
El mundo que nos rodea nos mide permanentemente e intenta decirnos quiénes somos, aunque somos nosotros los únicos custodios de nuestra integridad e inspiracion. Debemos defenderlas, sólo nosotros conocemos el porqué.
Pienso en la inspiración; es un viento moderado e iracundo, tan fuerte que no se puede contener, es como bajar un río muy correntoso con una chalupa de madera con remos.
La inspiración es un vértigo que busca en nuestra esencia, lo mejor de una luz contenida entre suspiros de ángeles, dragones y demonios. Es un mundo que no se puede describir, ya que excede la razón y habita los ecos del instinto, es de los pocos rasgos animales que aún nos habitan.
Como caminar por el museo de Orsay y recibir en oleadas su arquitectura, su trasluz solar y obras, que entre pinturas y esculturas representan una franja de la historia del arte.
O pensar en Marguerite Duras escribiendo en París sus memorias, sobre su adolescencia de la Indochina francesa. A los 66 años, recordando los infiernos y las glorias de una vida usada con vehemencia.
O en la magnánima coreografia del bolero de Ravel, de Maurice Béjart, interpretado excelsamente por Jorge Donn, que al bailarlo, desnudó y devoró a cada audiencia que lo asistió. "No habría que tener amores, habría que tener sólo pasiones", apuntó Bejart.
O la voz de Maria Callas cantándo el aria, Ebben? Ne andrò lontana, de la ópera La Wally, de Alfredo Catalani, su voz apoyada en las lejanas montañas de nieve y oro donde elige apagar su tristeza.
O el trazo de Paul Cézanne, bordando los colores de la Provenza mientras miraba las montañas de Sainte-Victoire, desde su atelier de Chemin des Lauves, augusto y en solitud, encontrando las razones de su pincel. Hay personas que han sido tan fieles a sus convicciones que marcaron la historia demostrando que cuando nadie les creía ellos, con la persistencia de la intuición y de la inspiración, llegaron a lugares lejanos e inimaginables.
O cuando camino por una chacra de altura en Mendoza, al comienzo del verano, y las higueras están llenas de brevas, son el primer fruto que da este árbol antes del higo, un poco menos dulce aunque de mayor tamaño.
O inspiracion ya en la mesa, cuando la breva necesita contrastes opulentos que generen un opuesto a su dulzor. Una ensalada en una enorme fuente plana, las brevas abiertas al medio con las manos. Se ajan de carnes con una elegancia póstuma, agregando mucha albahaca en hojas enteras, ralladura de cáscara de limón, queso de cabra blando, pimienta, sal de mar y abundantes almendras tostadas. Segundos antes de servir, aceite de oliva de Coratina, de las colinas, con jugo de lima; es como comerse un fragmento del verano.
También la inspiración puede ser un llamado calmo y silencioso, como un hormigueo que nos invade y nos lleva hacia un lugar nuevo, con el mismo lápiz de siempre, para escribir o dibujar, aunque nadie sepa por qué, cuándo o cuánto.
Hay que cuidar como el más valioso de los tesoros nuestra inspiración, nuestras propias convicciones, sabores, voces. Que nuestros pasos, cuando giramos la cabeza para verlos, se vean radiantes, como un calco de nuestra alma.Que no sea más fácil ser crítico que celebrante, o cínico que constructivo. Que sea entonces la inspiración que brota ideas, buscando colores inexistentes, abrazos donde sólo vive la distancia, calor y terneza donde sólo habita la indiferencia, que encuentre esa voz que comienza sola, con balbuceos, y termina formando un coro infinito, libre, perpetuo. Que la más bella soledad sea siempre un camino a la inspiración, porque de eso somos. Que la posibilidad de todo lo posible rija nuestro hacer
F. M.
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