión: Rawson Marshall Thurber. Fotografía: Markus Förderer. Elenco: Dwayne Johnson, Ryan Reynolds, Gal Gadot, Ritu Arya. Duración: 115 minutos. Calificación: apta para mayores de 13 años. Distribuidora: Netflix (se estrenará en la plataforma el viernes 12). 

Las películas sobre ladrones de arte que huyen de la ley, viajando por hermosas locaciones internacionales, son fáciles de disfrutar. Ofrecen escapismo a fuerza de una combinación imbatible de suspenso, acción, romance, glamour y toques de humor. En sus mejores versiones pueden ser verdaderas obras maestras, como sucede con Para atrapar al ladrón, de Alfred Hitchcock. O, por lo menos, muy buenas películas que dan ganas de verlas una y otra vez, como El caso Thomas Crown, de John McTiernan.
Alerta roja se inscribe en este subgénero, con un poco más de énfasis en la acción, y llega respaldada por algunos factores clave que parecían asegurar el éxito del proyecto. Dwayne Johnson, Ryan Reynolds y Gal Gadot son estrellas del Hollywood actual, tres de los poquísimos nombres que pueden “vender” al público una película. Son atractivos, carismáticos y tienen sentido del humor. En los papeles son el equipo ideal para un film de este tipo. En la práctica, no son suficientes.
El guionista y director Rawson Marshall Thurber tiene en su haber comedias exitosas como Se dice de mí, con Emma Stone, y Un espía y medio, con Dwayne Johnson y Kevin Hart. Más allá de las diferencias entre las películas, la constante es el buen uso de los talentos de cada intérprete. En Alerta roja está ausente esa capacidad que había demostrado Thurber para sacar lo mejor de actores que tienen mucho para ofrecer. Cada uno está en un carril distinto y hay cierta desconexión entre estos personajes que deberían sacarse chispas. Hasta el innegable encanto de Reynolds sufre por la elección de convertir a su personaje en una ametralladora de chistes con poca puntería.
El guion no tiene mayor originalidad, pero no es eso lo que se espera de una película de este tipo. Una trama complicada que a nadie le importa realmente suele ser una característica de estos films que combinan suspenso, comedia y aventura. Lo imprescindible son personajes bien delineados, diálogos ingeniosos, escenas de acción vistosas. Apenas hay rastros de eso en Alerta roja, que se esfuerza por sorprender con algunas vueltas de tuerca en esta historia de dos de los mejores ladrones de arte del mundo en busca de unos huevos decorativos que pertenecieron a Cleopatra y el agente del FBI que los persigue.
La utilización en la trama del robo de tesoros históricos por parte del nazismo resulta banal, aportando nada más que otra excusa narrativa y a la que le falta un verdadero sentido, como la justicia poética que tenía su inclusión en las películas de Indiana Jones.
Alerta roja tiene algunos momentos logrados y un ritmo adecuado, pero llama la atención la poca sofisticación de su estética. Parte del encanto de las películas de intriga internacional es sacar provecho de la belleza y elegancia de las locaciones, construyendo un mundo de ficción del cual disfrutar junto con los personajes. El abuso de la utilización de drones, efectos CGI que se notan demasiado y una fotografía con poco vuelo juegan en contra de las mejores escenas y los momentos en los que los actores pueden lucirse, dándole el aspecto de una película con menores recursos de producción.

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Ensayo fílmico que va del relato íntimo a la pintura social
A. L.


Adiós a la memoria (argeNtiNa/2020). direccióN y guioN: Nicolás Prividera. FotograFía: Héctor Prividera, Nicolás Prividera. edicióN y diseño de soNido: Hernán Rosselli.duracióN: 95 minutos. estreNo eN: el Malba, Figueroa Alcorta 3415, y sala Lugones del Teatro San Martín, Corrientes 1530.

En clara sintonía con el resto de su obra –M (2007) y Tierra de los padres (2011)– Nicolás Prividera vuelve sobre el asunto de la memoria, que funciona como eje del que ya luce como un programa ideológico y estético llevado adelante con las herramientas del cine.
En este caso, el realizador arma un complejo y riguroso film-ensayo perfilando su propio discurso a partir de una mirada ajena, la de su padre, plasmada en una serie de películas familiares que recupera para saldar las cuentas de una relación obturada en el pasado y reflexionar con agudeza sobre la memoria personal, histórica, social y política de la Argentina.
Adiós a la memoria no cuenta la historia de un enfrentamiento, sino, como detalla la voz en off del director, la de un “distanciamiento gradual y silencioso” que dejó una huella en él. Ese reencuentro con el relato familiar se produce cuando una enfermedad neurodegenerativa empieza a corroer la memoria del padre y plantea una pregunta, la de una memoria futura, aquella que él mismo autor dejará para la posteridad.
Prividera se embarca en ese proceso arduo con plena conciencia de que la memoria se conjuga siempre en presente, algo que determina su modalidad: la selección de sucesos cuyo recuerdo es preciso conservar, su interpretación, sus “lecciones”. Tal como comentó Walter Benjamin sobre la obra de Proust: “No se describe una vida tal y como fue, sino cómo la rememora quien la ha vivido”. Y Prividera vivió años cerca de su padre (a pesar de la distancia simbólica determinada por la actitud prescindente del adulto) como para ser testigo privilegiado de una deriva marcada para siempre por el cimbronazo del golpe militar de 1976, que produjo el drama del secuestro y la desaparición de su madre, Marta Sierra.
Se sabe que al configurarse a partir de la experiencia vivida, la memoria es eminentemente subjetiva y que por eso jamás está fijada: es una obra abierta, en transformación permanente. Sea individual o colectiva, es una visión del pasado siempre matizada por el presente. La memoria también “establece” los hechos, por eso el porvenir está en buena medida construido por el presente y la historia, como también señaló Benjamin, “no es solo una ciencia porque es al mismo tiempo una forma de rememoración”.
En ese sentido, una operación consciente de Prividera amplía los horizontes de la película para correrla del alegato puramente familiar y situarla en el contexto político y cultural de un país: las vicisitudes personales funcionan como plataforma de un discurso que viaja al pasado pero llega hasta un presente marcado por la norma neoliberal, nacida –afirma el director– en aquel momento bisagra que fue la última dictadura, el inicio de “un proceso de disciplinamiento de la parte rebelde e insumisa de la sociedad argentina”.
Si como se dice mucho hoy, lo personal es político, Adiós a la memoria es una prueba posible, más profunda y comprometida que algunos ademanes superficiales también en boga, de ese debatido axioma contemporáneo

http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA

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