martes, 12 de junio de 2018

LA OPINIÓN DE ALFREDO LEUCO


ALFREDO LEUCO

Ya pasaron los votos y el veto. Ya quedó clara la actitud irresponsable y demagógica del bloque peronista que sigue cantando la marchita que dice “Todos unidos triunfaremos”.
Ya quedó clara la impericia política y cierta ingenuidad de un gobierno que no tiene estrategia parlamentaria y que reacciona espasmódicamente ante cada nueva situación.
Eso ya pasó. Ahora podemos separar la paja del trigo y mirar hacia adelante. Es hora de sacar las conclusiones más profundas para poder vislumbrar qué puede pasar y como debe actuar Mauricio Macri a partir de ahora en su relación con el peronismo. Hay dos grandes grupos de matriz justicialista.
Por un lado están los golpistas que quieren derrocar a Macri lo antes posible. Cuentan con una gran capacidad de daño y son liderados por Cristina y por Moyano. Con estos muchachos antidemocráticos que solo quieren salvarse de la cárcel, no hay nada que negociar desde el gobierno.
¿Quédó claro? Con el cristinismo y el moyanismo hay que polarizar y los diputados y militantes de Cambiemos deben salir todos los días a defender las instituciones y al presidente y a denunciar sus maniobras destituyentes.
De hecho, Hugo Moyano impulsa un paro general y dijo que entre Urutubey y Macri elige una pistola 45. Un verdadero sincericidio de un patotero incurable.
Por el otro lado está, el justicialismo que gobierna (intendentes y gobernadores) y que tienen otra idea. Quieren derrotar a Macri pero en las urnas en el 2019, algo absolutamente comprensible y republicano.
Con este sector, el gobierno de Macri debe fortalecer un diálogo permanente para negociar, por ejemplo el presupuesto del 2019 o el tema del acuerdo con el FMI. Pero hay que aclarar algo fundamental que no se hizo hasta ahora.
Macri y sus compañeros de ruta no deben dejar engañarse más por las mentiras, las medias verdades y las promesas incumplidas. Ese diálogo del que hablo debe ser desde una posición de firmeza, realista, pragmática y que contemple premios y castigos.
El estado nacional tiene muchos instrumentos para castigar a los malos gobernadores e intendentes y para premiar a los que colaboran con la gobernabilidad. Hoy muchas provincias se hacen las guapas ante Macri porque tienen mucho dinero que el propio Macri les envió respetando la ley.
Cristina los asfixiaba económicamente, les tiraba una anchoa en el desierto y a muchos los tenía en un puño a arrodillados chupando medias o pidiendo clemencia. Yo no digo que Macri haga lo mismo.
Porque retener los fondos que les corresponden a los gobernadores es violar la ley. Eso, insisto, lo hacía Cristina. Conducía con el terror, les armaba la lista de diputados y senadores, los tenía con el orto suturado para utilizar el lenguaje de la exitosa abogada.
Macri no puede y no debe hacer lo mismo. Pero tampoco puede tener la mano y la billetera abierta para aquellos que usan ese dinero para combatirlo. No puede dormir con el enemigo.
Hay fondos especiales que son discrecionales como los ATN (Aportes del Tesoro Nacional) o el ritmo que se le puede dar a la obra pública. Eso no es ilegal. Eso es parte de una negociación firme donde todos ponen y todos sacan algo.
Hasta ahora, la negociación con los gobernadores e intendentes fue de franqueza desde el gobierno nacional y de especulación y doble discurso desde varios, no todos, gobiernos provinciales.
Muchos le palmearon la espalda a Macri prometiendo posturas que luego, en la práctica no cumplieron. A partir de ahora debería ser al revés. Debe terminarse el jueguito del Macri inocente que cede en todo y no recibe nada a cambio.
Un dirigente radical brillante me dijo esta tarde: “Hay tres caminos posibles a partir de ahora. Los dos extremos, el de seguir igual que hasta ahora o el de romper relaciones con todo el peronismo y afrontar lo que queda del gobierno en soledad. Ninguno de esos sirve.
No trae soluciones. Pero hay una tercera opción, intermedia que es la que estamos planteando: denunciar todos los días a Cristina y Moyano, ponerlos en su lugar y que la justicia se encargue de ellos y dialogar con el resto del peronismo pero con madurez y autoridad, sin ingenuidades.
En ese camino hay que recategorizar a los peronistas según la mirada del gobierno. Miguel Angel Pichetto era hasta ahora el gerente de los gobernadores que hablaba más con Macri que muchas figuras claves de Cambiemos. Era calificado como “racional, republicano” por el macrismo.
Quedó claro que Pichetto no estuvo a la altura de las circunstancias y que a la primera de cambio fue corriendo a buscar alguien que lo conduzca y en este caso recurrió a Sergio Massa. Pichetto tenía espacio para liderar esta etapa.
Pero tal vez el traje le quedó grande o no se animó por falta de experiencia. Siempre fue fiel a un jefe: a Menem, a Duhalde, a Néstor y a Cristina. Ahora no hay un jefe claro o un líder carismático y Pichetto no quiso, no supo o no pudo ocupar ese lugar.
Son varios los que como Juan Schiaretti o Juan Manuel Urtubey, tomaron distancia y se diferenciaron de Cristina.
Pero no lo hicieron con la suficiente contundencia porque la pertenencia al peronismo y la famosa lealtad les impide hasta culturalmente, denunciarla por mega corrupta y autoritaria y mandarla presos, con pitos y cadenas.
El que se atreva a romper de verdad con Cristina y su cultura prepotente y estafadora, se quedará más temprano que tarde con la conducción efectiva del peronismo. Al justicialismo nunca lo condujeron los tibios o los timoratos. Su origen de caudillo siempre busca una mano firme.
Si es verdad que ya pasó la crisis cambiaria, si es verdad que ya pasó el veto de Macri, el gobierno, ahora tiene que pensar hacia adelante. Pero veremos si es verdad si esas tormentas no tienen una segunda vuelta.
En el horizonte están el presupuesto, el FMI, la inflación, el dólar y atender con inteligencia el conflicto social que van a fogonear al extremo de la violencia muchos gremios kirchneristas, movimientos sociales ligados al ala peronista de la iglesia, actores fanáticos, y todo el dispositivo que hoy todavía hace poderosos a Cristina y Moyano.
Para afrontar esta nueva etapa es necesario convocar todavía con mayor amplitud y contundencia a los dirigentes experimentados de la buena política. Mejorar la gestión que fue menos eficiente de lo que se imaginaba y en varios ministerios, oxigenar y reemplazar a varios funcionarios.
Como en todo equipo, hay gente cansada, desgastada o que no está rindiendo de acuerdo a lo previsto. Ahora se viene el segundo tiempo. El que va a definir el partido. Dentro de 14 meses llegarán las elecciones PASO.
Hay tiempo para que Macri y su gente revierta la caída en la imagen positiva y en la intención de votos. Pero tampoco tienen todo el tiempo del mundo. En 15 días se deberían estar anunciando medidas importantes y cambios trascendentes.
Insistir con más de lo mismo es no haber leído correctamente lo que pasó en los últimos tiempos. Hay que reconocer errores más profundos que haber sido demasiado optimistas y corregirlos con la mano firme y la mente fría. Empieza el segundo tiempo y el presidente lo sabe.
Es la hora de cambiar algunas cosas en Cambiemos. Hay dos equipos peronistas que enfrentar. Los que apuestan a las urnas y la democracia y con esos hay que seguir buscando acuerdos sin ingenuidad y los que apuestan al caos y al helicóptero cargado de muertes del 2001.
A esos hay que mandarlos al frente. Exponerlos públicamente. No subestimarlos y obligarlos a que muestren su verdadera cara antidemocrática. Huelen sangre y se ponen como locos. Quieren alejarse de la cárcel y volver al poder. Son los tiburones de Cristina.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.