:quality(70)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/lanacionar/5HO5LPZ5NVDYJDHUSWQBTAEK5Y.jpg)
Un susto, un espejismo y un truco que nunca falla
Conectar varias pantallas a una computadora es de lo más práctico que hay, pero todavía sigue teniendo muchos caprichos
¿Puede dejar de funcionar una computadora de un momento para el otro? Sí. ¿Puede dañarse catastróficamente, al punto de que ya no sirva más? Sí, puede. Hay una palabra y todo en la jerga, para eso. Pero lo que estaba pasando era mucho más difícil de diagnosticar
Ariel Torres
Había sido un mal día. Una mala semana. Y un mal mes. Estaba en mi estudio trabajando. Me llamaron por algo. Bajé. A los cinco minutos volví a mis pantallas. Estaban apagadas. Eso era normal. Hábito de veterano, siempre que me levanto de mi silla bloqueo la sesión de Windows (la tecla de la ventanita más la letra L, por Lock, “bloquear” en inglés; o sea, Win+L). Lo que no fue normal, en cambio, fue que al tocar una tecla las pantallas no volvieran a activarse. OK, por ahí tardan un poquito. Pero el poquito pasó rápido, volví a tocar una tecla, luego otra, después el mouse, apreté el botón izquierdo, pisé el freno, moví la palanca de cambio, y nada.
Eran las once de la noche, estaba cansado, necesitaba terminar algo, al día siguiente debía tomar exámenes por medio de Zoom con esa misma máquina y, cómo decirlo, la sola idea de que un equipo que había armado con la dedicación de un luthier hubiera fallado catastróficamente me alarmó bastante.
Pero, un momento, ¿puede ser que de un momento a otro una máquina deje de funcionar así, que quede por completo inaccesible, y adiós? La respuesta breve es sí. La otra respuesta que tenía en mi cabeza, y que se basaba en muchísimos años de lidiar con estos dispositivos, era: “Esto no es una falla de la computadora”. Pero todavía no podía probarlo. Lo presentía, pero con eso no hacemos nada.
Un pantallazo
Visto que ni el teclado ni el mouse sacaban la máquina de su letargo, hice lo que cualquier humano haría en ese contexto. Apreté el botón de Reset. Aquí el asunto empezó a ponerse, digamos, interesante.
Mi estación de trabajo tiene tres pantallas. La de la izquierda, al estar conectada por VGA (mediante un adaptador para DisplayPort), así que es la primera que se activa. Cuando reinicié la máquina, esa pantalla vieja, pero robusta mostró la caja de la contraseña de arranque (no la de Windows) y el vistoso menú del motherboard. Era una buena noticia. La computadora estaba arrancando.
Tres pantallas, tres generaciones; en orden cronológico, VGA, HDMI y DisplayPort¿Estaba arrancando? ¿Seguro? Un segundo después, los tres monitores se pusieron negros de nuevo, y a partir de ahí, nada más. Cero. Silencio de radio. Mi perplejidad era tanta que podría haberla puesto en bidones de 5 litros para venderla al por mayor. Me encontraba de nuevo como al principio. Todas las pantallas apagadas, uno de los discos mecánicos haciendo un ruidito más o menos rítmico, y ya.
Puesto que el disco de arranque y el de las aplicaciones son ambos de estado sólido (SSD, por sus siglas en inglés; uso los mecánicos solo para backup), no podía saber si el equipo estaba haciendo algo o no. Los ruidos de los discos mecánicos nos dicen mucho, cuando aprendemos a interpretarlos. Pero los SSD son enteramente silenciosos. Una de cal y una de silicio.
Miré el gabinete, con su bonita banda LED decorativa, que iba cambiando suavemente de color, y le pregunté:
–¿Estás ahí o qué?
No me respondió, por supuesto. Como sé que la mejor táctica en una emergencia de este tipo es pensar (y no ponerse a apretar botones como loco), no hice nada más. Era todo bastante inquietante. Por un lado, la máquina de pronto no mostraba signos vitales. O, para ser más preciso, no podía saber nada de lo que estaba pasando. Los SSD no hacen ruido. No había cambiado nada ni instalado nada. Faltaban unos días para las actualizaciones mensuales de Windows. Pero las pantallas estaban apagadas y no respondían al teclado. Solo me había levantado cinco minutos de mi silla. ¿Podría haber sido eso?
Me insté a abandonar el pensamiento mágico, que para eso tenemos la campaña presidencial, y me quedé un rato mirando el escenario. Era desconcertante. ¿Ni siquiera pantalla azul? ¿Nada de nada de nada? Entonces me dije: esperá un momento, ¿realmente las tres pantallas no están respondiendo? ¿Ninguna de las tres?
Un momento de iluminación
Cuando uno saca a Windows del modo de ahorro de energía, la única pantalla que se enciende, en caso de tener más de una, es solo la que está identificada como principal (o número 1, en el menú de configuración). Las otras dos, no. Incluso si usás un dock para tener una pantalla grande conectada a tu notebook, la única que va a mostrar señales de vida cuando toques el teclado va a ser la pantalla grande, la notebook va a seguir negra.
Configuración de varias pantallas en Windows 11. HDR está desactivado porque de otro modo las capturas de pantalla salen lavadas. Bugs, bugs y más bugsAriel TorresOK, pensé, ¿qué tal si lo que se colgó no es la computadora, sino el monitor?
¿Perdón, puede colgarse un monitor? Teóricamente, sí, porque hoy una pantalla está controlada por una computadora. Pensé: ¿qué tal si Windows está como siempre, mostrando la pantalla de inicio, pero este gran monitor negro está colgado y por eso no veo nada? No perdía nada probando, así que toqué la tecla de cursor hacia arriba para activar la caja donde se ingresa la contraseña, la escribí con cuidado (estaba a ciegas, recuerden) y apreté Enter.
¡Sorpresa! Las dos pantallas secundarias se activaron alegremente y la del medio, por supuesto, siguió negra; quod erat demonstrandum. O sea, el problema no era la computadora ni Windows, sino el dichoso monitor, que por alguna razón que permanecerá en el misterio hasta el final de los tiempos, había quedado en un estado anómalo y ni siquiera respondía el botón de encendido. Recurrí por lo tanto a un truco que nunca falla y le desconecté la corriente eléctrica. Conté hasta diez. Lo volví a enchufar, lo encendí y todo volvió a la normalidad.
Como se dice, puede fallar. La cosa es tomarse el tiempo para analizar qué es exactamente lo que está fallando. Supongamos que a las 11 de la noche me hubiera puesto a desarmar todo para ver qué estaba pasando. Un auténtico, genuino y certificado dolor de espalda. Y sin embargo alcanzaba con desconectar la ficha de alimentación de la pantalla principal. Y volver a enchufarla, claro.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.