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miércoles, 30 de mayo de 2018

LA PÁGINA DE JUAN CARLOS DE PABLO


JUAN CARLOS DE PABLO

¿Cómo puede ser que presidentes del Banco Central, con visiones económicas tan diferentes, como Alejandro Vanoli y Federico Sturzenegger, hayan vendido dólares en el mercado futuro de cambios, en 2015 y 2018, respectivamente? ¿Cómo puede ser que ministros de economía de la Nación, tan distantes en el plano doctrinario, como Federico Pinedo en 1962 y Celestino Rodrigo en 1975, hayan comenzado sus respectivas gestiones aumentando fuertemente el precio de los combustibles?
Al respecto consulté al alemán Wilhelm Lautenbach (1891-1948), quien era considerado el economista más competente, dentro de la tradición de Friedrich List. Según Hartmut Cramer, por el carácter excepcional de sus ideas y su personalidad, se convirtió en el depositario del conocimiento de economía política y la conciencia de la república de Weimar; y según Helga Zepp La Rouche, en Alemania en 1930 integró un círculo denominado de "reformadores", profesores, banqueros, industriales, funcionarios públicos, quienes tenían diferentes opiniones pero, contrarios al dogma librecambista, todos sostenían que había que lidiar con la depresión económica con otras herramientas.
-¿Qué pasó en la noche del 16 de septiembre de 1931, en el edificio del Reichsbank?
La Sociedad List celebró una reunión secreta, donde delante de 30 líderes de la industria y la banca, hablé de "Las posibilidades de reactivar la economía, por medio de la inversión y la expansión del crédito". Según Cramer, mi argumentación fue científicamente brillante, convincentemente clara y bien polémica; y diferencié entre las calamidades generadas por la naturaleza, y las generadas por el hombre.
-¿Qué propuso esa noche?
-Realizar grandes obras de infraestructura, principalmente en el sector transporte, financiadas descontando documentos en los bancos. Dichos documentos serían transformados en letras de tesorería. Estas obras inducirían una segunda ola de inversiones privadas. Indiqué que si no hacíamos esto la economía continuaría deteriorándose, y el crédito debería orientarse a pagar seguros de desocupación. Naturalmente que no era el único que entonces formulaba este tipo de recomendaciones.
-¿Cómo le fue?
-No pudimos convencer a las autoridades de entonces. No me atrevo a afirmar que por esto Adolf Hitler llegó al poder, pero nadie me quita de la cabeza que deberíamos haberlo intentado.
-En la Argentina funcionarios encargados de la economía, con orientaciones económicas diferentes, utilizaron herramientas de política económica similares. ¿Cómo se explica esto?
-Porque en la política económica práctica, las circunstancias explican la realidad mucho más que la ideología. Particularmente en la Argentina.
-¿Por qué dice esto?
-Porque en su país, más que en muchos otros, la política económica con frecuencia tiene que transitar por el estrecho desfiladero que existe entre la herencia recibida y la demanda por la súbita e indolora solución de los problemas. Ni Pinedo ni Rodrigo podían darse el lujo de esperar los frutos de una "reforma impositiva integral", sino que -imposibilitados de cubrir el agujero fiscal con préstamos externos- no tuvieron más remedio que utilizar herramientas de efecto inmediato.
-¿Esto también explica que la Argentina vuelva a pedirle fondos al FMI?
-Muy probablemente. La historia enseña que rara vez un gobierno adopta una decisión de esta naturaleza, simplemente porque el presidente del país se levanta con dolor de muelas. Que el gobierno no se haya molestado en explicar los motivos, o que estos no resulten plausibles, no significa que no los hubiera. Pero esto es historia: ustedes ahora se tienen que prepararse para la negociación.
-¿Qué quiere decir con esto?
-Los argentinos se la pasan sorprendiendo al mundo por la creatividad y la capacidad de reacción que tienen. Pero suponen que el resto del mundo funciona como ustedes, y esto no siempre es así. La Argentina no negocia con el FMI, sino que funcionarios de su país negocian con burócratas del organismo primero, y luego con el directorio del Fondo. Aquí la historia pesa: la Argentina siempre le pagó al Fondo, pero no siempre cumplió con los compromisos pactados, por lo que cabe esperar que los funcionarios que los visiten sean más exigentes que cuando negocian con otros países.
-¿Y?
-No se confíen en los apoyos y las felicitaciones que reciben de los presidentes de los otros países, y sobre todo no crean que gestos como estos pueden sustituir un planteo de política económica técnicamente sólido, que tiene que superar tres instancias: la de la misión que visitará la Argentina, la de la directora gerente y finalmente la del directorio del FMI. De los 189 países miembros de Fondo, 35 tienen hoy alguna suerte de programa; ¿en el nombre de qué pueden ustedes recibir un tratamiento preferencial?
-¿Nos pueden llegar a negar el préstamo?
-Difícil, pero veremos qué compromisos ustedes tendrán que asumir, cuántos fondos estarán disponibles y en qué fechas. El Fondo no comienza la negociación pidiendo sino escuchando, pero por eso el planteo del gobierno argentino tiene que ser técnicamente sólido.
-Don Wilhelm, muchas gracias.

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