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lunes, 13 de noviembre de 2017

CUESTIONES DEL LUNFARDO


Acerca de voces y expresiones del box
Ringsai (Ringside): zona de los asientos ubicados más próximos al cuadrilátero.
Cuadrilátero o ring: lugar en el que se llevan a cabo las peleas o combates, con cuatro lados y cuerdas que lo delimitan.
Asalto o round: cada una de las fases de un combate. Son periodos de un par de minutos seguidos de pausas en las que los boxeadores descansan. / Cualquiera de los períodos de tres o dos minutos que comprenden un combate. Cada asalto es separado por un minuto de descanso.
El tercer hombre: es una forma coloquial de llamar al árbitro, ya que es la tercera persona que hay dentro del cuadrilátero o ring.
Pelea limpia: se dice de los combates en los que no se infringen las normas. En los que no hay ‘golpes bajos’ ni artimañas.
Contra las cuerdas: cuando el boxeador es acorralado contra las cuerdas que delimitan el ring, no pudiendo escapar: / “Estar contra las cuerdas” significa estar en apuros, en aprietos; es una metáfora que hace referencia a un boxeador arrinconado entre las cuerdas del ring y su oponente.
Dar un golpe bajo: se trata de un golpe dado por debajo de la cintura. / Acción malintencionada con la que se pretende dañar a alguien.
Salvado por la campana: expresión usada para decir que uno de los contrincantes, en clara desventaja, ha evitado perder porque sonó la campana señalando el final de un asalto. / Cuando ha comenzado la cuenta a un boxeador noqueado y la campana interrumpe el conteo para dar término a ese asalto, librándolo así de ser declarado perdedor.
Tirar la toalla: acción de admitir, por parte de una de las “esquinas”, que un boxeador ha sido superado y por tanto debe finalizarse el combate. Es lo que se llama Nocaut Técnico. / Rendirse; dar, automáticamente, la victoria al oponente.
Besar la lona: expresión, que alude a la situación de nocaut en el boxeo, en el que el boxeador ‘besa la lona’ al caer tras el golpe de su oponente. La frase se utiliza popularmente para referirse a un fracaso o a una derrota.
Colgar los guantes: abandonar la práctica del boxeo o de cualquier otra actividad.


Acerca de los fueyes picados
La tuberculosis, más exactamente la localización pulmonar de esta enfermedad, se traduce al lunfardo como “tener los discos o los fueyes picados”. Muchas heroínas de novelas de la época victoriana padecían de esta enfermedad, lo cual se explica por la frecuencia de la tisis en aquellos tiempos. Las tuberculosas más célebres de la literatura fueron Margarita Gauthier, Mimí, la esposa de David Copperfield y la pequeña Eva de La Cabaña del Tío Tom. No menos famosa, entre nosotros, fue la obrerita que tosía por las noches mientras pasaba un hombre pregonando con una cotorrita.
En el libro de Carlos de la Púa o el Malevo Muñoz, que es lo mismo, La Crencha Engrasada, encontramos un solo caso de tuberculosis y no se trata precisamente de una jovencita grácil, de cutis fresco y ojos brillantes, sino que esta vez el personaje es “El vago Amargura”:

“Y volvió de Ushuaia con la conocida
tos envenenada que atrapa el canero,
y olvidando todo se engrupe la vida
mandando a bodega su troli cabrero”.

Y casi con seguridad, el mencionado Vago padecía también su buena cirrosis hepática:

“Mandando a bodega su troli de vino
junto con la mugre de un bar mishiadura,
está siempre escabio el vago Amargura,
que en tiempos pasados fue un gran malandrino”.

Acerca de la poesía de Xiul Lasopat
Xiul Lasopat, a quien bien puedo considerar mi “negativo”, mi “otro yo” a la hora de ponerse “él” a escribir, es alguien a quien puedo convocar frente a un espejo y verlo en el límite de lo borroso sin llegar a desestructurar su imagen.
Su poesía es lógica y es no-racional, para no emplear el término equívoco de irracional. Confinado al espejo, Xiul Lasopat, que viene ser “el otro”, podrá parecer el poeta del apartamiento, de la soledad o el de la existencia incumplida, cuando, en realidad, es alguien que buceando en lo desconocido pretende vivir una nueva experiencia poética. Lo que “él” busca es el lenguaje de lo inexpresable y la única norma que acepta es la de la libertad total, la de una poesía sin cánones.
Y es en ese ir y venir de imágenes frente al espejo que, para “el otro”, que es el que escribe los poemas, el “Otro él” soy yo. Y como yo soy el que después los termina firmando y da la cara, tengo la sensación de que, en alguna medida, soy alguien que está consumando un plagio.
“Otro él”
Su realidad
y el eco del silencio
en un espejo cóncavo.


Acerca del cafishio, el bacalao y un soneto de antología


La palabra cafishio, con la que designamos al rufián o proxeneta, proviene del italiano stoccafisso, que significa bacalao seco. Digamos de paso que el italiano tomó este término del alemán stockfish, literalmente pez palo, o sea, bacalao seco. En italiano se dice que un individuo “parece un stoccafisso” cuando es rígido y delgado y nosotros, por comparación, comenzamos a usarlo a fines del siglo XIX para designar a los rufianes por su andar tieso y duro. Y de la comparación pasamos a la metáfora. En lugar de decir “fulano parece un stoccafisso” comenzamos a decir “fulano es un stoccafisso”. Después, el término se aclimató y devino en cafishio. Y de cafishio derivan cafiolo, fiolo, cafirulo, canfinflero, canfle, canfunfa, canflinfa, caferata. Y las formas vésricas: shiofica y fioca. Y fioca le dio título a este soneto de Celedonio Flores:

Ha de vestir de negro, si no, no vale. / Camambuses de hule, medias de seda, / un lengue en el bolsillo que sobresale / y un moño que bastante grande le queda.
El mate bien peinado, con una onda / que es el gheite, sin grupos, de sus hazañas… / ¡Si por su cabellera sedosa y blonda / es que tiene los records de su campaña!
Esperando las cinco de la matina / aguanta hasta que sale la pobre mina / rengueando descolada del cabaret.
Se mandan un completo si sale sola; / pero si la percanta sale con cola / él dice: “¡Que paponia, me hizo un mishé!”…

Acerca de una filmación de Gardel poco difundida
El jueves 25 de abril de 1935 Gardel llega al Puerto de la Guaira (Venezuela), procedente de Puerto Rico, en la motonave “Lara”. Era un jueves inolvidable para millares de venezolanos. Una multitud, calculada en más de 3.000 personas, esperaba en los muelles desde las 9 de la mañana a “El Divino Carlos”, como lo había bautizado la prensa desde días antes.
A las once y siete minutos bajó Gardel del vapor “Lara” Fue recibido por Luis Plácido Pisarello. Este ciudadano argentino, con muchos años radicado en Venezuela, fue el gestor directo de la visita. Una limousine estaba preparada para trasladar al ilustre visitante y en ella partió junto a sus guitarristas: Riverol, Barbieri y Aguilar, así como también de Le Pera. Tras sortear las dificultades que produjo el hacinamiento ocasionado por la multitud de admiradores, los viajeros lograron ser trasladados al hotel “Miramar” en Macuto. Fue allí donde se realizó esta filmación que, muy gentilmente, me hizo llegar Hernán Sotullo. Fue difundida por un canal de TV rosarino y el presentador, uno de los más populares locutores de esa ciudad, es Raúl Granados, padre del cantor y humorista Pablo Granados.

Acerca de una chacarera lunfa
La tradición oral nos dice que la chacarera nació en Santiago del Estero, más precisamente en Salavina. El hecho de que haya algunas con letras escritas en quichua santiagueño es algo no desestimable a la hora de atender a esta teoría.
La mención más antigua que se registra sobre esta danza fue hallada por Isabel Aretz en las Memorias de Florencio Sal, publicadas en Tucumán en abril de 1913. En este libro se dice que la chacarera se comenzó a bailar en el noroeste de la Argentina, especialmente en la provincia de Santiago del Estero, y que hacia 1850 se bailaba en Tucumán.
Su nombre proviene del vocablo chacarero, “trabajador en una chácara o chacra” (chakra: “maizal”, en quichua santiagueño), porque generalmente se bailaba en el campo, aunque lentamente hizo avance y llegó a las ciudades.
Pero aquí la historia que nos ocupa es otra.Fue hace treinta y un años y en Coghlan, como respuesta a la sugerencia de un vecino que me invitó a escribir una chacarera “en lunfardo”. Y la escribí. A través de ella, un santiagueño nos habla de su viaje, de su aclimatación al ambiente tanguero de Buenos Aires y de su fidelidad al pago.
El vecino de la sugerencia fue Horacio Guarany.

Chacarera lunfa
Aunque mi parla es diquera / -lo está anunciando el rasguido-, / junen que a la chacarera, / muchachos, nunca la olvido.
En un tren de trote tardo / a Buenos Aires bajé, / y entre el gotán y el lunfardo / debute me aquerencié.
“Recuerdo fue en Balvanera” / (aunque suene conocido) / donde hablé por vez primera /
en lunfardo de corrido.
No piensen que es un renuncio / si es que cambié de tonada, / que igual las “eses” pronuncio / y aquí no ha pasado nada.
Siempre recuerdo a mi gente / y el canto de los coyuyos, / aunque role en otro ambiente / y hoy bata mosca y piguyos.
En el amor no ando en llanta. / Transito la misma costa. / Sigue siendo mi percanta / una santiagueña posta.
Cuando estoy con la viaraza / y empiezo a darme manija, / la bombacha bataraza / la saco de la valija.
Y si mi parla es canchera / y un poco me aporteñé, / junen que a la chacarera, / muchachos, no la olvidé.

Letra: Luis Alposta (1986)
Música: Aldo Videla

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