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martes, 29 de mayo de 2018

LECTURA RECOMENDADA


Julio María Sanguinetti, un periodista contra los "relatos" que distorsionan la historia
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El expresidente de Uruguay publicó un libro que reúne sus crónicas y artículos, muchos de lo cuales salieron en medios importantes
El expresidente de Uruguay Julio María Sanguinetti es un periodista de toda la vida. Pone esa condición por encima de todo otro título. En ese carácter, está este fin de semana en Buenos Aires para presentar mañana, en el Malba, su último libro: El cronista y la historia.
La obra reúne precisamente artículos de un largo medio siglo de batalla por la libertad y los "relatos" -entrecomillas, como escribe intencionadamente esa palabra Sanguinetti- que tergiversan la historia.
"Es un compendio de artículos sobre temas históricos. He estado en batalla toda mi vida, contra 'relatos ' como los que dicen que el Congreso de Tucumán no declaró la independencia argentina o que el Uruguay es un invento de la diplomacia británica. U otros más pesados aún, como la confusión más contemporánea entre memoria e historia, que transforma los victimarios de la democracia en víctimas, mientras la aspiración de justicia pretende legitimar la violencia guerrillera y hasta la pérdida de la libertad, como nos pasó a nosotros y hoy ocurre en Venezuela. Recojo muchas notas publicadas a lo largo de años, algunas crónicas mías que fueron periodismo de actualidad en su tiempo, pero que hoy son historia, como las que escribí desde Cuba en 1959 o desde Praga en 1968, cuando asomaba 'la primavera del socialismo de rostro humano'. Creo que es interesante releer para observar los hechos con la perspectiva que da el tiempo".
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Sanguinetti observa con ojos críticos la evolución del Uruguay en los últimos lustros: "Se resume -dice- en crecimiento económico y decadencia social. Llevamos 15 años de crecimiento del PBI, pero desgraciadamente la sociedad ha retrocedido en sus valores tradicionales. Primero, la educación, baluarte histórico, registra evaluaciones de aprendizaje muy negativas, especialmente en los sectores más necesitados. En segundo lugar, la seguridad pública. Cuando la ministra Patricia Bullrich dice que Uruguay tiene más homicidios que Argentina, porcentualmente hablando, dice una verdad y ello se vincula con un avance exponencial de la droga y el narcotráfico, como lo acaba de confirmar el propio director nacional de Policía".
Es inevitable preguntarle a Sanguinetti si ese crecimiento de la inseguridad pública está de alguna manera asociado a la legalización de la marihuana.
"No directamente -contesta-, pero como esa legalización se hizo frangolladamente, sin una campaña previa fuerte de información sobre los efectos perniciosos de la marihuana, se ha generado un clima de banalización total de las drogas en general. Las requisas se han multiplicado por tres, en las aduanas, y los consumos han aumentado. Las autoridades reconocen que la mitad de la marihuana sigue manejándola el narcotráfico, que se orienta hacia los más jóvenes, además de la cocaína y el éxtasis, que se hallan en expansión. Las batallas por el mercado han generado el nacimiento de un sicariato que era desconocido. Y da la impresión de que desde el exterior se ha aprovechado la situación para que circulen por Uruguay drogas ilegales".
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-¿Cómo están viviendo los uruguayos los últimos acontecimientos económico-financieros de la Argentina?
-Ustedes saben que ser uruguayo no es una condición, sino una profesión... porque hay que vivir como estrábicos, con un ojo en Buenos Aires y otro, en San Pablo. O sea que estamos preocupados, porque la última temporada turística fue fantástica, ya que Uruguay estaba más barato, pero eso ya cambió, porque también subió el dólar, un 7% más o menos. El tiempo dirá dónde queda. En términos generales, le digo que mi impresión personal es que la sociedad argentina no llegó a tener conciencia de la real situación con la que Macri comenzó su gobierno. Entiendo las razones políticas por las que no se hizo ese juicio a fondo, pero se ha pagado caro. Los gobiernos, en ciertas ocasiones, deben poner a la gente delante de su realidad, aunque sea doloroso. Ahora hay que apechugar, entendiendo que no es compatible más obra pública, más inversión, más salarios y más gastos, y a la vez menos déficit e inflación. O una cosa o la otra. No soy economista, pero he vivido algunas bonanzas y muchas crisis, y desde ese ángulo le diría que más vale asumir los remedios amargos de una vez, para poder mirar hacia adelante. La Argentina puede hacerlo y este gobierno ya demostró en el manejo de la deuda, salir del cepo cambiario, regularizar las tarifas públicas, la eliminación de retenciones a la exportación, autonomía del Indec y otras muchas decisiones, que tiene capacidad para gestionar. Las últimas jornadas han comenzado a trasmitir un alivio que los uruguayos deseamos de todo corazón se consolide.

P. G.

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