Esperanza para el Alzheimer: una droga ralentiza su progresión
El donanemab reduce un 60% el proceso en pacientes con deterioro leve, informó la Asociación del Alzheimer
Pam Belluck Traducción de Jaime Arrambide
NUEVA YORK.– Tratar a los pacientes con Alzheimer lo antes posible, cuando los síntomas y la patología cerebral son todavía leves, mejora las expectativas de desacelerar el deterioro cognitivo, según confirma un estudio de gran alcance de un fármaco experimental que se dio a conocer ayer.
Ese estudio sobre 1736 pacientes revela que la droga llamada donanemab, desarrollada por laboratorios Eli Lilly, puede frenar levemente el avance de los problemas cognitivos y de memoria del Alzheimer en fase inicial, y que esa desaceleración era más pronunciada en los pacientes en fase inicial cuando tenían menos acumulación de placas de proteínas en el cerebro.
En los pacientes con principio de Alzheimer, el donanemab pareció desacelerar la pérdida de memoria y razonamiento entre 4 meses y medio y 7 meses y medio durante un período de 18 meses, en comparación con quienes recibieron un placebo, según el flamante estudio publicado en la revista científica JAMA. Entre los que tenían menos formaciones de la proteína llamada tau, la desaceleración fue más pronunciada en los menores de 75 años y en quienes todavía no tenían Alzheimer, pero sí una especie de pre-Alzheimer llamado “deterioro cognitivo leve”, según los datos también presentados ante la Conferencia de la Asociación Internacional de Alzheimer, que se realiza en Ámsterdam.
“Cuanto antes se llega, más se puede hacer antes de que el deterioro entre en una brusca pendiente”, dice Daniel Skovronsky, director médico y científico de laboratorios Eli Lilly.
“Sin importar el recorte de datos que se haga, parece que en todos los casos la clave para tratar esta enfermedad es un diagnóstico precoz y un tratamiento temprano”, agrega Skovronsky.
Los hallazgos y la reciente aprobación del lecanemab, otro fármaco que retarda levemente el deterioro en las primeras etapas de la enfermedad, marcan un giro prometedor en la larga y escarpada búsqueda de medicamentos efectivos para el Alzheimer, una enfermedad despiadada que afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo. El donanemab se encuentra actualmente a consideración de la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) para su autorización.
El donanemab y el lecanemab (que en Estados Unidos se comercializa bajo el nombre de Leqembi) no han sido comparados directamente en ningún estudio ni investigación. Los ensayos de ambos medicamentos fueron diseñados de manera diferente, por eso es difícil saber cuál de los dos puede ser más efectivo.
Ambos entrañan importantes riesgos colaterales, sobre todo hinchazón y sangrado en el cerebro, que si bien suelen ser leves, en algunos casos pueden ser graves. El ensayo del donanemab tuvo tasas más altas de hinchazón y sangrado que el ensayo del lecanemab, pero las comparaciones son difíciles debido a las diferencias entre los grupos de pacientes y otros factores.
Ninguno de los medicamentos revierte o repara el daño cerebral ya causado por la enfermedad. Por lo tanto, muchos expertos en Alzheimer los consideran solo el primer paso en una dirección prometedora y potencialmente fructífera.
“Para saber si los modestos beneficios clínicos de estos medicamentos compensan los riesgos que entrañan tarde o temprano necesitaremos más datos”, escribieron tres geriatras en un editorial publicado también en JAMA.
Según el informe del donanemab, durante el estudio se produjeron tres muertes vinculables al fármaco. Y en los ensayos de lecanemab también murieron tres pacientes, tras experimentar inflamación y sangrado cerebral. Pero Eisai, la compañía japonesa que fabrica el lecanemab en sociedad con la compañía Biogen, con sede en Boston, asegura que no está claro si el medicamento tuvo que ver con esas muertes, ya que se trataba de pacientes con otros problemas médicos complejos.
Ambos fármacos también atacan otra proteína, llamada amiloide, que se acumula en placas en el cerebro de los pacientes con Alzheimer. A lo largo de los años se estudiaron otros medicamentos antiamiloides que no lograron demostrar que atacar esas acumulaciones de proteínas podía demorar el deterioro cognitivo. Y la polémica decisión de 2021 de la FDA de dar una especie de aprobación “condicional” al fármaco antiamiloide Aduhelm –de nombre científico aducanumab–reconociendo su propia incertidumbre sobre sus posibles beneficios desató una investigación del Congreso norteamericano y reticencia a recetarlo por parte de los médicos.
Tanto el donanemab como el lecanemab son infusiones intravenosas y son los primeros antiamiloides que arrojan evidencias claras de ralentizar el deterioro cognitivo en las primeras etapas de la enfermedad. Pero algunos expertos en Alzheimer advierten que la desaceleración es tan leve que tal vez ni los pacientes ni sus familias lo noten.
El deterioro de los pacientes que recibieron infusiones de lecanemab cada dos semanas durante 18 meses fue un 27% más lento que en los pacientes que recibieron el placebo, una diferencia de menos de medio punto en una escala cognitiva de 18 puntos, que evalúa funciones como la memoria y la resolución de problemas. En el ensayo con donanemab, el deterioro de los pacientes que recibieron el fármaco fue un 29% más lento que en el grupo de placebo, una diferencia de siete décimas de punto según la misma escala
Algunos expertos en Alzheimer dicen que para que la desaceleración del deterioro sea clínicamente significativa o perceptible, la diferencia entre el fármaco y el placebo debe ser de al menos un punto.
Intriga y desconcierto
Hay otros aspectos del ensayo con donanemab que probablemente generen intriga y desconcierto entre los expertos en Alzheimer. Por ejemplo, cuando los niveles de amiloides de una paciente que recibía donanemab se reducían por debajo de cierto umbral, lo cambiaban de grupo y empezaban a administrarle el placebo. Después de un año, aproximadamente la mitad había alcanzado ese umbral y su deterioro siguió ralentizándose incluso después de dejar de recibir el fármaco.
Los científicos de Eli Lilly estiman que los niveles de amiloide tardarían casi cuatro años en crecer hasta volver a superar ese umbral. Resta por saberse si la desaceleración del deterioro continuará a medida que las placas de amiloides comiencen a acumularse nuevamente.
El ensayo con donanemab dividió a los participantes en pacientes con altos niveles de amiloide tau y aquellos con niveles intermedios. Tras la acumulación de amiloides, la proteína tau forma ovillos que están estrechamente asociados con problemas de memoria y de razonamiento.
El ensayo reveló que el grupo con niveles medios de amiloide tau –el grupo más numeroso– experimentó una desaceleración del deterioro cognitivo del 36%, en comparación con un 29% en la suma de ambos grupos y con un 21% en el grupo con niveles de tau elevados. Y otra escala, que fue la principal herramienta de medición del ensayo, reveló el mismo patrón. Eli Lilly calculaba que el deterioro de los pacientes del grupo intermedio se desaceleraría entre 4,4 y 7,5 meses durante 18 meses, en comparación con las personas que recibieron placebo, mientras que la población combinada de ambos grupos experimentaría una desaceleración de 2,5 a 5,4 meses.
La dificultad de predecir si estos medicamentos tendrán algún impacto en la vida diaria se refleja en la experiencia de un paciente en otro ensayo con donanemab.
Jim Sirois tiene 67 años y hace unos cuatro años empezó a notar que durante las conversaciones no encontraba las palabras o que se olvidaba de lo que había ido a comprar al supermercado, comenta su esposa, Sue Sirois, en una entrevista coordinada por Eli Lilly.
En noviembre de 2021, Sirois comenzó a recibir infusiones mensuales de donanemab en un ensayo que comparaba si el medicamento eliminaba más amiloide que el Aduhelm. Su esposa cuenta que el donanemab eliminó las placas y que el tratamiento se detuvo después de unos 13 meses. Pero lo cierto es que ni ella ni su esposo saben realmente si el medicamento desaceleró el deterioro cognitivo de Jim.
Si bien desde entonces los síntomas de Jim no empeoraron significativamente, “el verano pasado hacía sin problemas algunas cosas que este verano ya le costaba hacer”, dice Sue. Jim ya no sabe manejar el barrefondo de su piscina ni insertarle una cuerda nueva a la bordeadora de césped. “Le cuesta mucho todo lo que implique planificación o varios pasos”, dice su esposa.
Hasta se ha visto afectada su performance en el bowling, una actividad en la que siempre se destacó. “No sé si la droga lo ayudó o no. No sabría decirlo”, sostiene Sue, y aclara: “Pero estamos dispuestos a hacer todo lo que se pueda para desacelerar el avance, o al menos conservar alguna esperanza de que ocurra”
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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