Veinte años sin Bolaño: los escritores favoritos del lector “salvaje”
A dos décadas de la muerte del autor de Estrella distante y 2666, entre otros libros, las lecturas que hizo desde la adolescencia permiten reconstruir su formación literaria
Daniel Gigena
En 2023, Bolaño cumpliría 70 años
“No hay inmortalidad, y esta es una paradoja que los escritores conocen muy de cerca y sufren muy de cerca, porque hay escritores que se lo juegan todo por el reconocimiento y por la inmortalidad”, dijo el escritor chileno Roberto Bolaño (19532003). Ayer se cumplieron veinte años de la muerte del autor de dos de las más grandes novelas en lengua española –Los detectives salvajes y 2666 (en Francia se prepara una serie sobre esta última)–, y de cuentos, poemas, ensayos y reseñas.
Bolaño no escribió un libro de memorias, pero gracias a textos y entrevistas se puede componer un retrato en anamorfosis, similar a una obra de ficción. “No tengo nada en contra de las autobiografías, siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta centímetros, siempre y cuando la escritora haya sido una puta y a la vejez sea moderadamente rica, siempre y cuando el pergeñador de tal artefacto haya tenido una vida singular”, dijo en su célebre discurso “Derivas de la pesada”, incluido en A la intemperie (Alfaguara). Contó que, a los quince años, instalado con su familia en México, le había anunciado a su madre que iba a ser escritor y que no seguiría estudiando en la escuela secundaria. “La verdad es que, conociendo lo que conozco ahora, que ya tengo cincuenta años, tampoco a mí me gustaría que un hijo mío fuera escritor”, dijo poco antes de morir.
“No hay inmortalidad, y esta es una paradoja que los escritores conocen muy de cerca y sufren muy de cerca, porque hay escritores que se lo juegan todo por el reconocimiento y por la inmortalidad”, dijo el escritor chileno Roberto Bolaño (19532003). Ayer se cumplieron veinte años de la muerte del autor de dos de las más grandes novelas en lengua española –Los detectives salvajes y 2666 (en Francia se prepara una serie sobre esta última)–, y de cuentos, poemas, ensayos y reseñas.
Bolaño no escribió un libro de memorias, pero gracias a textos y entrevistas se puede componer un retrato en anamorfosis, similar a una obra de ficción. “No tengo nada en contra de las autobiografías, siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta centímetros, siempre y cuando la escritora haya sido una puta y a la vejez sea moderadamente rica, siempre y cuando el pergeñador de tal artefacto haya tenido una vida singular”, dijo en su célebre discurso “Derivas de la pesada”, incluido en A la intemperie (Alfaguara). Contó que, a los quince años, instalado con su familia en México, le había anunciado a su madre que iba a ser escritor y que no seguiría estudiando en la escuela secundaria. “La verdad es que, conociendo lo que conozco ahora, que ya tengo cincuenta años, tampoco a mí me gustaría que un hijo mío fuera escritor”, dijo poco antes de morir.
Con amigos poetas como él, fundó el grupo de los “infrarrealistas”, entre cuyas actividades se destacaban el robo de libros, el boicot a las presentaciones de escritores mexicanos famosos (“detestábamos a Octavio Paz, pero era un gran poeta y un gran ensayista”) y la concepción de la vida como una obra de arte. En simultáneo, siguió un estricto plan de lecturas que proliferó hasta su muerte, a los cincuenta años.
“Su biblioteca está en la casa de Blanes; su viuda, Carolina López, la ha conservado, aunque no en el orden en que él la dejó –contó la editora y escritora Valerie Miles a la nacion–. Ahí se ven los libros que más le importaban, como las obras completas de Borges. La obra de Octavio Paz estaba al lado de su mesa y también libros de Pablo Neruda. Y toda una colección enorme de ciencia ficción, de sus autores preferidos, como Philip K. Dick, Fritz Leiber y Alice Sheldon, que usaba el seudónimo de James Tiptree, y que en un principio iba a ser un personaje de Estrella distante. Leía muchísima ciencia ficción”.
Miles, que en 2013 fue curadora junto con Juan Insua de la exposición Archivo Bolaño, cuenta que el chileno leía a Dante Alighieri. “José María Micó, traductor de Dante al español, era su amigo y pasaban horas y horas hablando de Dante –reveló–. Su viuda recuerda que tocaba con reverencia los libros y que era muy cuidadoso del orden de su biblioteca”.
Bolaño se hizo escritor a la manera tradicional: leyendo libros y pontificando sobre literatura. En 2020, en el Instituto Cervantes de Múnich se organizó el coloquio “Contar Bolaño: el lector salvaje”, con la presencia de la escritora Blanca Riestra, el filólogo Benjamin Loy y el hispanista Daniel Graziadei. “Durante 35 años, se lo pasó leyendo”, resumió Loy.
Entre sus escritores predilectos, aparecen Cervantes, los poetas del Siglo de Oro español y su amigo, el “infrarrealista” mexicano Mario Santiago; Mario Vargas Llosa (“Su obra es inmensa, tiene miles de entradas y de salidas”) y Gabriel García Márquez; Roberto Arlt, Jorge Luis Borges (“Un escritor feliz”, “el mayor autor que haya nacido en Latinoamérica” y “el mejor humorista que hayamos tenido”), Adolfo Bioy Casares (“autor de la mejor novela fantástica de Latinoamérica”, por La invención de Morel), Julio Cortázar (”Mi generación se enamoró de Rayuela”) y Osvaldo Lamborghini (“a duras penas puedo leerlo, no porque me parezca malo, sino porque me hace daño”); Edgar Allan Poe, Herman Melville, Philip Dick, Barry Gifford y Raymond Carver; Pascal, Baudelaire, Arthur Rimbaud y Georges Perec. Y El castillo y El proceso, de Franz Kafka; el Tractatus logico-philosophicus, de Ludwig Wittgenstein; Todo Ubú, de Alfred Jarry, y La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. De sus contemporáneos, hablaba con entusiasmo de Pedro Lemebel, Rodrigo Rey Rosa, Juan Villoro, Javier Marías, Rodrigo Fresán, Horacio Castellanos Moya y Enrique Vila-matas. En reseñas, entrevistas y ensayos, menciona elogiosamente a Silvina Ocampo y Alejandra Pizarnik, Grace Paley, Victoria De Stefano (que falleció en enero, en Caracas, a los 82 años), Belén Gopegui, Carmen Boullosa, Olvido García Valdés y sus compatriotas Alejandra Costamagna y Lina Meruane.
Uno de los ejes de su literatura es la poesía. “Soy o, más apropiadamente, fui poeta, que es lo mismo que no ser nada y escribo sobre lo que más conozco –se lee en Bolaño por sí mismo. Entrevistas escogidas, al cuidado de Andrés Braithwaite–. También sobre lo que más me ha defraudado y sobre lo que más admiro. El territorio de la poesía es el único territorio, junto con el dolor, en donde aún es posible encontrar fórmulas maravillosas (o mejor dicho: la mitad de las fórmulas) y en donde uno, consciente o no, pone en juego su propia vida”. Publicado por el sello chileno Bastante (que participará en la próxima Feria de Editores), el volumen tiene prólogo de Juan Villoro y epílogo de Alejandro Zambra.
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA


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