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viernes, 11 de mayo de 2018

TEMA DE ANÁLISIS Y REFLEXIÓN


Desocupación e inmigración
La facilidad con que los ciudadanos de Venezuela consiguen trabajo en nuestro país abre un interrogante sobre las cifras de desempleo
Resultado de imagen para 2018 Desocupación e inmigración EN ARGENTINA
Cuando un país entra en crisis económica y social, como lo vivimos en 2001, se tergiversan todas las variables económicas, y la relación entre producción y nivel de empleo llega a su punto más crítico.
Cuando hablamos de desocupación normalmente pensamos en un país que no está en condiciones de dar trabajo a sus habitantes, porque no existe trabajo disponible para ellos. La desocupación es así entendida como la contrapartida de la falta de oferta de trabajo. Y el "paro", como le sucedía a España hace algunos años, era la consecuencia de esa falta de disponibilidad de trabajo.
Sin embargo, conviene observar qué sucede en la Argentina con el constante y creciente ingreso de inmigrantes venezolanos que huyen del tétrico panorama que ofrece su país en todos los planos.
En lo que va del año, ingresan inmigrantes venezolanos a razón de 363 por día, lo que arroja unos 10.000 mensuales. El año pasado se radicaron 61.342 paraguayos, 48.165 bolivianos y 37.167 venezolanos. El director de Migraciones afirmó que en los dos últimos años se habían radicado 428.000 personas en la Argentina. Estos son solo los inmigrantes legales, con radicación.
En el caso de Venezuela, su país los expulsa. La falta de libertades, la persecución política, la inseguridad, el hambre y la escasez de medicamentos son algunas de las causas. Pero la amplia mayoría de los ingresados en la Argentina consiguen trabajo, y una recorrida por Buenos Aires, con un mínimo de oído para las tonadas, demuestra que, en efecto, hay una gran cantidad de empleos en los que trabajan personas de dicha nacionalidad.
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De ningún modo nos mueven inquietudes xenófobas o contrarias a la inmigración. Muy lejos de ello, nuestro país creció con la inmigración. Nuestra Constitución de 1853/60 plasmó esa idea, que en pocas décadas facilitó, antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial, el arribo de más de cuatro millones de inmigrantes europeos: italianos, en primer lugar; españoles, en segundo término, y más lejos, aunque en importantes contingentes, rusos y franceses. Más adelante, la mayor afluencia provino de los países latinoamericanos y, en especial, de los limítrofes.
La Argentina es suficientemente amplia para albergar a muchos que tengan buena voluntad y deseos de trabajar. Por cierto, no todos los trabajos son de primer nivel, ni mucho menos, y la mayoría de los inmigrantes trabajan en empleos argentinos por debajo de su formación y preparación, aunque es alta la cantidad, entre los oriundos de Venezuela, de técnicos y profesionales de diversas disciplinas, incluidos ingenieros en petróleo. Pero todos trabajan y tienen la convicción de que el país les permitirá progresar.
La pregunta es qué ocurre con los argentinos. ¿Cómo se miden las estadísticas de desocupación, si tantos inmigrantes consiguen trabajo? La conclusión ante esta realidad inmigratoria es que trabajo hay y lo ocupan los extranjeros, pero no los argentinos, lo cual sorprende. Desde ya, una explicación puede darla el hecho de que muchos extranjeros se ven forzados a trabajar en negro, circunstancia que puede representar una ventaja para sus empleadores. Esta situación muestra la realidad de un país con impuestos al trabajo excesivamente elevados, que muchas veces asfixian a la actividad privada y plantea, una vez más, la necesidad de un mayor esfuerzo oficial para aligerar las cargas y los aportes patronales.
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Pero también cabe plantearse si será que las estadísticas de desocupación se hacen sobre la base de los Planes Trabajar, y hay argentinos que se resisten a abandonar el confort del subsidio mensual estatal para pasar a desempeñarse en la actividad privada, siempre más exigente. ¿O la razón será otra?
Algo no está claro, y las autoridades deberían explicarlo. No debería preocuparnos la inmigración extranjera. Después de todo, el propio Preámbulo de nuestra Constitución garantiza los beneficios de la libertad, entre los que se encuentra el derecho a trabajar, para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino. Pero sí tendría que inquietarnos la realidad laboral argentina.

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