Provincia de Buenos Aires: 40.499 candidatos y 1835 listas inscriptas para competir en las PASO anticipan demoras y caos en el recuento de votos
Las listas de gobernadores prácticamente se triplicaron desde la última elección en 2019; entonces eran nueve, y cuatro años después son 269 de julio de 2023
María José LucesoleLaura SerraFlorencia Rodríguez Altube
LA PLATA.- Los 14 millones de electores de la provincia de Buenos Aires podrán optar entre 40.499 precandidatos que se presentan en 1835 listas inscriptas para competir en las PASO. En el mayor distrito electoral del país se presentaron 26 precandidatos a gobernador y vice. También habrá 196 listas con 2756 postulantes a legisladores provinciales, y 1613 listas con 37.691 aspirantes a intendentes y concejales de acuerdo a datos provisorios de la Junta Electoral de la provincia de Buenos Aires.
La oferta de 26 listas con candidatos a gobernador casi triplicó las nueve listas que se postularon en la última elección general de 2019. La inflación de candidatos tiene en alerta a las autoridades de la justicia electoral a cargo del escrutinio: “Estamos viendo cómo atender la situación, la cantidad de escuelas, fiscales, autoridades de mesa. Siempre los números son gigantes, pero en unas PASO presidenciales, simultaneas, los números son enormes”, dijo una fuente judicial a cargo del operativo.
Axel Kicillof y Verónica Magario no tendrán interna en Unión por la Patria, pero muchas de las alianzas que pretenden llegar a octubre sí competirán. En Juntos por el Cambio competirán Diego Santilli junto con Néstor Grindetti. Por el Frente Izquierda y Trabajadores Unidad se presenta Rubén “El Pollo” Sobrero junto con Alejandro Bodart.
Luego una decena de partidos presentan sus candidatos con la esperanza de llegar al piso para entrar al cuarto oscuro en octubre. Entre ellos están La Libertad Avanza, que promueve a la diputada Carolina Pípparo junto con Norberto Onetto; Partido Principio y Valores que postula al expiquetero Luis´Elia junto a Fabiana Montoni.
La multiplicación de listas genera alta preocupación entre las autoridades de la justicia que tendrán a cargo el escrutinio en la noche del 13 de agosto que en estricto off the record hablan de caos para ordenar la oferta electoral dentro de cada cuarto oscuro. “No se cuantas hojas vamos a necesitar para cada acta y para los telegramas. Los presidentes de mesa van a terminar a la una de la mañana. Esto es un caos. Va a ser tremendo”, analizó fuera de micrófono una fuente con décadas de experiencia en el recuento de votos.
“Ya no encontramos lugar dónde nos entre semejante cantidad de boletas para oficializar con el tamaño que tienen”, dijo la misma fuente.
En algunos municipios la oferta de candidatos a intendente también supera las dos docenas. Por caso en Almirante Brown y en Merlo hay 26 postulantes, en espejo con la oferta de gobernador. Pero hay municipios con aún más candidatos: por caso en Moreno se presentan 29 listas; en La Matanza habrá 30 boletas para intendente en el cuarto oscuro. Y en La Plata habrá 31 candidatos en el segmento para renovar alcalde.
En esta capital se da un fenómeno acaso único debido a que Unión por la Patria presenta 5 candidatos: Luis Arias, Carlos Castagneto, Julio Alak, Guillero Escudero y Paula Lambertini.
Juntos por el Cambio presenta más oferta en los distritos pequeños del interior: por ejemplo en Bolívar lleva 5 listas distintas. En otros distritos del interior como Necochea Juntos por el Cambio presenta 4 listas. La principal coalición opositora tendrá presencia en los 135 municipios. En cambio las agrupaciones de izquierda sólo se presentará en 82 municipios.
En un promedio general de los 135 municipios se presentan 12 listas municipales, que se completarán con los 26 provinciales. Pero hay municipios pequeños que son la excepción: como Pellegrini donde solo se presentan dos listas. En otros municipios como Tordillo, Tres Lomas, Alberti, Rivadavia, Pila, Lobería, Hipólito Irigoyen y Maipú la oferta local se reduce a tres listas.
El total de candidatos a intendentes para los 135 municipios son 1613 postulantes. En tanto se presentaron 15.304 aspirantes a concejales titulares y 9.802 suplentes.
Respecto de la renovación de cargos legislativos la multiplicación de listas es notable: hay 570 postulantes inscriptos para senadores titulares y 397 suplentes para renovar un total de 23 escaños. Y hay 1124 aspirantes a diputados titulares más otros 665 suplentes para renovar 46 bancas.
Para fiscalizar toda esta elección primaria abierta simultánea y obligatoria que se anticipa caótica en el cuarto oscuro 83.200 personas serán citadas como autoridades de mesa. Además el juzgado federal con competencia electoral exigió a los partidos políticos que inscriban a los proveedores de las boletas a fin de dar trazabilidad a las papeletas que se encontrarán dentro del cuarto oscuro.
Este año el incremento de autoridades responde al aumento del padrón habilitado: 14 millones de electores en este territorio. Se espera unos 13.184.000 electores nativos y 869.970 extranjeros. Esto da un total de 14.053.970 ciudadanos en condiciones de votar en distrito con mayor peso electoral del país. El padrón aún no está cerrado.
Los cargos que se eligen son 2855: gobernador y vice; 23 senadores provinciales titulares y 16 suplentes; 48 diputados provinciales y 28 suplentes; 135 intendentes; 1097 concejales titulares y 706 suplentes. Más concejeros escolares.
Fuentes del Juzgado Federal con competencia electoral deslizaron que los resultados en los municipios más complicados no se conocerán hasta el lunes 14 a la madrugada. Las autoridades judiciales descuentan que tras el primer filtro de las PASO en la elección general de octubre la oferta electoral quedará más ordenada en el principal distrito electoral del país. Pero antes habrá que sortear una primarias que se anticipan caóticas por la multiplicidad de boletas.
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Problemas en el multiverso de Massa
La suba del blue y la falta de acuerdo con el FMI perturban al peronismo; la polarización con Bullrich busca fidelizar el voto cristinista, pero hay nerviosismo por los últimos sondeo
Martín Rodríguez Yebra
Sergio Massa inventó una épica del contrafáctico para resolver el dilema fundacional de su proyecto presidencial. ¿Por qué alguien habría de votar al ministro de Economía de un gobierno con más del 100% de inflación anualizada y sin dólares en las reservas? Sencillo: porque sin él todo hubiera sido muchísimo peor.
Ese relato heroico, alentado por la propia Cristina Kirchner, esboza un multiverso rudimentario.
En uno de los pliegues espacio-temporales de ese multiverso, si Massa no asumía como ministro el año pasado, se desataba una hiperinflación y Alberto Fernández huía en helicóptero de la Casa Rosada, mientras el peronismo se derrumbaba, acaso para siempre. La campaña prescinde de la promesa futura y halla virtud en un desierto de logros pasados. Se completa el mensaje con la inyección del miedo a lo que podría pasar si gana una oposición de derecha que promete cambios desde la raíz.
La realidad ha aparecido en las últimas horas para fastidiar los planes del peronismo unido. La trepada del dólar blue en la última semana y las dudas crecientes sobre la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) metieron a Massa en una turbulencia inoportuna. Un presente calmo es condición básica para el éxito del ministro-candidato.
El camino de Massa hacia la boleta presidencial fue asfaltado con una minuciosa intervención en el mercado para congelar los dólares financieros. El doble propósito era llegar a la etapa decisiva con la ilusión de un veranito cambiario y de desaceleración inflacionaria. Mientras consiguió lo segundo –el último índice antes de las PASO marcó una baja de 7,8 a 6%–, la agitación del blue obliga al “ministro fullero” a volver a la mesa de apuestas.
Desde Cristina hasta los principales empresarios del país escucharon a Massa decir hace más de un mes que era inminente el acuerdo puente con el FMI que garantizaría estabilidad durante la temporada electoral. Esto implicaría el giro de casi US$10.000 millones para cubrir los vencimientos comprometidos para este año. Pero las negociaciones se han complicado y una nube de versiones perturba a la City.
El viaje a Washington de los funcionarios massistas Gabriel Rubinstein y Leonardo Madcur se confirma y se cancela casi a diario. Parece una metáfora de Aeroparque. “No voy a dejar que tengas rehenes allá”, cuentan fuentes de Economía que el ministro le dijo a la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en uno de sus intercambios por Zoom. Solo autorizará la misión de sus delegados cuando la firma sea casi un trámite. Necesita de mínima una garantía de que al menos habrá refinanciación de los vencimientos de julio –US$2600 millones– sin exigencias de una devaluación ni de profundizar el ajuste fiscal antes de las PASO.
“La semana que viene habrá novedades”, es el latiguillo repetido que suena a una revisión del “segundo semestre” de los años macristas. Todo un signo de cómo se ha acelerado la dinámica de crisis. A nivel local, el gobierno de Massa sondea la posibilidad de un nuevo dólar soja para despertar las liquidaciones del campo y contener la sangría de reservas. Se estudian también acciones para frenar el tipo de cambio informal antes de que se salga de control.
Pero la clave reside en la negociación internacional. El FMI se mantiene firme en demandas que son incumplibles para el consenso de Unión por la Patria (UP). “La disyuntiva del staff es: ¿vamos a darles dólares frescos a cambio de nada y dejar que los quemen a 270 durante la campaña para sostener el valor del peso?”, explica un operador de Wall Street que sigue al detalle las tratativas.
El sueño chino
Massa contraataca con el amago de tirarse a los brazos de China como nuevo prestamista de última instancia. Los yuanes que obtuvo en su reciente viaje a Oriente han servido para aguantar la negociación. ¿Serán suficientes para una jugada más osada? “Les doy a los chinos uno de los cuatro o cinco puntos que piden y ellos ponen la plata que necesitamos para cerrar el año. ¿Quieren obligarme a eso?”, es una frase que le atribuyen al ministro algunos de sus interlocutores habituales. Coquetea con la preocupación que causa en Estados Unidos la intención del régimen de Xi Jinping de quedarse con el manejo de tecnologías de comunicación, de asumir el control de la Hidrovía y de incrementar el vínculo con la Argentina en materia de defensa. Hay otra burbuja del multiverso en el que Massa es capaz de dinamitar sus tan preciados lazos con el mundo occidental.
El póker geopolítico se completa con la kirchnerización del candidato. El “peronista moderado” muestra versatilidad no solo para enamorar con palabras y lágrimas de emoción al votante de Cristina, sino también para presionar a los burócratas del organismo con sede en Washington. Se abraza efusivamente a Axel Kicillof –un cruzado anti-fmi– y reflotó en sus discursos el sueño nestorista de “juntar los dólares para echar al Fondo de la Argentina”.
El kirchnerismo mira con ansiedad los sacudones del mercado. Cristina confió en la tesis de Massa de que su candidatura presidencial iba a aportar sosiego durante el proceso electoral y le permitiría al peronismo ser competitivo después de la experiencia fallida de Alberto Fernández.
Solo había que encapsular todo lo malo en la figura del Presidente, al que restaba pagarle con “un par de bancas”, como la propia vice alardeó en público.
Fue Cristina la inspiradora del contrafáctico que alimenta la campaña oficialista. Ella le reconoció a Massa que agarró “una papa caliente” cuando asumió en el ministerio en agosto de 2022. Lo dijo en aquella incursión televisiva en la que había ilusionado a Wado de Pedro con la frase sobre los “hijos de la generación diezmada”.
La jefa del kirchnerismo reforzó la tesis en el acto de inauguración del gasoducto de Vaca Muerta. Jugaron con Massa una suerte de tenis de elogios, con Alberto Fernández haciendo de red. Ella necesitaba mostrar claramente quién es “su” candidato. A Juan Grabois lo sentó en las primeras filas, pero no lo mencionó. Él sabe que su papel es amortiguar la salida de votos ideológicos del kirchnerismo hacia la izquierda y lo cumple con obediencia, sin incordiar.
“Cristina le hizo ver que no debería fantasear con otra cosa”, advierte una fuente del Instituto Patria. Cerca de Massa son más tajantes: “Lo de Juan está bien; sirve lo que pueda retener en las PASO. Pero Máximo y La Cámpora no quieren que el tipo saque 10 o 15 puntos y después les vaya a cobrar por unos votos que no tiene”. Por eso, De Pedro es jefe de campaña y habrá una mimetización constante del aspirante presidencial con figuras identitarias del cristinismo.
El Estado en pleno está a disposición del candidato, que reparte subsidios, préstamos, aumentos y promesas de inversión en una carrera contra reloj hasta la fecha en que la ley prohíbe mezclar actos de campaña con anuncios de medidas e inauguraciones. Un platita clásico. Todo vale para “defender la patria”.
La inestabilidad económica es el potencial factor disruptivo en la alianza mas si sta-k ir ch ner is ta. La buena sintonía funciona en las condiciones climáticas que prometió el ministro.
Massa describe como “sólida” su relación con Cristina. “Me respeta porque la peleé en el poder, no como otros que la quisieron golpear en el piso”, suele decir, según fuentes de su entorno. La describe en una fase “muy pragmática”. Y sostiene que su vínculo fluye porque él la escucha y no mueve fichas sin antes anticiparle el movimiento. “El gran error de Alberto fue no haberla incluido. Le hicieron creer que si se mostraba cogobernando lo iban a tratar de títere. Al final desató una guerra interna inmanejable que lo condenó al fracaso”, resumen cerca del ministro.
En la mesa del nuevo consenso peronista se resolvió la polarización con Patricia Bullrich. Revivir la grieta con el macrismo ofrece un lugar de encuentro acogedor para todos los actores de UP.
En el cierre de la semana hubo, sin embargo, una pizca de autocrítica por cómo se ejecutó el plan. Los afiches que vinculaban a la candidata del “todo o nada” con Montoneros no cayeron simpáticos en las oficinas de “los hijos de la generación diezmada”. Y la ofensiva del Ministerio de Justicia contra la fundación de Patricia Bullrich se juzgó contraproducente, porque disparó un remanso de unidad entre las dos facciones que dividen a Juntos por el Cambio (JXC). Esa división es un “bien sagrado” para las esperanzas presidenciales de Massa. El autor de esa maniobra fue el ministro Martín Soria, un kirchnerista no reconocido. No faltó quien señalara a Alberto Fernández como responsable de “una sobreactuación”. Pero ¿cómo explicar entonces la intervención de Ricardo Nissen, presidente de la Inspección General de Justicia (IGJ), que fue apoderado de Máximo y Florencia Kirchner en la causa Hotesur?
El mensaje de las encuestas
Cuando apuntan a Bullrich no es por interés de que prevalezca en la interna del Pro. Massa suele decir que sus chances de ganar en un ballottage crecerían si Horacio Rodríguez Larreta fuera su rival. Como sea, es difícil jugar a meter goles en cancha ajena y el programa de campaña se ajusta a las urgencias.
El primer partido son las PASO de agosto y ahí a Massa le apremia retener el núcleo duro de votos kirchneristas y asegurarse de que Grabois no supere la barrera imaginaria de los 5 puntos. Con eso conseguiría muy probablemente ser el candidato con más votos a nivel individual. La polarización con Bullrich responde a esa lógica: proveer un mensaje de fácil codificación para el electorado de Cristina. Hay que parar al macrismo recargado “que viene por el ajuste salvaje, el recorte de derechos sociales y la represión”.
Otra necesidad consiste en mantener a Javier Milei en el torneo. Es el ancla para que Juntos por el Cambio no pueda avanzar hacia un triunfo en primera vuelta. Hay que esperar en los días que vienen una catarata de alusiones del kirchnerismo al referente libertario. “Tenemos que evitar que lo invisibilicen”, dice una fuente del comando peronista.
Las encuestas que consume Massa muestran que Milei no cayó tanto como le atribuyen otros analistas de opinión pública. La consultora en la que él más cree es Inteligencia Analítica, que fundó su cuñado Sebastián Galmarini. El último sondeo difundido por esa empresa le da 4,5 puntos de diferencia a JXC sobre UP, con Bullrich muy arriba de Larreta (24,8% a 9,5%) y Milei en casi 20%. A Massa lo ubica con 23,1% y a Grabois, con 6,7%. Un escenario así pone al ministro-candidato en la obligación de fortalecer su posición en la interna propia para terminar como el más votado en agosto y entrar con buenas expectativas a la campaña por la primera vuelta.
Los números que analizan en distintos planos del oficialismo aún son poco alentadores. La intención de voto de la marca Unión por la Patria no se movió desde la definición de candidatos. Tiene un techo de 30 puntos en casi cualquier sondeo conocido. Intendentes del conurbano han expresado en privado su nerviosismo porque esperaban un impacto positivo que sigue sin ocurrir. En ese bastión del peronismo es donde Massa necesita sacar una diferencia amplia para estar en carrera.
En Santa Fe los postulantes para las decisivas PASO de este domingo admiten que tienen en cifras muy flojas para la oferta presidencial del oficialismo –que incluye al rosarino Agustín Rossi–. En Córdoba un Massa kirchnerizado no mueve la aguja. Y algunos sondeos que circulan entre dirigentes camporistas de la ciudad de Buenos Aires reflejan marcas nada despreciables de Grabois, un dirigente que tiene estructura porteña propia y despierta más pasiones en Palermo Hollywood que en González Catán.
La concordia peronista florece en ese estado de palmaria fragilidad y se alimenta de una oposición invertebrada, incapaz de gestionar su condición de favorita. Por eso cualquier viento fuerte –como el inoportuno despertar del dólar– se asemeja a una amenaza existencial para el club de los patriotas que evitaron algo peor.
El dólar blue y las dudas con el FMI metieron a Massa en una turbulencia
http://indecquetrabajaiii.blogspot.com.ar/. INDECQUETRABAJA
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