Barra de video

Loading...

viernes, 3 de noviembre de 2017

ARTE JAPONÉS; ETÉREO Y PASIONAL

Riksmuseum.

LA GRAN OLA DE KANAGAWA

Se dice que La Gioconda de Leonardo da Vinci es la pintura más famosa, pero es una sola y está en El Louvre. En cambio, sobre La gran ola de Kanagawa, como se trata de un grabado, se realizaron numerosas copias que se encuentran en galerías de arte de Europa y de América y en varias colecciones privadas. También compite exitosamente con la obra de Leonardo replicada millones de veces en tarjetas postales e ilustraciones para toda clase de eventos.
No sabemos si se trató de una ola gigantesca o de un tsunami. Está realizada en tres colores, que se complementan magistralmente con el blanco del fondo, dando una ligereza y frescura inigualables a la composición.
Es solo una ola en un mar embravecido a punto de devorar a varios botes con pescadores, pero está pintada con una exquisitez que quien mira la pintura queda extasiado y no se la olvida más. Del vértice de la ola estalla una lluvia de gotas que adoptan la forma de garras, listas a precipitarse sobre los desdichados pescadores. A lo lejos, bajo un cielo de tres tonalidades y con su pico nevado se ve el Monte Fuji, empequeñecido por la ola que es la figura principal.

La gran ola de Kanagawa. Riksmuseum.
Katsushika Hokusai, el artífice de esta obra, nació en Tokio en 1760. No se sabe si Nakajima Ise fue su padre o si lo adoptó. No conoció a su madre que se supone fue una concubina de Nakajima Ise.
Su encuentro con la pintura se produjo cuando tenía 15 años en que ingresó a trabajar en un taller como aprendiz de grabador. Fue allí donde aprendió el arte del grabado con planchas de madera (xilografía). Desde entonces Hokusai comenzó a pintar en forma infatigable, pero fue a partir de los 30 años que inició la etapa de oro de su arte.

Katsushika Hokusai (1760-1849) Autorretrato
Abarcó una gama amplia de temas pintando tarjetas, libros ilustrados, ilustraciones de antologías de poemas, libros y pinturas eróticas. Dentro de estas últimas se destaca El sueño de la mujer del pescador, una creación totalmente original e impactante en este género. El cuadro representa a una mujer desnuda que está dormida y su rostro expresa un estado de éxtasis. Entre sus piernas abiertas se introdujo un pulpo que le practica sexo oral, mientras la rodea suavemente con sus tentáculos.
La escena es mucho más fuerte y excitante que Leda y el cisne, la clásica pintura del renacimiento que evoca el relato mitológico donde Zeus desciende del Olimpo y adoptando la forma de cisne, copula con Leda. Si en la época de Hokusai hubieran existido las gomerías y los mecánicos de autos, sin duda que tendrían un almanaque con la pintura de El sueño de la mujer del pescador.

El sueño de la mujer del pescador
Si exceptuamos el tapiz medieval de Bayeux, es probable que Hokusai haya pintado el cuadro más grande que se conoce sobre tela. Según cuenta la leyenda una tarde que regresaba a su casa un tanto ebrio, al pasar por un templo en construcción vio un enorme lienzo de 250 metros cuadrados extendido entre dos columnas. Hokusai se hizo traer un jarrón al cual llenó con tinta negra y pintó un Buda gigantesco usando una escoba como pincel.
Pintó muchas escenas cotidianas como antes lo hizo Bruegel y más tarde Goya, pero tenía cierta predilección por las composiciones eróticas hasta que las autoridades se lo prohibieron. Entonces enfocó su atención sobre el Monte Fuji, que por ser un volcán, posee una estructura cónica perfecta. Como el Monte Fuji es visible en muchos puntos de Japón, Hokusai lo pintó desde distintos ángulos, momentos del día y estaciones del año, junto a un lago, detrás de un bosque, totalmente cubierto de nieve o solo en la cumbre, con los colores del alba o del crepúsculo. En algunas pinturas, la montaña ocupa un primer plano y en otras se la ve a lo lejos. En total realizó 36 visitas al Monte Fuji que resultaron en un centenar de cuadros sobre el mismo tema.

Monte Fuji
Hokusai tenía por entonces 70 años y fue cuando dijo su célebre declaración cargada de sencillez y de búsqueda de la excelencia: “A la edad de cinco años tenía la manía de hacer trazos de las cosas. A la edad de 50 había producido un gran número de dibujos, con todo, ninguno tenía un verdadero mérito hasta la edad de 70 años. A los 73 finalmente aprendí algo sobre la verdadera forma de las cosas, pájaros, animales, insectos, peces, las hierbas o los árboles. Por lo tanto a la edad de 80 años habré hecho un cierto progreso, a los 90 habré penetrado más en la esencia del arte. A los 100 habré llegado finalmente a un nivel excepcional y a los 110, cada punto y cada línea de mis dibujos, poseerán vida propia”.

Monte Fuji
En 1854 Japón se abrió al comercio con Europa. A partir de ese momento, la influencia de la estética japonesa, junto con otros aportes, se extendió rápidamente por Occidente y, de una manera especial, en París. Los más influenciados por la obra de Hokusai fueron los impresionistas: Henri de Toulouse-Lautrec, Paul Gauguin, Edgard Degas, Claude Monet y Vincent Van Gogh. Al referirse a la pintura japonesa, el holandés pelirrojo sentenció: “Envidio a los japoneses y la increíble y limpia claridad de la que están impregnados todos sus trabajos. Nunca resultan aburridos ni dan la impresión de haberlos realizado a toda prisa ... Su estilo es tan sencillo como el respirar. Son capaces de hacer una figura con unos pocos trazos seguros, y que parezca tan fácil como abotonarse el chaleco”.

Día ventoso. En el fondo el Monte Fuji
Biografía de Katsushika Hokusai. https://www.katsushikahokusai.org/biography.html
Juan Forn. Pintar la nieve. Página 12, 11,03/2011.
John Paul Stonard. Hokusai: The great Wave that swept de world. The Guardian 19/05/2017.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.