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viernes, 10 de noviembre de 2017

LECTURA RECOMENDADA


La lucha por el pasado, de Elizabeth Jelin
El sentido presente de la memoria


¿Cómo volver del horror? Tanto a nivel personal como social (dos dimensiones escindibles sólo analíticamente), ¿cómo seguir después de episodios que superan lo tolerable? Ésa es la pregunta que da sentido al trabajo de investigadores como Elizabeth Jelin (Buenos Aires, 1941), quien desde hace cuatro décadas reflexiona sobre las violaciones a los derechos humanos en la última dictadura y las respuestas sociales a esa maquinaria de exterminio organizada desde el Estado.
La lucha por el pasado. Cómo construimos la memoria social es una recopilación, razonada y profundizada, de los textos esenciales de Jelin, doctora en sociología, investigadora superior del Conicet y referente internacional en el tema. Tiene, por eso, un alcance y profundidad especiales. También resulta un ejercicio de reflexividad de la autora sobre su propio hacer.
"Hablar de memorias significa hablar del presente", define la autora en la introducción. "En verdad, la memoria no es el pasado sino la manera en que los sujetos construyen un sentido del pasado, un pasado que se actualiza en su enlace con el presente y también con un futuro deseado en el acto de rememorar, olvidar y silenciar", explica, apoyándose en autores como el alemán Reinhart Koselleck.
Los tres primeros capítulos están dedicados a la historia del área de investigación. Jelin comenta brevemente los trabajos de revisión en Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y luego narra la constitución tanto del objeto como del campo de estudio en el Cono Sur; es decir, lo que ocurrió y cómo se lo fue "descubriendo" y analizando desde las ciencias sociales.
Esa simultaneidad no es trivial. Constituye una característica central de la problemática, marcada por la urgencia por actuar y entender a la vez, explicitando motivos y construyendo sentido en un ida y vuelta entre actores sociales e investigadores.
La periodización por décadas, de los años sesenta hasta comienzos del siglo XXI, ofrece un rápido panorama de los cambios que atravesaron nuestras sociedades. El relato merece ser puesto en diálogo con textos como La cascada de justicia. Cómo los juicios de lesa humanidad están cambiando el mundo de la política, de la norteamericana Kathryn Sikkink, para tomar conciencia del impacto que las luchas por los derechos humanos en nuestra región tuvieron a nivel global.
Siguen capítulos que ahondan cuestiones específicas, como la determinación de los espacios de la memoria (con la ex ESMA como emblema), que Jelin define en términos de "marcas territoriales" que establecen un "nexo entre el pasado y el presente".
El lugar de la mujer en relación con los derechos humanos representa un ejemplo de cómo la elaboración de la memoria va resignificando aspectos que habían quedado relegados. La violación como "práctica política" se constituyó como tópico jurídico sólo recientemente. La cuestión va desde la guerra de los Balcanes hasta, más atrás en el tiempo, las comfort women del imperio japonés: las cientos de miles de mujeres coreanas, chinas y filipinas esclavizadas para solaz de las tropas antes y durante la Segunda Guerra. Que estos abusos sean tema vivo todavía (en 2014 el papa Francisco se reunió con un grupo de sobrevivientes coreanas) muestra las dificultades para la búsqueda de justicia.
Otro capítulo sustantivo está dedicado al lugar de los familiares en los procesos de reclamo, quienes se transforman de víctimas a "sujetos de derecho". También se pregunta por qué la ciudadanía no termina de relevarlos de esa tarea. El caso de la desaparición de Santiago Maldonado, en que los hermanos tuvieron un papel decisivo, reactualiza el interrogante.
"La idea de que a medida que pasa el tiempo el pasado está más lejos y menos presente -anota Jelin- no siempre se aplica, ya que el pasado puede ser renuente a pasar, y puede volver y actualizarse". En síntesis: una obra ineludible para comprender, desde la Argentina, una problemática que bordea lo indecible y tiene trascendencia mundial.

LA LUCHA POR EL PASADO
Por Elizabeth Jelin
Siglo XXI. 302 págs., $ 369
A. M. V.

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El hombre que perseguía su sombra
Una heroína a la que nada puede oxidar



En esta quinta entrega de la serie Millennium -la que creó el sueco Stieg Larsson y que, años después de su muerte en 2004, continúa oficialmente su connacional David Lagercrantz-, el azote del huracán Lisbeth Salander no se hace esperar, a diferencia de lo que ocurría en Lo que no te mata te hace más fuerte, la entrega anterior. La irrupción desde la primera página de la (anti)heroína viene acompañada de la inmediata puesta en marcha de las tramas que se van a concatenar a lo largo de toda la novela.
Mientras Lisbeth cumple una condena de dos meses en la cárcel de Flodberga, recibe la visita de Holger Palmgren, el anciano que ha sido su tutor y guía a lo largo de su traumática infancia. Palmgren le cuenta sobre una nueva información que ha recibido sobre el pasado de Lisbeth: se trata de un macabro experimento, llamado Proyecto 9, puesto en marcha por el gobierno de Suecia en la década del 80. Consistía en separar gemelos al nacer y asignarles condiciones de vida diametralmente opuestas para verificar cómo resolvían su existencia. Lisbeth sospecha que ella y su hermana gemela, Camilla, han formado parte de él. Obviamente, recurre al otro protagonista de la serie, el periodista Mikael Blomkvist, para que inicie una investigación que bien puede ser otro glorioso scoop para su revista Millennium.
Una vez que ha dejado en manos de Blomkvist esta tarea, Lisbeth pretende pasar sus días en la cárcel sin sobresaltos. Pero pronto el maltrato al que es sometida Faria, una joven bangladesí, por parte de la líder de las prisioneras, una mujer apodada "Benito", detona en Lisbeth su inagotable espíritu justiciero. No va a parar hasta vencerla y liberar a la joven del yugo no sólo de Benito, sino también de los hermanos islamistas de Faria. Sin embargo, el costo va a ser elevado: cuando Lisbeth sale de prisión debe enfrentarse a una Benito dispuesta a saciar su sed de venganza.
Estos dos hilos argumentales van a tejerse alternadamente, con un cambio de perspectiva constante que es la esencia del dinamismo de esta novela que es acción, acción y más acción. Un narrador de extraordinaria omnisciencia va a cambiar de foco a una velocidad casi supersónica. Pasa de un conflicto al otro en forma constante y va agregando información e interrumpiéndola en un momento de suspenso para pasar al otro hilo y también cortarlo cuando está por sobrevenir una revelación o una resolución. Así, el dinamismo del relato es apabullante. Las dos tramas van complementándose y urdiéndose al compás de los movimientos de los dos grandes propulsores: la Lisbeth justiciera, a cargo de la venganza carcelaria; el Mikael periodista, a cargo de la investigación tenebrosa sobre el experimento con gemelos. Uno y otro van a ir aportando lo esencial para que la tensión y la atención no decaigan en ningún momento.
El resultado es una historia bien urdida y sumamente entretenida. No hay traiciones al lector ni desmesuras en lo que se cuenta ni en cómo se lo cuenta. Brinda aquello que se espera y, en realidad, un poco más. Al tratarse del quinto libro de una saga, la fatiga es un riesgo que acecha en forma constante. Si bien por momentos empieza a haber rastros de desgaste y repetición, rápidamente con un giro en la trama o con apenas una vuelta de tuerca sorpresiva la novela se sobrepone a cualquier declive.
La protagonista está más fortalecida y mejor delineada en esta entrega que en la primera de Lagercrantz (Solna, 1962). Porque es importante no perder de vista que éste es en realidad su segundo libro después de heredar la trilogía que dejó Larsson antes de su repentina muerte. La herencia fue y sigue siendo una enorme responsabilidad para el actual autor, que asume el férreo compromiso de mantener con vida personajes que Larsson delineó con contundencia. El hombre que perseguía su sombra muestra a un Lagercrantz más seguro. Eso se trasluce en una novela superadora de la anterior y en una Lisbeth Salander quijotesca, a la que ya en 2009 Mario Vargas Llosa le auguraba una larga vida y le daba la bienvenida a la inmortalidad de la ficción.

EL HOMBRE QUE PERSEGUÍA SU SOMBRA
Por David Lagercrantz
Destino. Trad.: Martín Lexel y J.J. Ortega Román, 596 páginas, $ 549
M. J. R. M.

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