miércoles, 5 de julio de 2023

CRISIS


Cayeron los ingresos de los hogares pobres y de clase media
Bajaron 2,4% y 6,3% en el primer trimestre de este año frente a 2022, según el Indec.
Francisco Jueguen

En tan solo un año –entre el primer trimestre de 2022 y el mismo período de 2023–, y como consecuencia de la aceleración de la inflación en el país, los ingresos de las familias pobres y de clase media cayeron más que durante dos años de pandemia. No pasó lo mismo, pese al discurso supuestamente progresista del gobierno de Alberto Fernández y Cristina Kirchner, con los ingresos que percibieron las familias de estratos altos, que pudieron cubrirse de la fortísima suba de los precios.
Así surge de un cálculo realizado por la consultora ExQuanti a partir de datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec (EPH), fundamentalmente aquellos que terminaron en el informe de Evolución de la Distribución de Ingreso publicado la semana pasada por el organismo que dirige Marco Lavagna.
Desde el primer trimestre de 2022, cuando Martín Guzmán era el ministro de Economía, hasta el mismo de este año, ya con Sergio Massa al mando en el Palacio de Hacienda, el ingreso per cápita familiar –que se obtiene dividiendo el ingreso total familiar por la totalidad de los componentes del hogar– mostró un deterioro real (deflactado por inflación) de 2,45% en el estrato más bajo de la sociedad. En el mismo período de tiempo, cayó 6,35% en el medio.
Entre 2020 y 2022, el ingreso per cápita familiar había caído 1,61% para los más pobres y 6,58% para lo que podría denominarse clase media, según los datos oficiales.
Sin embargo, las mayores bajas de estos indicadores se registraron entre 2018 y 2020, el período de gobierno de Mauricio Macri. Esos dos últimos años, marcados por dos corridas cambiarias, reflejaron una significativa baja de los ingresos familiares de los más pobres (18,09%) y de los segmentos medios (15,5%). Tampoco los más pudientes, los estratos altos, escaparon: -15,8%.
Pese a que es un dato económico, estos números tienen derivaciones políticas camino a las internas de agosto. “Lo que no podemos seguir aceptando es una Argentina que crece, pero no distribuye. Nuestro pueblo trabaja mucho, pero el salario no alcanza. Aumento salarial para trabajadores registrados, salario universal para trabajadores informales en transición a la formalidad”, escribió ayer en su cuenta de Twitter Juan Grabois, quien irá a la interna de Unión por la Patria nada más y nada menos que con el actual ministro de Economía del Gobierno (Massa). En el mismo tuit, Grabois posteó un título de un medio kirchnerista que titulaba “Crece la brecha de ingresos y la necesidad de buscar más trabajo para llegar a fin de mes”.
En el largo plazo, la caída de los ingresos de las familias es brutal. En cinco años, en promedio, se desplomaron 23,21% en términos reales, según los datos oficiales del Indec. Si solo se toma el ingreso individual, la baja real es mayor: 25,8%. En el mismo período, la caída para los ocupados es de 26,5%; mientras que para los asalariados llega a 25%.
Las cifras contrastan con las celebraciones habituales en el oficialismo, que promueve las cifras del crecimiento de las tasas de empleo (trabajo precario, principalmente) y esconde la otra cara de la moneda: la persistente debacle de los ingresos.
Según el trabajo de la UBA y la UCA, la cantidad de ocupados pobres llegó a fines del año pasado a 27,3%. Para encontrar un dato similar, sacando el impacto de la cuarentena oficial (30,5% en 2020) hay que irse a 2006 (28,5%).
Para peor, otro dato del Indec publicado a fin de la semana pasada es un indicador más de que, por lo menos en el corto plazo, las cosas no mejoraron para los trabajadores. El índice de salarios de abril mostró un alza de 5,4% cuando ese mes el índice de precios al consumidor (IPC) marcó un 8,4%. “Interanualmente, a pesar de la pérdida mensual, el sector público es el que mejor estuvo en abril, aumentando su poder adquisitivo en un 1%. El sector privado registrado registró una merma real del 1,1%. Como viene sucediendo en los últimos años, el sector informal registró una pérdida real del orden del 15%”, indicó el titular del Iaraf, Nadin Argañaraz.
“La desaceleración de la inflación en mayo y en junio debería posibilitar una recuperación real. El gran desafío para recuperar poder adquisitivo sigue siendo la baja sostenible de la inflación. El salario real es uno de los factores claves que se tienen en cuenta a la hora de votar. No solamente el salario actual, sino también el esperado, en función de la marcha de la economía”, agregó.
Massa espera que junio le ofrezca una desaceleración de la inflación a niveles altos en torno al 6,5%. El ritmo de depreciación del peso en las últimas semanas (ver aparte) confirma que esa es la expectativa del Gobierno. La consultora C&T, por caso, registró un alza de 6,7%.
Por otra parte, con foco en la clase media, Massa trabaja además en la mejora salarial a través de una actualización de impuesto a las ganancias. En su equipo, no obstante, indicaron ayer a que ese proyecto todavía no estaba listo.

“Trabajadores pobres”, una figura que se cristaliza
Un informe de la UCA y la UBA estima que a fines de 2022 llegaban al 27,3%
Hace un año, lo retrató la mismísima vicepresidenta de la Nación, Cristina Kirchner. “Hay un segmento de los trabajadores en relación de dependencia que son pobres. Esto nunca había pasado”, dijo en un discurso en la Universidad del Chaco al recibir un doctorado honoris causa.
A fines de 2022, un informe del Programa Cambio Estructural y Desigualdad Social (IIGG-UBA) y el Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA-UCA), a partir de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, estimó que la cantidad de ocupados pobres llegó a 27,3%. Para encontrar un dato similar, sacando el impacto de la cuarentena oficial por la pandemia de coronavirus (30,5% en 2020) hay que irse a 2006 (28,5%). El punto más bajo de la serie entre 2003 y 2022 fue 2017 (15,2%). En 2018, con la corrida cambiaria, la primera de la gestión de Mauricio Macri, comienza el deterioro de esta variable y se profundiza hasta llegar a la actualidad.
Según ese mismo trabajo, el trabajo de indigencia –técnicamente llamado subempleo inestable– se expande y a fin de 2022 llegó a su peor nivel desde 2006. Ese “segmento marginal” de trabajadores llegó en el cuarto trimestre de 2022 a 16,7%, el mayor porcentaje desde el mismo período de 2006 (18,4%). En su trabajo, los técnicos de la UBA y la UCA definen al segmento marginal –el subempleo inestable– como ocupados o subocupados precarios con ingreso horario que no alcanza para cubrir gastos alimentarios de una familia tipo (canasta básica alimentaria).
En el mismo sentido, los ocupados en hogares perceptores de política social pasaron de 3,8% en 2003 a 19,3% el año pasado, lo que revela el deterioro del mercado laboral. En 2021 eran 17,7%.
Mientras tanto, el último dato del Indec sobre mercado laboral dejó una conclusión: el desempleo se mantiene estable, pero aumenta el trabajo más precarizado. La tasa de empleo fue alta, de 45%, pero los trabajos que se crean son mayormente informales o cuentapropistas. Por otro lado, expertos en la materia sugieren que la tasa de actividad se expandió porque hay personas que ahora buscan trabajar porque los ingresos en los hogares cayeron debido a la inflación.
En el primer trimestre, se registró un 6,9% de desocupación (casi un millón de personas sin ocupación o que buscan trabajo). “En el primer trimestre de 2023, la tasa de actividad (TA) alcanzó el 48,3%, la tasa de empleo (TE) –que mide la proporción de personas ocupadas con relación a la población total– se ubicó en 45%”, indicó el Indec.

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